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Opinión

  • | 1984/10/08 00:00

    UN JUICIO A "EL JUICIO"

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Todavía recuerdo las primeras emisiones de El Juicio, con José Fernández a la cabeza presidiendo un debate que incluía ciertos elementos teatrales. Efectivamente El Juicio de don José tenía acusador, acusado, testigos que eran llamados a declarar y barras para cada bando sin derecho a murmurar.
Este mismo Juicio tuvo después otros directores hasta que, finalmente, llegó a las manos de tres jóvenes periodistas conocidas por beligerantes e incisivas en el arte de la discusión.
El rumor que circuló entonces fue que El Juicio femenino, respaldado por los nombres de Ma. Elvira Samper, Cecilia Orozco y Mónica Rodríguez, perdería la rigidez política y se encausaría por derroteros algo más digeribles o triviales según se quiera tomar.
(Es la fama que dan las faldas).
Pero sucedió lo contrario, el programa ganó en profundidad alcanzó un rigor investigativo que podría ubicarlo entre los primeros de su género.
Hay varios ejemplos que respaldan esta afirmación, pero quizá el más reciente es el debate que se le hizo a John Agudelo R. a propósito de los tratados de paz. Después de una intensa campaña a favor del tema cuando nos había invadido una nube de palomitas blancas, cuando se lanzaban consignas, cuando habíamos seguido por la prensa el itinerario de los comisionados y las fotos de primera página adornadas con metralletas que destilaban champán, ya todos queríamos sabe qué tan solido era el engranaje que se ocultaba detrás de tanta manifestación externa.
Las reporteras de El Juicio intuyendo quizá esa necesidad nacional, invitaron al doctor John Agudelo Ríos presidente de la comisión de Paz. Lo interesante de este programa fue la continua intención del cuestionario por encerrar a su entrevistado dentro de un area real que le obligara a dar respuestas precisas sobre situaciones concretas.
Ma. Elvira Samper preguntó, por ejemplo, cómo se llevaría a la práctica el concepto de "diálogo nacional" que ella tildó de gaseoso por la amplitud de interpretaciones que da. Como Agudelo R. respondiera leyendo parte del acuerdo que (aqui entre nos, y a juzgar por lo que se oyó) también tiene mucho de gaseoso, la periodista lo concreto aún más: "¿Cuáles serán exactamente los mecanismos de realización, foros, pequeños congresitos, qué?" y dentro de esa tónica el trio de reporteras continuó su cuestionario: ¿Cómo se vestirán en adelante los guerrilleros? ¿Van o no a portar armas? ¿En qué van a trabajar? ¿De qué van a vivir? ¿Cuál es su situación jurídica real? hasta llegar a la inquietud de Mónica Rodríguez: ¿Cómo los van a despojar del odio que sienten hacia los militares?
Desafortunadamente no todas las respuestas fueron convincentes, pues si bien el doctor Agudelo Ríos tiene gran facilidad de expresión, maneja un argot demasiado poético y altruista. Decir que el país "tiene un gran deseo de olvidar y perdonar", censurar los esimistas "porque a ellos no les debe nada la historia", ubicar el "idealismo político en el fondo del corazón de la guerrilla", lo único que puede explicarnos es que en el terreno de la práctica, la paz sigue siendo una paloma. Más convincente resultó, cuando interpetado por Cecilia Orozco sobre si en el diálogo con la guerrila se habían pactado algunos puntos "por debajo de la mesa" respondió de manera contundente. El haber calificado de irrespetuosa la sola duda, le dio credibilidad a una respuesta que muchos no ven tan evidente.
Por lo poco que he resumido aquí, se puede detectar fácilmente cuál es el nivel de discusión que logran en cada entrega las periodistas de El Juicio. No hay pues, asomo de superficialidad, al contrario, el asunto por serio llega a tornarse solemne. Demasiado solemne diría yo, y es que todo coduce a eso: la música como de gran obertura, la disposición de los pupitres paralelos e idénticos que recuerda los exámenes finales del colegio; el enfrentamiento con los invitados ubicados frente a frente, los nombres en tableta como de embajadores en plena sesión de la ONU, la austeridad general de la escenografía e incluso la seriedad de las entrevistadoras que en programas enteros no se permiten ni un chiste ni una sonrisa.
Hay tanta rigidez en el formato que, por ejemplo, el día de la entrevista con John Agudelo el doctor Benjamín Ardila Duarte estuvo como invitado de piedra durante la mitad del programa mientras le llegó el turno de responder.
Ese punto y la impresión que dejan las periodistas en el sentido de que cada una se ha preparado "por su lado", son los dos únicos puntos que dejarlan dudas en la nueva versión de El Juicio. -
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