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MARIA ANDREA NIETO Columna Semana
MARIA ANDREA NIETO - Foto: KAREN SALAMANCA

¿Un gobierno de bandidos?

En lugar de promover una cultura de legalidad, Petro se muestra piadoso con el que delinque, y mientras promete impartir “perdón”, los pecadores escuchan su llamado.


Por: María Andrea Nieto

Colombia se encuentra en un riesgo real de perder el modelo democrático hasta ahora conocido. A esta altura de la campaña, son claras las propuestas que tiene Gustavo Petro para el mundo del hampa con perdón social, impunidad, burocracia y gabelas. Con estas promesas, el líder de la extrema izquierda puntea en las encuestas y ninguna de las cuestionables alianzas que han realizado él y su campaña lo han afectado.

Pero ¿y cuáles son las propuestas del candidato para los ciudadanos que sí cumplen y respetan la Constitución y la ley? Hasta ahora no son claras.

Petro parece haciendo un “álbum” de bandidos y cada semana que pasa en esta polarizada campaña, adquiere una “monita” más. Logró agrupar a los peores corruptos en el pacto de La Picota, promovido, al parecer, por su hermano y Piedad Córdoba. También lo apoyan los “ex” asesinos, terroristas y secuestradores de las Farc, el Clan del Golfo, Mancuso, el ELN, que desde la clandestinidad confía en la promesa de un proceso de paz al mejor estilo habanero, se comprometió con crear una jurisdicción especial de justicia para los narcotraficantes, y en sus filas tiene a cuestionados políticos de la vida nacional.

Como si esto fuera poco, en plaza pública les dio la bienvenida a los “paracos” para brindarles una segunda oportunidad. En la más reciente encuesta de YanHaas para Noticias RCN, el 78 por ciento de los encuestados dijo no estar de acuerdo con el “perdón social”, entonces ¿por qué Petro sigue punteando en las encuestas?

Quizás Petro logró sintonizarse con la (in) cultura del atajo, de la plata fácil, del que delinquir no tiene consecuencias, porque la verdad es que vivimos en un estado muy débil. A miles de corruptos y sus familias se les debe hacer agua la boca con la impunidad que van a recibir en un gobierno de Petro. Los narcotraficantes deben sentir una gran ilusión de pensar que sus negocios serán legalizados y que dejarán de ser perseguidos por las autoridades. Y las guerrillas deben soñar con ocupar altos cargos en ministerios y direcciones de entidades nacionales.

En Colombia hay gente buena y me niego a pensar que los malos sean más. Pero los bandidos, los de cuello blanco, los políticos ladrones, los que evaden impuestos, los que no pagan la seguridad social de sus empleados, los empresarios que se roban la plata de los contratos del Estado, los que reparten y reciben coimas, los que venden su voto y el de sus familias, el que se cuela en una fila, el que paga para hacer un trámite, el que contrabandea, el que se mete en contravía y se pasa los semáforos en rojo, abundan y tal vez es en ese inmenso segmento poblacional en el que tienen eco las propuestas de Petro.

Así que, en lugar de promover una cultura de legalidad, Petro se muestra piadoso con el que delinque, y mientras promete impartir “perdón”, los pecadores escuchan su llamado.

En esta lógica, ¿qué va a pasar con el resto de los colombianos que no necesitan del perdón social? ¿Petro va a pensar en ellos? O ¿el país terminará sometido a una dictadura de las necesidades de las minorías de los guerrilleros, exguerrilleros, terroristas, narcotraficantes y corruptos?

Este modelo no necesariamente consulta con el mejor interés disponible para la sociedad y lo más grave es que no sabemos cuáles son las propuestas de este “modelo” para los emprendedores, los empresarios, el sector financiero, el de infraestructura, el agrícola, la industria y mucho menos tenemos clara la propuesta en materia de seguridad.

Por ahora, es claro que a Petro no le gustan los ganaderos y sus grandes extensiones de tierra a las que piensa expropiar, tampoco le gustan los banqueros, ni los almacenes de grandes superficies, ni los medios de comunicación que lo cuestionan, ni los fondos de pensiones y sus 18 millones de ahorradores y tampoco el modelo de salud que existe en el país. En materia de seguridad, ha propuesto que el Ejército se dedique a combatir el cambio climático, porque en su gobierno logrará la paz (nunca dice cómo lo va a lograr), pero es claro que creyendo que perdonando a los bandidos, estos, por arte de magia, dejarán de delinquir. El narcotráfico será legalizado y al restablecer las relaciones con Venezuela, la necesidad de cuidar la frontera desaparecerá.

Su propuesta de “cambio”, que en el léxico progrepetrista significa acabar con lo que existe y que no les gusta, en realidad es la de destruir el modelo de la Constitución de 1991 y crear un Estado diseñado para la comodidad de los bandidos que tanto quiere perdonar. Por eso, si Petro llega a ganar, la pregunta fundamental es si va a gobernar para todos los colombianos, como lo establece la Constitución, o si terminará creando un Estado con licencia para delinquir de frente.

El modelo democrático del 91, que le costó a Colombia 100 años de sangre, está en peligro. El voto sincero, masivo e inteligente de las mayorías silenciosas es lo único que puede detener esta tragedia institucional.