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 Columna de Isabel Cristina Jaramillo.
Columna de Isabel Cristina Jaramillo. - Foto: SEMANA

Verdad y debido proceso: a propósito del suicidio de Jeffrey Epstein

El suicidio reciente de Jeffrey Epstein puso sobre la mesa de nuevo, pero con un giro importante, la tensión entre la verdad y el debido proceso.

Por: Isabel Cristina Jaramillo

En este caso, las víctimas han señalado que con su muerte, Epstein les ha arrebatado la posibilidad de exponer la veracidad de sus acusaciones. Más aún, impidió vincular a una serie de políticos y personajes famosos a procesos judiciales para hacerse responsable de sus hechos. Esta mirada contrasta con la de muchos acusados en las redes sociales quienes airados dicen que si tan solo se realizaran los juicios, quedaría demostrada su inocencia. ¿De dónde sacan tanto víctimas como acusados la idea de que el debido proceso va a poner la justicia de su parte y permitir que la verdad salga adelante?

Creo que es importante contrastar estas dos miradas porque se pone de presente por qué resulta tan difícil, para las mujeres que han venido usando las redes sociales y los medios de comunicación para denunciar la violencia sexual, defender la posibilidad de decir su versión de los hechos como verdad aún si el proceso judicial es imposible o indeseable. En efecto, quienes han acudido a las redes y a los medios a denunciar hechos de violencia sexual, han venido explicando que no confían lo suficiente en los procesos judiciales como para acudir a ellos pero tampoco quieren guardar silencio para siempre y dejar a otras mujeres en riesgo. Lo que sabemos sobre los delitos sexuales en muchos países es que los funcionarios a cargo de la investigación son reacios a llevar caso que tienen pocas posibilidades de éxito, que las posibilidades de conseguir pruebas de buena calidad es remota y que los acusados se vuelven agresivos y buscan venganza acudiendo a conductas más riesgosas para las víctimas una vez se enteran de que han sido formalmente acusados. Hace unos meses estuve con una joven colombiana que me contó que, a pesar de todos sus esfuerzos de movilización estratégica, no ha logrado que la Fiscalía formule los cargos contra la persona que le causó daño aunque ya han transcurrido 4 años. Uno apenas puede imaginarse qué pasará en casos en los que las víctimas tienen menos recursos emocionales e intelectuales. 

Olvidando todo esto, los hombres, como grupo, en cuanto potenciales sindicados de violencia sexual, han salido a decir que en el tema de la violencia sexual debe prevalecer el debido proceso como garantía de que no se abusa de las denuncias. Muy apropiadamente, todos conocen algún caso en el que un hombre “inocente” fue acusado “injustamente”. Cualquier anécdota, verificada o no, se vuelve la razón para decir que la mentira se fabrica con demasiada facilidad. Pero, ¿no se fabrica también con demasiada facilidad la mentira de que no pasa nada? 

Olvidando todo esto, las víctimas, como grupo, en cuanto aspirantes a reparaciones, han salido a decir que si tan solo se hubiera podido avanzar en el proceso, tal como ha sido siempre, se habría llegado a la verdad de la violencia sexual. Mejor dicho, si Epstein no se muere, lograríamos por fin poner a Clinton en evidencia. “Tenemos” cuadernos, listas, teléfonos, fotos. “Tenemos” testigos. Pero, ¿no sabemos también que la evidencia se pierde, los testigos se atemorizan, y las listas y fotos se controvierten? ¿Desde cuándo esta confianza en un sistema que había fracasado por muchos años en condenar a personas de la calaña de Epstein?

No creo que seguirle creyendo a las mujeres que el sistema no les ofrece garantías para proteger sus derechos a la libertad y autonomía sexual sea lo mismo que renunciar a que este sistema alguna vez funcione. Se me ocurren mil cosas que se pueden hacer para mejorarlo. De hecho trabajo todos los días para que funcione mejor. Lo que creo que es injusto es que se les exija a las personas actuar “como si” el problema ya se hubiera resuelto y seguir insistiendo en que “realmente” las cosas no pasan como las mujeres dicen que pasan.