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Opinión

  • | 2006/07/15 00:00

    Triangulación - Gaviria o Uribe

    Bill Clinton remontó la derrota recurriendo a la triangulación. Está por verse si el Liberalismo recurre a ella, o si se le adelanta Álvaro Uribe, se pregunta Álvaro Forero Tascón.

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En 1994, Bill Clinton se encontraba en una situación política similar a la de César Gaviria actualmente. Su partido acababa de sufrir una estruendosa derrota electoral a manos del partido opositor. Lo más grave de la situación era que no se trataba de un simple traspié electoral, sino del desplazamiento de la opinión pública hacia la derecha del espectro político.

Clinton estaba ante la encrucijada de aceptar la nueva realidad política, o de apegarse a los postulados de los sectores más extremistas de su partido, los mismos que lo habían conducido a la derrota. Plegarse a las nuevas tendencias del electorado equivalía a traicionar las posturas ideológicas de su partido. Pero desconocer el pronunciamiento popular implicaba alejarse definitivamente de la realidad política, y someter a su partido a una amarga irrelevancia en materia de políticas públicas trascendentales.

Clinton no tomó ninguno de los caminos disponibles en el momento. Intentó uno nuevo, y con ello, dos años después, los demócratas retuvieron la Casa Blanca. Los congresistas demócratas que no siguieron a Clinton, no tuvieron la misma suerte.

En buena parte, la recuperación de Clinton fue fruto de la aplicación rigurosa de una estrategia política inspirada en la tercera vía inglesa, bautizada como triangulación por su asesor político. Consiste en la formulación de una tercera posición, que por métodos diferentes a los que tradicionalmente proponen el propio partido y la oposición, obtenga los objetivos que persigue el electorado.

Clinton aplicó este esquema magistralmente en materia de impuestos. Los electores habían votado a favor de los drásticos recortes impositivos propuestos por los republicanos, a lo que se han opuesto históricamente los demócratas. Clinton se desmarcó de la posición minoritaria y recuperó la iniciativa proponiendo reducciones para aquellos que estuvieran pagando la educación universitaria de sus hijos, ahorrando para vivienda o generando nuevos puestos de trabajo, etc. Se trató de una gran movida política porque ilustraba claramente la diferencia entre quienes proponían recortes para todos, lo que al final representaba más dinero para los ricos y menos presupuesto para invertir en los necesitados, y Clinton, que planteaba políticas públicas basadas en valores.

Triangulando con base en valores, que son la nueva gran munición política moderna, y no en lucha de clases, que hoy no produce réditos políticos aunque continúa siendo el criterio bajo el cual se dividen los partidos políticos, Clinton acomodó los recortes de impuestos a las prioridades sociales de su gobierno. Utilizó métodos republicanos para alcanzar objetivos demócratas, y obligó a su partido a dar un paso adelante para sintonizarse con la opinión pública, sin renunciar a sus principios.

Colombia se encuentra en un momento especialmente fértil para la triangulación, pues el Gobierno se propone presentar un paquete tributario para reducir los impuestos de las empresas, léase de los ricos, mientras se incrementa la base del IVA, léase a los pobres y especialmente a la clase media, así como firmar un TLC que claramente favorece a unos sectores mientras golpea duramente a otros, y recortar las transferencias a las regiones. Buscar formas para obtener los beneficios del crecimiento económico, que es lo que busca el uribismo, sin afectar drásticamente a sectores débiles de la sociedad, que es lo que busca el Partido Liberal, puede ser el medio para que el Liberalismo se reconcilie con el electorado, manteniéndose fiel a sus principios. Este camino se podría seguir, por ejemplo, en relación con el impuesto de renta de la clase media, que por pesar poco sobre el recaudo total, es susceptible de exenciones y recortes, a diferencia del tributo de las grandes empresas.

Para triangular con éxito, César Gaviria carece de instrumentos como la capacidad de influir sobre la agenda pública que tiene un Presidente. Pero cuenta con una habilidad probada para entender y conducir las realidades políticas, y podría llegar a contar con suerte, si la coalición uribista invierte su capital político en iniciativas para favorecer los sectores privilegiados que la apoyan, en vez de adelantar una agenda ambiciosa dirigida a enfrentar los verdaderos retos de la sociedad colombiana.

Pero la política está llena de paradojas y Álvaro Uribe puede ser quien termine usando la triangulación, para disputarle el centro político al Liberalismo y hacerse menos vulnerable a la oposición de izquierda. De hecho, en ocasiones Uribe ha recurrido a triangular, como cuando invoca la teoría del Estado comunitario o el corazón grande. Sin embargo, hasta ahora sus posturas ideológicas siempre han terminado predominando, y para triangular con éxito tendría que girar al centro en muchas de sus políticas, cosa que no parece necesitar por el momento el Presidente.

Si los partidos uribistas y el Polo Democrático lograran consolidar sus avances sobre el centro del espectro político, el Liberalismo estaría en un verdadero riesgo de marchitamiento. Preservar su capacidad para interpretar y representar el centro, tan desgastada por los derroches de izquierda de los últimos años, es el verdadero reto del Partido Liberal hacia el futuro. Pero eso sólo lo logrará si construye pronto propuestas concretas que verdaderamente lleguen a sectores de centro, como la clase media. El regreso del Liberalismo al poder depende de delimitar claramente el centro político, porque los extremos se están ampliando. Y depende también la reunificación del partido, porque lo que interesa a Germán Vargas Lleras es una verdadera ascendencia liberal sobre el centro político.
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