opinión

JORGE HUMBERTO BOTERO
JORGE HUMBERTO BOTERO. PRESIDENTE DE FASECOLDA BOGOTA, OCTUBRE DE 2017 FOTO GUILLERMO TORRES - REVISTA DINERO - Foto: GUILLERMO TORRES

Y la nave va…

… Solo que ignoramos hacia dónde se dirige.


Por: Jorge Humberto Botero

Antes que nada, hay que mencionar las cosas que salieron bien. Los ciudadanos fueron en paz a las urnas en una proporción elevada con relación a los precedentes históricos, prueba inequívoca de que creen que, pese a sus falencias, la democracia electoral vale la pena. Los conatos de violencia, si los hubo, fueron controlados por la Fuerza Pública. Las autoridades electorales, que cargaban con un justificado lastre de desconfianza, salieron airosas. Merecen estas instituciones nuestra gratitud.

No lo creo así sobre el papel del alto Gobierno y la Procuraduría. La Constitución, de manera explícita, impone a los funcionarios públicos un deber de neutralidad que no fue respetado; los sesgos contra Petro fueron evidentes. En el caso del presidente, podría decirse, además, que pasó por alto su condición de Jefe del Estado, una figura que viene de la carta del 91, la cual le impone, en mi sentir ―porque no está dicho expresamente―, una suerte de equidistancia en las contiendas políticas. La Procuraduría simplemente miró para otro lado, incluso en el caso del general Zapateiro, que atacó directamente a Petro, una grave afrenta al carácter no deliberante de los estamentos castrenses y policiales. Por eso, cuando decidió suspender al alcalde Quintero, la crítica no provino de que le faltara razón, sino de que ‘no llora por los dos ojos’.

Estas experiencias deben suscitar ajustes institucionales en la Procuraduría, un organismo en buena parte redundante, y cambios en la designación del procurador para evitar su cooptación por el Gobierno o el Congreso. A su vez, habría que despolitizar el Consejo Nacional Electoral y reformar los procesos electorales a tono con los avances tecnológicos disponibles.

Si fuere cierto que Petro, a pesar de haber ganado por amplio margen, tiene muy poco margen para crecer, que una porción sustancial de los votos por Fico migrarán hacia Hernández, y que la votación total no aumentará, supuestos todos de alta probabilidad, la contienda no está decidida. Esta circunstancia nos impone a los votantes el deber de examinar con cuidado tres cuestiones esenciales: qué proponen, con quién gobernarían y qué tipo de personas son los candidatos. De eso me ocupo.

Petro ha venido tratando de virar hacia el centro, pues sabe bien que el conjunto de sus propuestas son imposibles de financiar, cuando no, en opinión de observadores calificados, inconvenientes. Hasta ahora ha dicho que es partidario de un manejo prudente de las finanzas públicas, esbozado una reforma tributaria que, en algunos aspectos, es razonable e insinuado el nombre de una persona prestigiosa como ministro de Hacienda. Son gestos correctos, aunque insuficientes. No ha dicho nada, ahora que funge como economista ortodoxo, sobre si está dispuesto a cancelar algunos de sus ambiciosos proyectos. Por ejemplo, la conversión del Estado en empleador de última instancia o en financiador del trabajo de cuidado en el hogar, ideas que en ninguna parte del mundo se han llevado a la práctica. O si en virtud de su anhelo de convertirse en líder mundial en temas ambientales, insiste en clausurar la exploración y explotación de hidrocarburos. Estas iniciativas, por sí solas, nos llevarían a la ruina.

En su discurso del día de elecciones insistió en la necesidad de que el Estado se convierta en comprador de alimentos, tanto a los campesinos como fuera del país. Cincuenta años atrás lo hacía, con pésimos resultados, el Gobierno. Esta propuesta implicaría un golpe demoledor a un sector crucial de la economía de mercado, nada menos que en la interacción del campo y la ciudad y en las vidas de numerosos agentes en el proceso de agregación de valor a la producción primaria. Esa medida extrema quizás tendría sentido si el alza en el precio de los alimentos obedeciera a una inicua explotación de los pequeños productores o de los consumidores pobres. En realidad, el alza en los precios de bienes básicos obedece a la inflación causada por la pandemia, agravada por la guerra en Ucrania. Existen herramientas más eficaces (y menos traumáticas) para atacar fenómenos de cartelización si estuvieren ocurriendo. Con razón el FMI ha señalado que, en vez de controlar precios, los gobiernos harían bien en subsidiar, mientras pasa la crisis, a los sectores populares.

Al contrario de Petro, que cada día nos agobia con un arsenal de propuestas novedosas, Hernández ofende la inteligencia de los ciudadanos con una mera consigna: “hay que acabar con la robadera”. Nada ha dicho, salvo vaguedades indisputables, sobre cómo la combatiría. Y ha guardado profundo silencio sobre el catálogo de problemas pendientes de resolución, cuya vastedad e importancia explican el evidente anhelo de cambio expresado en las urnas.

Con quiénes gobernarían estos aspirantes es la segunda cuestión. Limitándonos al Senado, lo cierto es que ni uno ni otro cuentan con mayorías. De allí la importancia de la bancada liberal que, habiendo adherido a Fico, quedó en libertad para apoyar a uno u otro. O a ninguno, que sería la postura más inteligente por parte de esa colectividad: le daría, como bancada independiente, un poder sustancial frente al próximo gobierno.

Por último: ¿qué tan confiables son Petro y Hernández como personas? Petro tendrá que responder por su pasado guerrillero, que a muchos incomoda, a pesar de que fue amnistiado y jamás se le probó participar en actos violentos; por la bolsa de dinero que recibió con especial sigilo; por su trayectoria administrativa y por los motivos para haber acumulado una amplia colección de amigos que dejaron de serlo. Nada nuevo. Más complicada es la situación de Hernández: en fecha próxima será imputado por actos de corrupción. ¡Un lío colosal, si gana la contienda presidencial!

En estas estamos, ‘pa’ atrás como el cangrejo’, cada vez más parecidos a México, Brasil, Perú, Salvador y Estados Unidos que todavía pretende dictar, en la Cumbre de las Américas, lecciones de democracia en este continente.

Briznas poéticas. De Jorge Luis Borges: Somos los que se van. La numerosa nube que se deshace en el poniente es nuestra imagen. Incesantemente la rosa se convierte en otra rosa. Eres nube, eres mar, eres olvido. Eres también aquello que has perdido.