opinión

JORGE HUMBERTO BOTERO
JORGE HUMBERTO BOTERO. PRESIDENTE DE FASECOLDA BOGOTA, OCTUBRE DE 2017 FOTO GUILLERMO TORRES - REVISTA DINERO - Foto: GUILLERMO TORRES

Una jugada brillante

La adhesión del liberalismo a Fico tiene repercusiones profundas.


Por: Jorge Humberto Botero

Con claro sentido de la oportunidad, César Gaviria se ha adherido a la candidatura de Fico Gutiérrez, quien no tuvo alternativa distinta a la de aceptar lo que debió presentársele como un ultimátum: o lo tomás o lo dejás, parce. Los beneficios eran demasiado elevados como para rehusar esa alianza, que no define el resultado de la contienda electoral, pero sí ayuda a cerrar la brecha frente a Petro.

La declinación del Partido Liberal, que dejó de ser una organización con militantes para convertirse en una federación de caudillos regionales, explica que no existan entre ellos muchos que puedan escribir un programa de gobierno. Gaviria puede carecer de los votos, pero cuenta con la experiencia de haber gobernado, un talento superior y la capacidad de producir un documento sólido. Por eso, sigue siendo el líder del liberalismo a pesar de que en 2018 a su candidato le fue pésimo; en estos comicios ni siquiera hubo respaldo para alguno de los suyos.

Algunos parlamentarios que no fueron reelegidos y que ya no cuentan hicieron algo de repulsa. A otros, que serán congresistas a partir del 20 julio, les durará la rebeldía hasta los primeros días de la nueva legislatura. A partir de entonces, operarán dos mecanismos disciplinarios.

El primero es el Estatuto de la Oposición. Las formaciones partidistas tienen que definir en cierto plazo si actuarán como bancadas de gobierno, independientes o de oposición. Lo previsible es que el liberalismo asumirá la primera condición y que tendrá una participación importante en la coalición de gobierno, lo cual le permitirá impulsar el programa que Fico le ha comprado. Al igual que Duque, este tendrá, si triunfa, un poderoso mentor, o, como decimos en Antioquia, un sirirí: un pajarito que revolotea alrededor sin descanso.

El otro látigo contra eventuales rebeldes es la Ley de Bancadas. Allí se dispone que los parlamentarios de cada colectividad pueden definir, bajo las reglas que sus estatutos establezcan, los proyectos respecto de los cuales votarán de la misma manera. Los que se salgan de la fila pueden ser sancionados, salvo que invoquen una objeción de conciencia, lo que rara vez puede suceder.

Por estos motivos, el compromiso liberal tiene el efecto de definir las mayorías parlamentarias, que irán con Gutiérrez si el veredicto popular le es favorable. A la inversa: un Petro presidente tendría que negociar en el Congreso casi todas las transformaciones revolucionarias que ha venido planteando.

Los adversarios de Fico le han acusado de ser el de Uribe con la obvia intención de menguarle respaldo, aprovechando la declinante popularidad del expresidente. No lo es, en realidad. Se ha abierto camino a solas, tanto que derrotó, en su aspiración a la Alcaldía de Medellín, a los aspirantes ungidos por Uribe y por Fajardo. Sin embargo, es también cierto que, hasta ahora, su aspiración recogía los sectores de la derecha. Con el liberalismo a bordo, podrá decir que su plataforma también recoge al centro.

El aporte de Gaviria y sus parlamentarios versa sobre casi todos los temas que nutren la campaña: salud, pensiones, orden público, tributación, justicia, narcotráfico, etc. Desacierta en algunas cosas. Su duro veredicto sobre la administración saliente pasa por alto que el recrudecimiento de la pobreza, la informalidad, la contracción de la economía y el déficit fiscal, son calamidades que ningún otro gobierno había tenido que afrontar: masiva inmigración, pandemia, bloqueos, inflación y la guerra en Ucrania. Decir que los subsidios pandémicos han ido a parar a las grandes empresas y no a las pequeñas no es correcto, además de que unas y otras los recibieron para proteger el empleo. Es la gente del común la que se ha beneficiado, el 75 % de ella, según las encuestas de opinión.

No es justo ignorar que se avanza con buen ritmo en la recuperación del empleo, que la economía tuvo un buen crecimiento el año pasado y que los pronósticos para 2022 son muy esperanzadores. Por supuesto, si los paros no vuelven a paralizar el país.

En la plataforma de Gaviria se hace referencia a la conveniencia de “incrementar la oferta de alimentos”, lo cual podría ser mal entendido como soberanía alimentaria: producir lo que comemos. Otro es el concepto adecuado: seguridad alimentaria, o sea, la capacidad de un país para que su población acceda a nutrientes de buena calidad, producidos acá o importados. Si así no fuera, caeríamos en el disparate de forzar el cultivo de maíz amarillo, trigo o cebada, en vez de avanzar en el de cacao, aguacate y frutales.

Es muy discutible sostener que la gente protesta contra la desigualdad, que no se puede percibir, en vez de hacerlo contra la pobreza, que se siente en el estómago, la piel y el alma. Este es un debate que debemos dar; tiene repercusiones profundas en el diseño de la política social.

Afirmar que no se pueden financiar los programas de salud y pensiones “con recursos provenientes del Banco de la República, lo que demandaría unanimidad en la junta del banco” y crearía “enormes problemas adicionales”, es insuficiente. Una sustentación mejor de la ortodoxia era posible y conveniente. Que las operaciones de financiamiento al gobierno requieran decisiones unánimes de los directores del Emisor, obedece a razones poderosas que habría que exponer.

En el texto gavirista se habla de “la nostalgia de algún caudillo montado en su caballito”. Aparte de que Uribe no monta en jamelgos, sino en finos corceles, esta es una expresión insultante totalmente innecesaria. Peor todavía: la violencia verbal puede ser preludio de violencia física. Nos ha sucedido…

Briznas poéticas. De Francisco José Cruz: “Qué más quisiera yo: ladrar contigo / a la rata que cruza o a un ruido raro, / ponerme a cuatro patas junto a ti / y jugar por el césped / recién cortado. / Pero tú ni te inmutas si te imito. / Solo buscas en mí que te pase la mano / por la cabeza, el lomo…/ Cómo salvar el insondable abismo / que nos separa incluso cada vez que te abrazo / sin tú dejar de ser un perro al fin / ni yo el hombre ilusorio / que también es tu amo”.