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| 10/25/1993 12:00:00 AM

Cámara escondida

Medellín va a aplicar un sistema revolucionario para combatir la inseguridad: a través de ojos biónicos ocultos se vigilarán las calles de la ciudad.

Cámara escondida, Sección Vida Moderna, edición 595, Oct 25 1993 Cámara escondida
COMO OCURRE EN LAS PRINCIPALES urbes colombianas, el centro de Medellín está acosado por la inseguridad, el tráfico y la polución. Raponeros, carteristas, ladrones de bancos, prostitutas, travestidos, drogadictos e indigentes se han ido adueñando de gran parte de las 673 hectáreas de entidad territorial. Semejante caos ha provocado la desenfrenada huida de residentes y visitantes hacia lugares "más civilizados"de la ciudad. No obstante, 70 mil personas aún son residentes de los 19 barrios de la zona, no por gusto sino, como dice Alvaro Vásquez Osorio, director del Departamento de Planeación Metropolitana, porque "en su mayoría carecen de los recursos suficientes para transladarse hacia mejores entornos residenciales".
Quienes viven y trabajan en el centro de la capital antioqueña han tenido que aprender un ritual que deben cumplir cada noche al salir a la calle. Se trata del primer mandamiento del medellinense precavido: "No dar papaya", como lo describe María Cecilia Acevedo, comunicadora de la Secretaría de Gobierno, quien conoce muy bien las reglas del juego. Al ocultarse el sol, también oculta el reloj, los pendientes, la pulsera y el broche, que van a parar a su bolso de mano, al cual se aferra mientras atraviesa la zona. Esta rutina de opereta es cumplida por el millón de hombres y mujeres que desfilan a diario por la ciudad aproximadamente el 43 porciento de la población-. Las señoras abrazan sus carteras, y los señores, cada cierto tiempo, palpan su billetera para verificar que aún esté a salvo en sus bolsillos. Y quien camina distraído, es permanentemente amonestado por los transeúntes, quienes le advierten que "es un pecado" salir con relojes, cadenas, anillos y demás objetos, o descuidar cualquier paquete.
Al parecer, quedaron atrás los gloriosos y engominados años cuarenta cuando al caer la tarde, los ciudadanos, las amas de casa, las familias con frondosos abolengos, los comerciantes, los empresarios, y los empleados caminaban sin afanes y tomaban "el algo" en los cafés de céntrica avenida. Diariamente, según cálculos de la Policía Metropolitana, ocurrens 250 raponazos. Desde la Estación de La Candelaria, 210 agentes, repartidos en tres turnos, hacen lo imposible por mantener el orden. Sin embargo, como dice Sergio Betancur, gerente del Centro de la Ciudad cargo que fue creado hace cuatro meses por el alcalde Luis Alfredo Ramos, "los malos nos han ganado lapartida".
No obstante, el equipo del Alcalde -más parecido a un grupo de alto vuelo dentro de una multinacional estadounidense (con máquinas de fax, computadores portátiles, modernos equipos de conferencias y bolígrafos Mont Blanc en los escritorios)- ha decidido jugársela toda. Valerse de estrategias no tradicionales en Colombia para "hacerle cirugía de corazón" a Medellín. Es parte del Plan de Intervención del Centro, al que se ha sumado la Cámara de Comercio como socio activo. Para ello, la administración municipal ha determinado autorizar la contratación de firmas de seguridad privada para vigilar y hacer cumplir las normas sobre espacio público. "No es una autodefensa dice Alvaro Vásquez. Es una forma distinta de comenzar a ganar terreno frente a la proliferación de venteros sin licencia, ladrones, indígentes y violadores de las normas de tránsito ".

ALGUIEN NOS MIRA
El programa más agresivo lo puso en marcha hace tres meses la Secretaría de Gobierno. Y consiste en algo, sin duda, novedoso: la filmación de zonas-candela. Se trata de colocar cámaras escondidas en diferentes sitios de la ciudad para observar cómo actúa la delincuencia y tomar acciones efectivas en combinación con las autoridades.
Para empezar, un ojo humano... y, al frente suyo, el visor de una cámara. Un empleado al servicio de las autoridades, a veces acompañado por un asistente y algunos representantes de la Fiscalía, se ubica en cualquier lugar oculto de las ollas medellinenses. Su misión es filmar toda suerte de fechorías cometidas por los modernos forajidos: venta de drogas, atracos callejeros y cuanto acto al margen de la ley ocurra frente a la lente para grabarlo. El objeto dc esta producción no es un documental o filmar escenas cinematográficas, sino tener un material de análisis. Gracias al estudio de estas grabaciones se han deseubierto sitios estratégicos y el modus operandi típicos para el atraco en las calles de la Zona Blanca, como se ha denominado la parte más céntrica de la ciudad: el seguimiento de los mal hechores a la víctima, el abordaje arma en mano o por simple agilidad manual, la entrega de sus pertenencias por parte de la víctima, el almacenamiento del botín en chazas y demás puestos estacionarios entre los gritos, y, por último, la entrega de la mercancía a los reducidores, en transacciones que muchas veces no escapan a la vista de los transeúntes.
Así, una vez aprendida la lección sobre el funcionamiento de las bandas de delincuentes, la identidad de sus integrantes y la relación que existe entre ellos, los indigentes y los venteros, se tomarán las acciones respectivas. Los policías y la Fiscalía Regional de Antioquia tienen las imágenes en su poder y han abierto varias investigaciones. "Muchas veces la policía confiesa estar frenada por la falta de pruebas -dice Betancur-.
Pues aquí se las estamos ayudando a conseguir con este operativo de inteligencia".
LA RECETA FRANCESA
Para implantar y mejorar este sistema, el alcalde Luis Alfredo Ramos, en compañía del director del Departamento de Planeación Metropolitana, Alvaro Vásquez, visitaron París para estudiar el sistema de vigilancia electrónica empleado por la municipalidad.
Posteriormente, funcionarios de la Sociedad Comercial de Bienes y Servicios del Ministerio del Interior de Francia (Sofremi) viajaron hasta Medellín e hicieron una evaluación de las necesidades de la ciudad. En este momento hacen falta las últimas puntadas para que el sistema se ponga en marcha.
El 22 de septiembre pasado llegó al escritorio del Alcalde la propuesta francesa, cuyo costo está entre ocho y 10 mil millones de pesos. "Aquí ya tenemos el respaldo del Concejo de Medellín para endeudarnos y satisfacer uno de los reclamos más urgentes de la ciudad: la seguridad", dijo Betancur.
Los ojos biónicos que instalaría Medellín parecen extraídos de una película de James Bond. Tienen una capacidad de giro de 360 grados, lentes y micrófonos de aproximación que permiten hacer lectura visual y auditiva a distancia, e interconexión permanente a través de un sistema intersatelital de comunicaciones entre todas las autoridades competentes: Policía, Ejército, bomberos y annbulancias. "Porque de nada nos sirven todos estos ojos si quienes los manejan no pueden coordinar acciones de cierre de vías y detección de delitos en marcha", agrega Vásquez.
Una vez examinada la propuesta, y medidos sus efectos para la ciudad, el gobierno francés ayudará a financiar el montaje, en parte porque le conviene. "La instalación de estos equipos en la ciudad más violenta del mundo es un punto positivo para el mercado d su sistema", dijo a SEMANA una fuente cercana de las negociaciones.
Así, en muy poco tiempo el ojo humano será reemplazado por una muy bien tejida red de cámaras automáticas que vigilarán todo cuanto suceda en las calles céntricas de la capital antioqueña. Con la implementación de este revolucionario sistema francés, Medellín se convertirá en una de las primeras ciudades latinoamericanas en combatir la inseguridad al estilo del siglo XXI.

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