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Opinión

  • | 2019/10/08 07:01

    JAVIER DARÍO RESTREPO

    Javier Darío Restrepo, en mayúsculas, nunca dejó de trabajar por un ideal: luchar por un periodismo responsable, cero advenedizo y, por supuesto, ético.

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En una extensa entrevista la periodista Gloria Ortega Pérez, la reconocida “Bunker”, se sentó a conversar recientemente con el maestro y le sacó las mejores declaraciones* sobre la realidad actual del periodismo colombiano; sin duda, un diálogo revelador que descubre en toda su extensión de qué estaba hecho el eterno reportero, el considerado faro, luz y guía de una profesión llamada a recuperar su propia confianza, hoy en declive.  

Ningún periodista puede pasar por alto a este referente de la ética periodística en América Latina; y para hacerle un homenaje, merecido por cierto, he querido utilizar este espacio para citar sus opiniones en torno a la profesión, sus retos y vicisitudes frente al poder. 

En la entrevista, repleta de formados conceptos que le hizo la bloguera, no se guardó, para empezar, sus críticas a las redes sociales hoy el espacio preferido por quienes, desde sus trincheras, buscan generar opinión: “El problema del Twitter y todas las redes sociales: son de reacción, no de profundización de pensamiento. Esa es la gran pobreza de este medio”; sin desconocer el valor que tienen como canales de expresión libre. 

Esa mala utilización de las redes, Javier Darío la describió como un vehículo propicio para difundir la llamada posverdad, una acción favorita para provocar desinformación y, por qué no, el caos: “(la posverdad) está organizada en redes, donde se parte de la idea de que no existe la verdad de los hechos. Y si no existe la verdad de los hechos tampoco existe el periodismo. Sin periodismo perdería su esencia la democracia. La desconfianza que se intenta expandir sobre el periodismo está también organizada para que se desconfíe de la democracia”.

Ahora, no es menos cierto que la desconfianza que hoy se cierne sobre las democracias occidentales no solo afecta sus contenidos políticos y sociales, también al periodismo enfrascado en una batalla por recuperar credibilidad para disputarle la confianza a las redes sociales y a la inmediatez digital. Al respecto sostiene Javier Darío que “La confianza para el periodista es irremplazable. Necesita de la confianza lo mismo que el organismo vivo necesita del aire. Informamos para que nos crean; pero sin confianza el periodismo es inútil, desechable”. 

“El periodista necesita que le crean y la sociedad necesita creer en quien informa. Cuando desaparece la confianza el periodista es manipulable, nunca tendrá una información verosímil, y sobre todo, está perdido porque la desconfianza es una especie de ceguera colectiva” advertía el maestro Restrepo, tras asegurar que “Utilizar la información como (herramienta de) poder es poner (en evidencia) uno de los fundamentos de la desconfianza”.

De esas reflexiones nace la pregunta de si “¿murió el periodismo como lo reconocíamos usted y yo?” (pregunta Gloria); a lo que Javier Darío responde: “En Colombia y en el mundo el periodismo está ante una gran oportunidad para reinventarse, pero parte de esa reinvención debe comenzar con la convicción de que el periodismo no es un ejercicio profesional para (el) poder, sino para servir”. 

Se ha dicho, como si fuera un postulado, que para ser periodista es necesario ser una buena persona, y que en esta profesión no hay espacio para los cínicos que mezclan el poder con la información para manipular y desvirtuar la realidad; sobre este aspecto Javier Darío no daba lugar a ambigüedades: “El periodismo es ante todo liderazgo social. Cumple un rol político porque implica un trabajo con la sociedad (…) el periodista no es para un partido, tampoco tiene porque estar en uno (partido), pero sí tendría que estar ejerciendo una influencia política en la vida de la sociedad”. 

Ese era el maestro Javier Darío Restrepo, un pensador incansable del periodismo, un hombre que reclamaba la ética en la profesión no desde los códigos, sino desde la excelencia y el compromiso de los periodistas con la sociedad; por ello sentenciaba que “cuando el periodismo se convence de que es un poder se debilita, porque es comprable, negociable. Un periodista que se respete y respete su profesión nunca negocia, ni se negocia”. 

*Entrevista publicada el 21 de abril en el Blog Sentipensantes, periodismo & análisis; entrevista que invito a todos los periodistas de Colombia a leerla.

@jairotevi

 

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