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Opinión

  • | 2002/09/02 00:00

    Uribe, un mes después

    Por ahora el presidente Uribe conserva su enorme carisma y capacidad para inspirar optimismo entre los colombianos

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Han sido tantas las cosas que han sucedido en el primer mes de gobierno de Alvaro Uribe, que en este punto hay material para hacer el balance que en otros gobiernos se hacía pasados los primeros 100 días de gestión.

Son cuatro los grandes temas que debemos tocar en este balance: Uribe en lo personal, en lo económico, en lo político y en la guerra.

EN LO PERSONAL: sigue la luna de miel.

A pesar de los primeros tramacazos que ha dado el nuevo gobierno en materia de impuestos y anuncios de recortes en las garantías laborales, la gente sigue tan entusiasmada como el primer día. La sensación general es que hay Presidente, que manda, que trabaja, trabaja y trabaja, y que tiene el don de la ubicuidad: ha demostrado poder estar al mismo tiempo en el Conpes, en cuatro consejos regionales, en la condecoración de los patinadores campeones del mundo y en una embarcación militar dirigiendo personalmente por walkie talkie la persecución contra los secuestradores de los pescadores pescados en Bahía Solano por las Farc. Y todavía le quedan unos 20 minuticos para hacer yoga.

El mejor ejemplo de la intensidad de Uribe es que recientemente apareció retratado en la primera página de El Tiempo con todos los generales de su Ejército. Mientras tanto, ¿dónde estaba la ministra Marta Lucía? Bostezando del cansancio, en la página 6 del mismo periódico.

Por ahora Uribe conserva su enorme carisma y capacidad para inspirar optimismo entre los colombianos. Lo que no significa que haya dejado de cometer algunas equivocaciones, como el regaño a los militares (¿para qué es entonces la Ministra?).

EN LO ECONOMICO: acorralado.

La 'chispoteada' del ministro de Hacienda, Roberto Junguito, ante las realidades de la situación económica, es una radiografía perfecta de su atortole.

Las cosas están así: la cuantía del déficit fiscal es peor de lo que se creía, la cifra del crecimiento económico será inferior, el desempleo seguirá creciendo y los niveles de endeudamiento externo e interno no pueden ser más patéticos. A eso hay que sumarle una economía para nada blindada contra el contagio del desastre económico del cono sur.

Y para terminar, quién sabe cómo serán las exigencias del Fondo Monetario cuando llegue la hora de renegociar el acuerdo. Es clara la inflexibilidad de los gastos de funcionamiento, a pesar de todos los esfuerzos para reducirlos, y en cuanto a los gastos de inversión, Uribe no puede recortarlos, porque en su campaña se comprometió a incrementarlos, especialmente en el área de educación y salud. Si esta no es una sin salida...

EN LA GUERRA: liderándola.

Como alguien decía de Churchill, es mejor que no haya guerra a que haya guerra. Pero si hay guerra, es mejor tener a alguien que la maneje. Y todos los signos indican que vamos hacia una guerra, previos preparativos como el impuesto del 1,2, la iniciativa de armar a los campesinos, la organización de las redes de informantes, la declaratoria de la conmoción interior. Y al frente de todo eso un Presidente que ha confirmado que tiene procesos mentales de general y que está preparado para liderar la guerra en lo financiero y en lo estratégico, aunque los resultados de ello sean aún tremendamente inciertos.

Lo que Uribe tiene a favor en este campo es que el país lo eligió para que manejara específicamente el tema del orden público, y hasta ahora lo ha visto ocupado en ello.

EN LO POLITICO: improvisando.

Para alguien quien como Uribe viene de ser gobernador, alcalde, concejal, senador, en fin, que no es ni de lejos un primíparo, parece increíble la improvisación con la que en este primer mes se ha manejado el tema político.

Casi pierde la coalición de gobierno la presidencia de las cámaras en el Congreso; perdió muchas de las de las comisiones, porque se dejó armar un sindicato entre un sector del uribismo y del oficialismo liberal. Perdió la Contraloría y la Registraduría. El Congreso se ha sentido amenazado con el fantasma de la revocatoria, el referendo no ha sido bien recibido y los congresistas se quejan de la distancia del gobierno.

Tal vez por todo eso al ministro de la política, Fernando Londoño, le tocó pasarse para el otro lado: de una indiferencia desobligante con el Congreso ha pasado casi a la lambonería, pero no hay duda: con el Congreso, y más que nunca ahora cuando hay tantas cosas en juego, al gobierno le va mejor haciendo lo segundo que lo primero.

ENTRETANTO? ¿No habrá un general por ahí que le aconseje a la Ministra de Defensa que no hable tanto y que no se deje saludar de beso?
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