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“El arte también es una herramienta de sanación”: Gaby Herbstein

Por: Erika Mesa Díaz

En el documental "Creer para ver" la fotógrafa argentina Gaby Herbstein conversa sobre espiritualidad con maestros ancestrales de diferentes partes del mundo. ARCADIA habló con ella sobre su búsqueda de respuestas y de sanación en tiempos de coronavirus.


La fotógrafa argentina Gaby Herbstein ha trabajado para prestigiosas revistas de moda y en grandes campañas publicitarias. Si el nombre de ella aún no significa nada para el lector, tal vez sí le suene el de Gustavo Cerati. La portada de Bocanada, el segundo disco en solitario del músico argentino, es una fotografía de Herbstein. 

Los trabajos de la fotógrafa trascienden lo comercial. A través de su obra se ha dedicado a buscar respuestas, a conocerse a sí misma, a explorar su espiritualidad, sus sueños y la relación entre los humanos y la naturaleza. De esa curiosidad surgió la serie Creer para ver, que reúne viajes y conversaciones con líderes espirituales de varios lugares del mundo. 

A propósito de la primera temporada de esta serie -que se estrena el 8 de junio por National Geographic-, ARCADIA habló con Herbstein sobre los interrogantes que por naturaleza se plantea el ser humano, sobre la diversidad de respuestas que ha dado y sigue dando a estas preguntas, y sobre la vida en tiempos de pandemia.

La búsqueda de respuestas

A pesar de venir de un hogar de tradición judía, a Gaby Herbstein no la criaron en ninguna religión ni le hablaron de dioses. Al crecer comenzó a hacerse preguntas sobre la espiritualidad y se obsesionó con las respuestas que encontró: “todas estas filosofías o religiones, o como quieran llamarlas, tienen puntos en común."

Sin embargo, los libros de espiritualidad dejaron de satisfacer su curiosidad después de un sueño: “fue uno de esos sueños bien lúcidos, como que te despertás y te acordás de cada detalle. Al otro día empecé a trabajar para hacerlo posible”.

Tomó sus cámaras y sus ahorros, y emprendió un viaje de tres años para conversar con diez líderes espirituales de diversos lugares del mundo.

Herbstein siente que interactuar con ellos de primera mano aclaró varias dudas que no pudo resolver de otra manera: “podés leer y leer, pero no te queda mucho hasta que no tomás la experiencia de estar ahí y conectar con esa cultura, con esa forma de ver. Esa es la impresión que finalmente quedará grabada a fuego. El poder estar ahí y sentir esa filosofía ahí, de la boca de ese maestro, eso es muy interesante. Por eso me interesó documentarlo”.

Creer para ver es el resultado de ese viaje largo. Con la serie, Herbstein espera poder transmitir algo de esa increíble experiencia que vivió. 

Espiritualidad diversa y simple

La fotógrafa destaca dos lecciones de vida de sus viajes: una de ellas es que, desde una perspectiva amplia, no hay contradicciones entre los saberes espirituales. Más allá de las lógicas de cada cultura, lo más valioso que encontró en los maestros fue la diversidad de herramientas que usan para trabajar con una espiritualidad, que está “en nuestra sangre, en nuestro ADN; somos seres espirituales porque somos alma y somos cuerpo”.

Herbstein pone como ejemplos a la coreana Hiah Park y al siberiano Nikolay Oorzhak. Hiah es experta en danzas rituales y Oorzhak trabaja con las vibraciones de la voz, tal como lo hicieron su padre y su abuelo. Ambas estrategias usan al cuerpo como medio para conectar con el universo y la conciencia. Según la fotógrafa, el conocimiento para sanar está dentro de cada uno de nosotros, y estas prácticas nos lo recuerdan.

La segunda lección, es que mantener una conexión sana con el entorno produce bienestar: “empecé a comprender que yo era parte del todo, que yo no era una persona separada de todo lo que me rodeaba. Sentí, y a la vez entendí, que somos uno. Me sentí parte de esa red que formamos junto con los elementos, con la tierra, con el fuego, con el aire, con el universo."

Para ella, la conciencia de ser uno con el entorno es necesaria para preservarnos como especie. En uno de los episodios estuvo con el maestro Angaangaq, de Groenlandia, y pudo ver con sus propios ojos las consecuencias del deshielo. El esquimal -representante de los ancianos indígenas ante la ONU-, le explicó que el daño a los glaciares ya está hecho y es irreversible. “Pero lo preocupante no es qué le va a pasar al planeta, porque éste se regenera: donde había hielo habrá césped. El problema son las condiciones de vida de los humanos en un planeta sin glaciares. Se pierde una fuente de agua potable, que va al mar y sube el nivel. No quiero ser una terrorista catastrófica, pero sí generar conciencia sobre eso”.

Maestros de ancestralidad

Los maestros Hiah Park, Nikolay Oorzhak y Angaangaq. Fotos: cortesía de Disney.

La sanación en tiempos de coronavirus

El principio de la cuarentena afectó a Herbstein, una viajera de corazón. Tenía todo su equipo fotográfico en su estudio cuando se decretó el confinamiento en su país. Decidió que no quería deprimirse y lanzó un reto: recorrió su casa para fijarse en cosas que el afán no le había permitido ver, las fotografió con el celular, compartió los resultados por redes sociales, y animó a otras personas a hacer lo mismo. 

Luego de conocer herramientas ancestrales para trabajar el espíritu, encontró la suya en casa y la dio a conocer: “el arte también es una herramienta de sanación. Fue una experiencia súper linda porque cuando estás encerrado entre cuatro paredes, se tiene la sensación de haberlo visto todo, y de pronto empezás a mirar en detalle y encontrás un universo en la mancha de humedad de la pared”, cuenta con entusiasmo.

La fotógrafa invita a las personas que siguen en cuarentena, a no dejarse contaminar por el miedo y a inmunizarse con energía positiva: “no sé si va a salir la forma de curar esto, de sanar esto, pero creo que lo mejor que podemos hacer por ahora es buscar aquello que nos haga bien”. También le parece buena idea apartarse de la sobreinformación por un tiempo: “los medios aprovechan e incentivan el miedo cuando deberían incentivar el comer saludablemente, darnos herramientas para sentirnos mejor física y espiritualmente. Los medios están, de cierta manera, alimentando la enfermedad”.

Herbstein cree que el aislamiento es una buena oportunidad para descubrir el poder que cada uno tiene dentro: “uno tiende a echarle la culpa a cosas externas: este me hizo esto o lo otro. Cuando ya estás en un lugar acorralado, solo con vos y tu alma, te das cuenta de que todo depende de vos. Si decís ‘hoy va  a ser un día buenísimo’, estás haciendo que el día sea buenísimo”.