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Opinión

  • | 2004/11/21 00:00

    Viene Bush

    Ponerse en plan de rendir cuentas y pedir favores es ignorar que Estados Unidos está aquí por su propio interés y no por caridad

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La esencia del acuerdo es muy sencilla: Colombia les da una mano a los gringos con la droga y los gringos nos dan una mano con las Farc. Ambas acciones se basan en la fuerza: Colombia fumiga y extradita mientras los gringos dan ayuda militar.

Las bases de este acuerdo son muy sólidas. Primera, que va directo al interés de cada parte: lo que USA quiere es que Colombia no le mande droga y lo que quiere Colombia es acabar las Farc. Segunda, que la fuerza es lo fácil de aplicar: es más sencillo fumigar que convencer y es más simple disparar que reformar. Tercera, que la fuerza produce resultados inmediatos y tangibles.

Y el acuerdo sí está dando resultados. Para los gringos: el área sembrada en coca bajó 33 por ciento y en amapola disminuyó 10 por ciento durante estos dos años; Uribe ha extraditado a 207 reos, al paso que Pastrana no llegó a los 80. Para Colombia: la guerrilla pasó a la defensiva, los ataques de las Fuerzas Armadas han aumentado en 60 por ciento, el número de guerrilleros caídos creció 30 por ciento, se acabaron las tomas de pueblitos y el secuestro se redujo a la mitad.

Por eso viene Bush a confirmar que le interesa Colombia, que apoya a Uribe y que somos el país del hemisferio donde las cosas le están funcionando. Uribe lo recibe para adherir a su política mundial, para darle su parte de victoria y, qué le hacemos, para pedir que le haga más favores.

Unos son los favores consabidos: que Irak no nos vaya a dejar sin presupuesto, que tenga quieta a Europa, que presione a Chávez, que nos dé el waiver de derechos humanos, que tengamos más acceso a los sensores y satélites espías.

Y hay otros cuatro favores nuevos y espinosos que pedirle a Bush. Uno, sin duda el más maluco, es el permiso para no extraditar a Mancuso y compañeros; sin esto no hay futuro en Ralito, pero esto no rima con el discurso radical de Bush ni con la independencia de las cortes gringas. Otro, urgente, es el dinero para desmovilizar las AUC; pero este rollo no está nada claro y en todo caso el Tesoro no puede hacerle giros a un grupo 'terrorista'. Luego está el componente social del Plan Colombia, que no pasó el examen de la GAO (Contraloría gringa) que está siendo desmontado y que nuestro gobierno no puede costear. Y están las dudas -Dios quiera que infundadas- que empiezan a flotar sobre la marcha del Plan Patriota, a raíz de los cambios en la cúpula y el discurso del propio Presidente.

El diálogo Bush-Uribe no será pues fácil. Y no por esas razones puntuales, sino por otra más honda: porque parte de dos premisas falsas. Una es decir que el objetivo común es combatir el 'terrorismo', otra es pretender que Bush hace favores. Terrorismo para ellos significa el Islam o las armas nucleares, mientras para nosotros significa El Nogal o las pipetas de gas: nada que ver. Ponerse en plan de rendir cuentas y pedir favores es ignorar que Estados Unidos está aquí por su propio interés y no por caridad.

Este malentendido básico limita la asociación colombo-americana a hacer más de lo mismo. Bush atrapado por su ideología, Uribe reducido a resolver lo urgente, encandilados ambos por las cifras que mencioné arriba, no querrán o no podrán mirar el bosque que hay detrás de los árboles.

Voy pues a exagerar la descripción del bosque. Para los gringos: ganar la guerra contra la droga en Colombia en realidad no sirve para nada. Para Colombia: derrotar a las Farc sin derrotar al paramilitarismo en realidad no sirve para nada.

- La represión contra la droga gana batallas pero pierde la guerra. Por eso, sin andar lejos, los cultivos se están pasando al Perú, y a Estados Unidos entra la misma cantidad de alucinógenos. En cambio, Colombia sufre el 'daño colateral' de la fumigación, la distorsión de la justicia y, cómo no, el financiamiento de la guerrilla y de los paras.

- Y si es verdad, como se cree ahora, que una y los otros viven para la droga y por ella, ¿qué ganamos con cambiar la opresión de la narco-guerrilla por la opresión de los narco-paramilitares? Algunos, por supuesto, se hacían la ilusión de que los unos eran el remedio de la otra; pero basta pensar en el Cesar o en Barranca para salir de semejante engaño.

En vez de partes de victoria y de favores, uno quisiera pues que en Cartagena Uribe hablara de replantear la estrategia Bush frente a la droga y que Bush hablara de replantear la estrategia Uribe frente al paramilitarismo. Y vea usted: cada uno lo haría en interés propio, sirviéndole además al interés del otro.
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