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'Catalina', Elisa Mújica. Alfaguara, 2019. 162 páginas.

crítica de libros de ficción

¿Por qué no nos habían contado de Elisa Mújica?

Por: Camilo Hoyos

La novela ‘Catalina’ la publicó la editorial Aguilar en Madrid en 1963 y, por el machismo literario, se había perdido en el tiempo. Ahora Alfaguara la reedita.

Este artículo forma parte de la edición 167 de ARCADIA. Haga clic aquí para leer todo el contenido de la revista.

No es este el espacio para abordar semejante cuestión, pero siempre resulta por lo menos intrigante preguntarse los motivos por los que la buena literatura tarda tanto tiempo en llegar a nuestras manos. Y esta intriga se traduce en incredulidad cuando vemos que semejante demora recae sobre una escritora colombiana del siglo XX como la bumanguesa Elisa Mújica (1918-2003). De ella se suele destacar de primera mano que fue la primera mujer en formar parte de la Academia Colombiana de la Lengua, pero luego de conocer sus virtudes narrativas nos convencemos de que ese puede no ser el mejor de sus atributos. Catalina se publicó en 1963 por la editorial Aguilar en Madrid, y el año anterior fue presentada al Premio Literario Esso, que la publicó junto con la ganadora Detrás del rostro, de Manuel Zapata Olivella. Con esta recuperación a manos de Alfaguara, podemos conocer la realidad de una mujer colombiana a mediados del siglo XX, y las consecuencias irreprimibles de una sociedad gobernada por hombres.

Esta visión de nuestra historia como sociedad llega a nosotros no porque se trate de un manuscrito inédito. ¿Cómo es que hasta ahora muchos de nosotros venimos a conocer a Elisa Mújica? ¿Por qué no nos dieron la oportunidad de leerla antes, ya fuera en el colegio, en los manuales de literatura, por medio de festivales conmemorativos?

Para la madre de Catalina Aguirre es una fortuna haber dado con un prometido como el militar Samuel Figueroa, ya que la guerra civil los dejó sin hombres y ahora no hay quien maneje las dos fincas que heredó de su padre. Quien se presentó como héroe de batallas y amigo entregado a sus compañeros caídos lentamente se va mostrando como un patrón opresivo y extorsionador, que como primera medida matrimonial excluye a Catalina de todas las decisiones sobre la tierra. A los pocos meses queda embarazada y sufre una caída que no la privará únicamente de su hijo, sino de tenerlos durante el resto de su vida: esto se convierte en el boleto hacia la deshumanización y la pérdida de lo que debería ser suyo. Usurpada la herencia y negada la posibilidad de tener descendencia, Samuel pierde interés, la considera desde entonces como débil de nervios, y se dedica a buscar contactos femeninos en otros derroteros, no sin dejar de trabajar por la tierra que le llegó por dote de su esposa.

La vergüenza pública y la opresión psicológica recaen, como ya todos sabemos, sobre la mujer, es decir sobre la esposa. En la generación de su abuela María Corazón, las mujeres eran fuertes: acompañaban en las luchas a sus compañeros, les ayudaban a tumbar árboles para construir casas de la población, cosían las duras telas y cuidaban de los alambiques para el aguardiente. Pero su generación es otra cosa: “Desde que se acabó la guerra y se estableció la paz –escribe Catalina– ni siquiera sabemos qué nos falta”. Mújica retrata mediante su novela la transición del sujeto femenino entre dos generaciones: del mundo del cual eran protagonistas al mundo en que son vapuleadas. En una disputa con Samuel, este le dice: “Usted quiere arruinarme. Nuestro matrimonio fue un engaño. No me ha dado hijos y ahora pretende quitarme la tierra, ¿no es cierto?”.

Posiblemente uno de los aspectos más interesantes y poderosos de esta novela es la manera como se nos muestra narrativamente la opresión psicológica como consecuencia de la deshumanización de la mujer a mediados de siglo XX en Colombia. La figura de Mújica continúa recuperándose con esta obra, luego de la instauración del premio literario que lleva su nombre. Y se debe seguir este camino no únicamente porque sea una mujer rescatada del mundo de las letras colombianas, sino porque es una autora que nos ayuda a comprender nuestro pasado social y a cambiar nuestra realidad desde la experiencia de mundo de sus personajes femeninos. Como dijo nuestra siempre extrañada maestra Montserrat Ordóñez, Mújica nos permite entender nuestros procesos como sociedad: recuperar su escritura es recuperarnos todos.