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Ansiedad, bulimia, falta de atención y depresión: los problemas de los niños hoy

Según Annie Acevedo, las nuevas generaciones tienen desafíos en la crianza diferentes a las anteriores. La experta en neuropsicología, señala la importancia de que los padres conozcan cuales son para educarlos mejor.

Los niños y los jóvenes de hoy son muy diferentes a los de hace una década. En los últimos años hemos visto un aumento notable de niños con problemas de aprendizaje en general. También hay un incremento notorio en desórdenes emocionales como la anorexia, la bulimia, la enfermedad bipolar y síndromes nuevos como el autismo de alto funcionamiento, donde el niño presenta características autistas pero tiene buenas habilidades intelectuales.

Hay desórdenes comportamentales por doquier al igual que desórdenes psiquiátricos varios, como son las psicosis, el desorden obsesivo compulsivo y la depresión. Asimismo encontramos que uno de cada cinco niños presenta cuadro de ansiedad, un tema tan relevante que revistas prestigiosas de Estados Unidos le ha dedicado ya dos portadas. Estudios serios hechos indican que el aumento en estas condiciones podría tener su origen en los cambios en la alimentación, específicamente en el exceso de químicos y colorantes en las comidas y en la abundancia de hormonas en los pollos y en otros alimentos.

Esto ha afectado el desarrollo hormonal en los jóvenes y por consiguiente ha ocasionado una pubertad prematura. La drogadicción en los padres también parece haber causado pequeñas alteraciones en los cromosomas, lo cual resulta en desviaciones en el desarrollo de los cerebros de los pequeños. En fin, se ha establecido una correlación entre toda la contaminación ambiental y problemas de desarrollo en los niños.

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Las expectativas que sienten los jóvenes de hoy, que buscan aprobación de manera constante e inmediata, podría estar detrás de los casos de ansiedad. Expertos de Harvard señalan que los Millennials fueron criados con la idea de que todo es rápido, fácil y divertido. Hoy se están estrellando con el mundo laboral, donde la sociedad les está exigiendo que trabajen y hagan un esfuerzo constante, el cual no están acostumbrados a hacer. Esto para ellos es percibido como un fracaso y no como un reto, lo cual hace que terminen derrotados, posiblemente deprimidos, al sentir que ellos no solo no pueden, sino que tampoco son los protagonistas de todo, como esperaban.

La estimulación constante de la tecnología y las redes sociales también han tenido un efecto algo negativo en el desarrollo de áreas como la atención continuada, la autoestima, el estado de ánimo. Aún más, parece tener efectos adictivos. Los niveles de atención se han vuelto más cortos y más dispersos. Igualmente, se ha comprobado que el uso diario y prolongado de las redes sociales produce depresión, sobretodo en los adolescentes. La exposición continua a nuevos y múltiples estímulos ha hecho que la dinámica de los cerebros de esta generación sea diferente.

Es importante que educadores y padres tomen nota de los cambios que se están dando, pues no podemos pretender formar bien si desconocemos las nuevas necesidades que tienen nuestros jóvenes. Debemos estar a tono con lo que sucede para verdaderamente formarlos. Hay que aceptar que estos niños son más rápidos verbalmente y sensibles emocionalmente y su desarrollo y conocimiento es más veloz de lo que fue antes. Esto parece no tener revés.

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La sexualidad es un buen ejemplo. Nuestros jóvenes están expuestos a ella desde muy temprano y nosotros debemos estar al tanto para poder ayudarles a resolver dudas e inquietudes.  Como maestros que somos tenemos que utilizar herramientas ágiles y atractivas que nos permitan entrar a su mundo. Si ustedes no les hablan de sexo a sus hijos, el internet lo va a hacer por ustedes, y no será de manera adecuada, sino posiblemente a través de ideas erradas y desviadas de la normalidad.

Los colegios también van a tener que aceptar que en un salón de clase habrá niños con “necesidades especiales”. El niño que aprende de la manera tradicional es cada vez más difícil de encontrar. La pedagogía va a tener que hacer una profunda reflexión alrededor de estos cambios y adaptarse a estos “nuevos estudiantes”, que son más inquietos físicamente, tienen una forma de atender única y una manera de ver el mundo más desconfiado y se benefician de todo lo “multisensorial”. Atrás quedaron los días de la clase magistral. Ahora hay que tener clases donde se hagan cosas prácticas y se promuevan experiencias significativas para que el joven sienta una conexión con su realidad. Se sabe que el cerebro aprende mejor cuando ve o siente un propósito de aplicación en su vida diaria.

Otros métodos efectivos para aprender son enseñarle a otro lo que uno acaba de aprender, usar analogías y metáforas, y estimular el trabajo en equipo ya sea en un escrito o en un proyecto. Las cinco C’s necesarias para que los estudiantes del siglo XXI triunfen son: comunicación, colaboración, creatividad, pensamiento crítico y compromiso. La tecnología ha impactado negativamente estas cinco destrezas, especialmente la creatividad.

Ojalá podamos también corregir un poco los hábitos de vida con respecto a la nutrición del cuerpo y del alma, donde deben prevalecer valores pro sociales Eso ayudaría mucho. Pero por otro lado, este es el mundo en que ellos viven, donde la realidad ya es otra. Es un mundo rápido con todos los atropellos que deja la velocidad. Reflexionemos un poco y veamos si estamos o no adaptándonos a lo que sucede. ¡Informémonos y actuemos!

@annieacevedo