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| 7/8/2006 12:00:00 AM

Animales domésticos

En un zoológico donde entrenan especies exóticas, una periodista encontró cómo lidiar con los comportamientos irritables de su marido y mejorar su matrimonio.

Animales domésticos, Sección Vida Moderna, edición 1262, Jul  8 2006 Animales domésticos
Amy Sutherland, una reportera y escritora de Boston, viajó a California en el verano de 2003 atraída por los misterios que encerraba el colegio Moorpark, considerado el Harvard del entrenamiento de animales exóticos. El veterinario Jim Peddi le abrió la puerta y Amy, en medio del sol californiano, entró sin saber que con esos pequeños pasos comenzaba una de las experiencias más provechosas de su vida.

La escritora permaneció durante un año al lado de los estudiantes que acuden a este lugar para aprender a entrenar a las hienas a hacer piruetas, a los primates a saltar un barril, a los camellos a lanzar aros o a los elefantes a pintar. El resultado de este trabajo fue el libro Kicken, Bitten and Scratched (Pateado, mordido y aruñado), el cual derrumba muchos mitos acerca de los entrenadores. Pero sobre todo, el libro le ayudó a entender que que no hay mucha distancia entre los animales y los humanos.

Fue precisamente en medio de este zoológico de animales exóticos donde Amy logró mejorar su vida matrimonial con Scott, su esposo por más de 12 años. "Fue un proceso lento, pero cuando escuché por primera vez sobre el LRS, una de las técnicas, dije: 'Ajá". Sucedió mientras acompañaba a los estudiantes al acuario SeaWorld de San Diego. Ese día, un entrenador de delfines le mostró la técnica Least Reinforcement Syndrome o LRS, por su sigla en inglés, que se emplea cuando el animal hace algo mal. Se basa en el concepto de que cualquier tipo de respuesta, positiva o negativa, refuerza un determinado comportamiento. Por eso, cuando se produce una acción negativa por parte del delfín, el entrenador permanece quieto por algunos minutos sin mirarlo, y luego retoma su trabajo. Al no generar ninguna respuesta, el mamífero abandona su conducta negativa. Cuando Amy escuchó esto, escribió al margen de sus notas: "Probarlo en Scott". Tenía esperanzas de que las mismas técnicas que funcionaban en los delfines pudieran dar resultados en otros animales muy exóticos: los maridos.

La relación de Amy con Scott era buena, pero había actitudes que le irritaban. Una de ellas era verlo buscar las llaves cuando no las encontraba en su sitio. Usualmente su respuesta era cerrar la llave del lavaplatos y unirse a la búsqueda. Trataba de calmarlo diciendo que pronto aparecerían, pero esto sólo lograba enfurecerlo más. Después de ver a los entrenadores cambió de táctica. "Cuando aparecía buscando las llaves por toda la casa, me quedaba callada y continuaba la actividad que estaba realizando", escribió Sutherland en el diario The New York Times. "Me tomó mucha disciplina mantener mi calma, pero los resultados fueron inmediatos y sorprendentes. Su temperamento se fue calmando hasta desaparecer, como una tormenta que se mueve rápido".

Los entrenadores de delfines fueron quienes más le aportaron ideas. La más importante es que todos los comportamientos positivos deben ser recompensados. Por el contrario, los negativos se deben ignorar. Por eso, cuando Scott dejaba la camiseta de montar en bicicleta en el suelo, ella lo ignoraba, pero si la ponía en el canasto de la ropa sucia, le daba como premio un beso. "Es imposible enseñarle a un león marino a sostener una bola en su nariz con regaños y agresiones", explica. En cambio, si cada vez que hace algo bueno se le premia con un pescado, el animal adquiere el nuevo hábito. "Lo mismo sucede con los tercos pero adorables esposos", dice.

Otra técnica que le surtió efecto fue la aproximación en pequeños pasos hasta llegar a un comportamiento nuevo. "Un entrenador no intentaría enseñarle a un mandril a dar el bote de un solo golpe. Sería esperar demasiado. Le enseña primero a saltar, luego a saltar más alto y así sucesivamente", explicó Sutherland a SEMANA. Al intentar la misma estrategia con su esposo, notó que era mucho más efectiva que su habitual cantaleta. Cuando recogía un par de medias, se lo agradecía, lo cual funcionaba como estímulo para que luego recogiera dos pares. "Fue una gran lección para mí. Uno quiere que la gente cambie en forma instantánea, pero eso es muy poco realista",añade.

Los pájaros también le ayudaron a manejar mejor a su marido. Los entrenadores de garzas africanas les enseñan a estas especies a posarse en alfombras y no en sus cabe zas a través de una técnica conocida como comportamiento incompatible. Esta consiste en enseñar a un animal a hacer algo para evitar que haga otra cosa, pues es imposible que haga las dos al mismo tiempo. "Yo pienso que esta es una manera muy positiva de ver cualquier problema", dice Amy. En el caso de su esposo, ella consiguió que Scott dejara de atafagarla en la cocina colocando una taza con papas fritas en un lugar y una cerveza justo al otro extremo. "Logré lo que quería sin quejarme ni rogarle o gritarle", admite triunfante.

Los mejores entrenadores aprenden todo acerca de la especie con la cual trabajan, desde su anatomía hasta su personalidad y sus gustos, al punto que llegan a comunicarse con ellos y no a dominarlos. Porque no a todos los leones marinos les interesa hacer los mismos trucos ni de la misma forma. Además, hay grandes diferencias entre una especie y otra. Los elefantes tienen jerarquías, son vegetarianos y no pueden saltar. Amy consideró que este conocimiento profundo era básico para entrenar a su esposo.

En todo el proceso ella tuvo muy presente un lema de todos los entrenadores: "Si algo sale mal, no es por culpa del animal". Por eso en casa, cuando sus estrategias fallaban, no reprochaba a Scott sino que pensaba en nuevas formas de cambiar su comportamiento o comenzaba a vislumbrar qué había hecho ella para provocar un comportamiento no deseado en él.

Algunos encuentran las recomendaciones de Sutherland simples. Los entrenadores de delfines, que son los más progresistas, basan sus técnicas en el conductismo, una antigua y muy reconocida escuela de la sicología. "Ellos las pidieron prestadas de los humanos y las usan en animales y ahora yo las tomé para mi propia vida", dijo la autora a esta revista.

Pero el mensaje de Amy va más allá. "Creo que los animales hacen ver el mecanismo del comportamiento mucho más obvio", afirma. Y es que para ella fue inevitable hacer la conexión con su esposo mientras observaba de cerca a los jóvenes entrenadores trabajar con estos animales exóticos. Por eso considera que su libro es tanto sobre los animales como sobre la especie humana. "Al final somos uno solo, nos guste o no. Y darme cuenta de eso no fue una tragedia sino algo muy emocionante".

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