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Opinión

  • | 2018/01/15 13:52

    Unas preguntas para la derecha

    Aun cuando llevamos meses hablando de candidatos y propuestas, el inicio de este año marcó oficialmente el punto de partida en la carrera por la Presidencia de la República. Por estos días de campaña es normal ver a los aspirantes hablando de todos los temas, buscando figurar como sea en los medios, tratando de ganar adeptos, y explicando sus propuestas.

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Sin embargo, cuando uno se pone a ver las intervenciones de una buena parte de los candidatos, se da cuenta de que existe una desconexión total entre sus programas de gobierno y la realidad del país. Además, sus apreciaciones casi siempre carecen de profundidad. Es por eso que al debate político le ha faltado altura y que los electores nos hemos visto expuestos a un mar de lugares comunes que no solucionan ni aclaran nada. A todos se les oye decir que quieren una Colombia más justa, con más oportunidades, con un mejor servicio de salud, en paz, con inversiones en ciencia, tecnología y en educación; con una industria sólida y un campo más próspero, con mejores índices de pobreza, con más inversión extranjera, con una economía fuerte, y sin corrupción.

Hasta ahora, si bien se ve una diferencia en las formas, puede decirse que las propuestas, o las metas por lo menos, en esencia, son las mismas. Pensaría uno entonces que da lo mismo votar por cualquiera de ellos, si se sigue estrictamente lo que dice el papel, Pero eso, por supuesto, no es así.

Hoy por hoy hay cuatro fuerzas con opciones reales de llegar: Petro y los que se le peguen, Uribe y sus pupilos, Vargas Lleras y la maquinaria, y Fajardo con los que se le sumen. Estas fuerzas pueden, a su vez, reagruparse en dos grandes sectores: la izquierda y la derecha o, en términos prácticos, los del Sí y los del No.

Esa polarización casi irreconciliable en la que hemos vivido entre los unos y los otros, ha generado una realidad muy peligrosa. Me explico. Es normal que en política existan sectores con opiniones e ideas radicalmente diferentes, de eso se trata una democracia y así hemos vivido siempre. Lo que no es normal es lo que estamos viendo hoy: dos sectores que no solamente opinan y piensan diferente, sino que parecen ser dueños, cada uno a su manera, de sus propios datos, sus propios hechos y sus propias cifras.

Así las cosas, para los del No el país está quebrado; y para los del Sí, las cifras dicen lo contrario; para los unos estamos en paz, y para los otros en guerra; para unos la ley impide modificar los acuerdos, y para otros la ley permite hacerlos trizas. Para los unos 50 es menos de la mitad de 99, y para los otros es más; para los unos hay una democracia, y para los otros una dictadura castrochavista; para los unos hay equis hectáreas sembradas en coca, y para los otros hay el triple; para los unos la inversión ha aumentado, y para los otros ha caído; y así sucesivamente pasa con prácticamente todos los temas importantes para el país. Dirá entonces el elector, ¿a quién le creo? ¿Al presidente, al expresidente, al otro expresidente, o al otro, al exvicepresidente, al exalcalde, al otro exalcalde? ¿A quién? La respuesta es sencilla: a ninguno. Todos de una u otra manera son parte interesada en el asunto y eso les impide ser objetivos.

Los candidatos siempre buscarán respuestas disuasivas que no los comprometan ni los hagan perder un solo voto; esa es su naturaleza. Por eso, está en los medios y en la gente, el poder y el deber de llevarlos contra las cuerdas hasta que respondan clarito y en español lo que se les está preguntando.

Con ese precepto en la cabeza, quiero dejar en esta columna algunos interrogantes para los candidatos de derecha. Lo hago de esta forma pues los del Sí ya nos entregaron una paz, con errores, pero la entregaron. Los del No, por su parte, bloquearon en el Congreso todo lo que tuviera que ver con la paz, con la promesa de volver al poder y entregarnos un acuerdo perfecto.

Señor candidato o candidata:

  1. ¿Cree usted que los atrasos en la implementación están directamente relacionados con la fuerte oposición de su partido en el Congreso?
  2. ¿Qué piensa hacer en su primer día de gobierno cuando los grupos al margen de la ley no acepten su pliego de exigencias para una negociación?
  3. ¿Cree que es posible desarmar a una guerrilla para luego hacerle conejo y que no pase nada?
  4. ¿Considera que la crisis de los diálogos con el ELN no es más que un efecto evidente de haberle incumplido a las Farc en lo pactado?
  5. ¿Estaría dispuesto a hacerle caso en todo al expresidente que lo sentó en el poder?
  6. Para hacer la paz se necesitan dos. Cuando lo contraparte no acepte sus inamovibles, ¿qué hacemos?, ¿volvemos a la guerra?
  7. Si respondió sí a lo anterior, ¿cuál es su estrategia para acabar a bala con grupos que han sobrevivido a casi 20 gobiernos como el suyo?
  8. ¿Cuál es su estrategia para convencer a la insurgencia de negociar con usted para luego pasar varios años en la cárcel?
  9. Si su opción fuera implementar lo que está acordado, o que se reviviera el brazo armado de las guerrillas y se volviera a la guerra, ¿por cuál de las dos opciones se inclinaría?
  10. Usted nos ha prometido una paz perfecta, partiendo de la base de que todo lo que usted quiere será aceptado por las guerrillas. Si ellos no acceden a lo que usted les plantee, ¿cómo haría la paz perfecta?

Quedaremos pendientes a ver si algún día responden alguna.

En Twitter: @Federicogomezla

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