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Opinión

  • | 2018/08/08 16:47

    Una cosa es el gobierno y otra el Centro Democrático

    La contradicción entre los discursos del presidente del Senado y del presidente de la república durante la ceremonia del 7 de agosto plantean serios interrogantes sobre el futuro del gobierno nacional y sobre la relación entre el jefe del ejecutivo y su partido.

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La opinión de muchos analistas es que se trata de una estrategia coordinada entre el presidente y la bancada del Centro Democrático al estilo del policía bueno y el policía malo. El problema de este análisis es que no resulta claro qué puede ganar el gobierno con una estrategia que de facto sabotea su principal mensaje en el discurso de inauguración que fue la invitación a superar la polarización y convertirse en un presidente de unidad.

La realidad es que lo sucedido el martes es el inicio de una brecha que veremos crecer en los próximos meses y que la vicepresidente de la república definió claramente en reciente entrevista: una cosa es el gobierno y otra es el Centro Democrático. La declaración fue ratificada eufóricamente por la senadora Paloma Valencia en la reunión privada de ese partido.

Muchos asumen que el gobierno de Duque solo será una extensión del uribismo, pero los hechos apuntan en otra dirección. No solo conformó un gabinete con gran margen de maniobra para construir las políticas en la mayor parte de las áreas de la administración sino que sus palabras y acciones cada vez se distancian más de la lectura radical que tiene el partido del expresidente Uribe.

El discurso del presidente del Senado era una diatriba para complacer a las bases uribistas, para sacarse la espina contra Santos y sobre todo, para reiterar el mensaje de que todo anda mal, que les ha resultado tan exitoso. El uribismo no es un partido doctrinario, no tiene pasado, no tiene referente ideológico, sólo tiene la figura de Uribe y en torno a ella construye su narrativa del mundo y su mitología política. Esta mitología se construye de forma efectista del siguiente modo: uno, antes de Uribe Colombia era un caos; dos, durante Uribe Colombia vivió su etapa gloriosa; tres, después de Uribe el país perdió el rumbo y cuatro, mientras Uribe esté al frente del país, Colombia seguirá adelante.

Sustentar esa profesión de fe requiere que se desconozca y se destruya cualquier logro o avance por fuera del manto protector del padre fundador. Para ello es esencial destruir los éxitos de Santos así como omitir los avances que para el país ha significado el acuerdo de paz y proyectar una imagen catastrófica. Como corolario es fundamental que los avances venideros no sean el fruto de “construir sobre lo construido” sino de la recuperación del rumbo.

Esta narrativa, en cambio, no le sirve al gobierno que necesita mantener su margen de maniobra alto para avanzar en sus iniciativas. Por una parte, no puede alienar a la opinión pública mostrándose como un gobierno pugnaz y revanchista pues eso terminaría de inmediato la luna de miel que todo nuevo presidente tiene con la opinión pública. Adicionalmente, una agenda radical le quita posibilidades de avanzar en su agenda legislativa. Recordemos que el Centro Democrático representa solo el 20 por ciento de los votos en el Congreso y por lo tanto cualquier proyecto debe tramitarse sin agredir a quienes fueron los socios de la anterior coalición parlamentaria y ahora son los nuevos socios.

El discurso del senador Macias tendrá mucho apoyo en el 20 por ciento de la base uribista, pero aleja la cooperación de partidos como el liberal, La U y Cambio Radical, sin los cuales no es posible conseguir mayorías. La alianza del uribismo y el conservatismo podrá ser muy efectiva para agrupar la derecha en Colombia, pero totalmente futil para un gobierno que tiene 4 años por delante.

El presidente Duque consiguió llevar la base de 2.513.320 votos obtenidos por el CD en las elecciones de marzo para el Congreso, hasta una victoria en segunda vuelta con 10.373.080  votos. Este triunfo lo consiguió porque supo tomar distancia del discurso incendiario y retrógado del furibismo. Cerca de 8 millones de votantes que no pertenecen al CD acompañaron a Duque para obtener su presidencia. Dificilmente esos votantes, y mucho menos quienes no lo hicieron, van a aceptar que el gobierno se ponga al servicio de un sector que es minoritario en Colombia.

El presidente Duque no tiene que gobernar sin el Centro Democrático, pero otra cosa es gobernar para el Centro Democrático. Si los miembros de ese partido insisten en pisotear a los demás, difícilmente el gobierno de Duque será viable. Y puesto a escoger, no sería raro que termine pensando en su propio lugar en la historia que en la sumisión a sus excompañeros de bancada. Cada cual escoge con quién casarse, pero nadie está obligado a enterrarse con su pareja.

*Exviceministro del Interior

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