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Opinión

  • | 1994/04/04 00:00

    UN PAIS DEMASIADO LEJOS

    El viaje de Gaviria al Japón demuestra lo obvio: para conocer el mundo hay que viajar.

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UNA DE LAS RAZONES POR LAS CUAles el presidente Gaviria resolvió que su viaje al Japón fuera relámpago fue que los colombianos no aceptan que el jefe del Estado esté demasiado tiempo por fuera. En parte porque muchos creen que gobernar a Colombia es una tarea tan delicada que el Presidente debe estar siempre al frente de la nave, y en parte porque no faltan quienes piensan (y hasta lo dicen) que esos viajes son un lujo innecesario, asimilable al turismo, y constituyen una gastadera de plata sin sentido. Sin embargo, y a pesar de lo fugaz, el reciente viaje de Gaviria al Japón puede convertirse en un modelo a escala de lo que debería ser la diplomacia futura del país.

Una de las frases más repetidas en los últimos años en materia de horizontes internacionales es la de que el futuro de Colombia está en la cuenca del Pacífico; pero, para ser francos, hay que empezar diciendo que en el Pacífico nadie conoce a Colombia. Para los países de Oriente, Colombia es una más de las remotísimas naciones de América Latina, sobre la cual llegan noticias esporádicas sobre narcotráfico y violencia. "Allá no hay ni siquiera japoneses", me decía la semana pasada un funcionario que intentaba explicar que las condiciones del Japón para invertir en el extranjero son la estabilidad, la cercanía, la seguridad y, la más importante, que haya japoneses viviendo en el lugar. Colombia cumple apenas con el primero de esos requisitos. Durante la rueda de prensa que les concedió el Presidente a los periodistas locales, uno de ellos preguntaba: "¿Y por qué debe invertir el Japón en Colombia, habiendo en Asia países con mano de obra más barata y que quedan mucho más cerca?". Verdad: ¿Por qué?

Para no hablar de lo obvio -que es decir que lo que tiene que hacer el país es ofrecer una infraestructura de transporte y de puertos que no haga tan difícil la decisión extranjera de ir a Colombia a producir-, en lo que sí tiene que haber un cambio de mentalidad es en la postura parroquial de que los presidentes no deben viajar. El Presidente no sólo sí debe viajar, sino que esa tiene que ser una de las funciones en las que la gente le debería exigir más actividad al primer mandatario. El ejemplo de la visita al Japón lo demuestra claramente. El Presidente atravesó medio mundo con sus ministros de Hacienda y Comercio Exterior, con el jefe de Planeación y algunos técnicos, y con una delegación importante de representantes del sector privado, interesados en buscar nuevas posibilidades de negocios.

Para cualquiera de esos empresarios o dirigentes gremiales, llegar en la comitiva presidencial es entrar por la puerta de enfrente a los mercados nuevos, sin la compleja y desgastadora labor de abrir trocha a machete limpio. Lo que ocurre es que el encierro ancestral de los colombianos tiene, lógicamente, bajo de forma en materia internacional al sector privado. En México o en Argentina, por ejemplo, son los empresarios quienes presionan al Presidente para que viaje al exterior a abrirles camino, mientras en Colombia, hasta el momento, es el gobierno el que los lleva de cabestro.

Eso puede cambiar, y es bueno que el cambio se haga en el sentido correcto. La receptividad de los japoneses del gobierno y del sector privado a las muestras de agresividad de los colombianos produjo efectos palpables y es prueba de que la política internacional se debe hacer a varias manos. El viaje de Gaviria al Japón demuestra lo obvio: para conocer el mundo y para que el mundo lo conozca a uno hay que viajar.

La competencia en esa materia es durísima. Colombia está dichosa estrenando apertura, pero buena parte de los que van a ser nuestros competidores en el mundo pasaron por ahí hace rato y ya ladran echados en materia de relaciones comerciales con el mundo.

Si se habla de que el terreno en el que Colombia se debe desenvolver en el futuro es el Pacífico , la situación es mucho más exigente. El país ha mirado mucho más hacia Norteamérica y el Caribe, y para los colombianos Asia está aún demasiado lejos. Pero si se tiene en cuenta que es aquí en esta cuenca donde está el epicentro de la actividad económica del mundo de hoy, la que está demasiado lejos es Colombia, y hay que acercarla.

Para eso no sólo hay que aceptar sino también hay que exigirle al Presidente de turno que viaje como una de sus obligaciones esenciales. Pero un país no puede estar hablando en serio de apertura hacia el exterior cuando ni siquiera el Presidente de la República tiene un avión en el que se pueda viajar decentemente. Ese que tiene da pena hasta con los músicos.-
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