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Opinión

  • | 2003/06/01 00:00

    Un camino minado

    El proceso se podría desbaratar con unos ataques 'kamikaze' palestinos o con dos misiles milimétricos israelíes

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Es cierto que Israel y Palestina quedan en Tierra Santa, pero no por eso se pueden esperar milagros en sus nuevas negociaciones de paz. Esta semana Bush hará un viaje papal por tres continentes, verá chinos, rusos, franceses, egipcios, etc., y finalmente se encontrará en Jordania con Sharon y con el nuevo primer ministro palestino, Abu Mazen (nombre de combate más sonoro que su nombre real: Mahmud Abbas).

Pero ¿cuál sería el milagro que deberíamos esperarnos en Tierra Santa? Que en un lote de tierra del tamaño del departamento de Bolívar quepan dos Estados soberanos, uno que ya existe, Israel, con territorios propios y territorios ocupados, y otro que quisiera existir, pero que está todavía en la imaginación de un pueblo, el palestino, así como hace 100 años Israel sólo existía en la cabeza de Teodoro Herzl, el fundador del sionismo. Con un problema adicional: los dos pueblos que pretenden construir dos Estados en un mismo territorio se odian más que las Farc y los paramilitares, y cargan a sus espaldas distintos rencores, distintas lenguas, religiones y visiones del mundo. Y ambos sienten, no sin razón, que han sido humillados y ofendidos por la historia.

Los últimos pasos del enredo en Medio Oriente han sido estos: un poco antes de empezar la invasión a Irak, y quizá para hacérsela perdonar por los países árabes, Bush prometió que propondría un plan de paz serio para resolver el viejo conflicto entre Israel y los palestinos. Tal vez con el peso de la mala conciencia sobre los hombros (sus guerras no acaban el terrorismo, sino que alborotan el avispero del terrorismo), Bush les propuso a las partes en conflicto un roadmap, es decir un plan de ruta, un posible camino, que fue aceptado casi de inmediato por el primer ministro de la autoridad palestina, Abu Mazen (ahora está de moda dejar de lado a Arafat, que es para los israelíes lo que para nosotros 'Tirofijo'). Después de algunos titubeos el gobierno de Sharon también lo aceptó, aunque con muchas reservas y una opinión pública dividida.

Esta hoja de ruta es un camino minado. Por eso será un milagro si el proceso se salva y lo más probable es que en cualquier momento estalle por el aire en otra explosión de sangre. El plan de Washington tiene cierto parecido con nuestro famoso 'Proceso de paz' diseñado por Pastrana II. Israel no ha aceptado ni puede aceptar por ahora un 'cese al fuego' total, pues se reserva el derecho a intervenir donde crea que se están preparando actividades terroristas por parte de sus contrincantes. Y tampoco la Autoridad Palestina ha prometido que no seguirán los ataques suicidas de sus grupos combatientes más extremistas, pues según ellos no tienen ni las armas ni la posibilidad de movimiento para poderlos combatir. Empezarán a negociar, pues, en medio de la guerra.

Con el agravante de que en la hoja de ruta, para poder avanzar, se les pide a los palestinos que suspendan sus ataques contra la población civil inocente, y a los israelíes que no cometan más atentados contra líderes de la Intifada, y que desmonten a la fuerza los asentamientos ilegales más recientes. Esto quiere decir que lo más probable es que el proceso se desbarate con unos cuantos ataques kamikaze o con dos o tres misiles milimétricos contra la casa o el carro de un palestino de los que planean los ataques. Tampoco se descartan magnicidios contra cualquiera de las 'palomas' que quieren negociar en vez de disparar.

Esta semana, en una entrevista colectiva que concedió a un grupo de periodistas, uno de los ministros de Sharon, el rabino Benjamín Alon (el extremista más a la derecha de todo un gobierno ya de por sí de derecha) nos dijo lo siguiente: que la hoja de ruta les creaba falsas ilusiones a los palestinos ya que en ese territorio que va desde el Mediterráneo hasta el río Jordán no había espacio para dos países. Que este era el hogar nacional judío y que los palestinos debían irse a construir su país en otra parte, y mejor en Jordania. Que si creaban en Tierra Santa un Estado palestino ficticio (sin armas, sin ejército, sin posibilidad de regreso de los refugiados), éste sería como esos países de papel que se inventaba Suráfrica para encerrar a los negros en una falsa independencia que en realidad no era otra cosa que esclavitud y miseria.

El rabino Alon fue brutal con sus comparaciones. Pero al menos muy franco. También los palestinos ultrancistas (Hamas, Al Aksa, Jihad Islámica), piensan que entre el Mediterráneo y el Jordán debe existir un solo Estado, Palestina, y que Israel debe ser destruido para siempre. Esta es la visión de los halcones de lado y lado. Claro, más hacia el centro, la mayoría de los israelíes admiten que se pueda crear un Estado palestino, y la OLP se resigna a que Israel exista en sus fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días. Pero esas fronteras, que le dejarían un territorio del tamaño del departamento del Atlántico, se vuelve inadmisible para los israelíes, por motivos económicos y de seguridad.

En estas condiciones, con estas minas quiebrapatas en el camino, lo único que podría llevar a buen fin la tal 'hoja de ruta' sería un milagro. Y los milagros en Tierra Santa dejaron de ocurrir hace más de 2.000 años.
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