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| 6/13/2004 12:00:00 AM

Cóndores no liberan todos los días

Seis nuevos huéspedes llegaron a las montañas de Boyacá para quedarse. Este es un nuevo paso en el programa de recuperación de uno de los símbolos patrios de Colombia.

Cóndores no liberan todos los días Pareja de cóndores en edad adulta. Se caracterizan por su plumaje negro y azul y su imponencia.
En el páramo de Siscunsí, en Sogamoso, a 3.750 metros de altura se dieron cita más de 300 personas para ver la liberación de seis cóndores andinos criados en cautiverio. Al medio día del sábado 5 de junio (Día del Medio Ambiente)

y bajo una llovizna helada y fuertes vientos fue retirada la malla que les dio paso a la libertad. Todos salieron inmediatamente de la cueva a la plataforma donde lograban ver el gran abismo en el que aprenderán a volar y a conseguir su comida. Cuatro hembras y dos machos tendrán un año para adaptarse. Si sobreviven durante este tiempo el proyecto en esta zona será un éxito.

Los cóndores llegaron en abril de 2004 a este páramo luego de una cuarentena que les garantizó a los expertos que los ejemplares se encontraban en buen estado. Cinco de ellos fueron donados por el zoológico de San Diego, California, y una de las hembras nació en el zoológico de Cali en el marco del Programa Nacional de Reproducción del Cóndor Andino. La cóndor caleña es el primer proceso de crianza artificial realizado en Colombia. La incubación duró 56 días y desde que nació fue criada por títeres con forma de cóndores para evitar el contacto con humanos, sus mayores depredadores y responsables de que la especie se encuentre en vías de extinción.

Detrás de todo el programa a escala nacional está el veterinario Orlando Feliciano, de 36 años, miembro fundador de la Fundación Bioandina Colombia, quien ha venido trabajando desde hace 15 años con estas aves. Este hombre aguanta bajas temperaturas, cambios de clima repentinos y vive en condiciones adversas, muchas veces sin baño, y caminando diariamente entre humedales y frailejones para recuperar animales silvestres. Sus manos llenas de cicatrices muestran una vida de dedicación a un oficio que hasta hace muy poco empezó a ser reconocido en el país.

Desde un cuarto helado construido en madera y cemento, con vista panorámica a la laguna de Siscunsí, con ropa, cobijas y cama húmedas, Feliciano coordinó el taller de guardacóndores dirigido a la comunidad. Se encargó también de la adaptación de los animales a su nuevo hábitat, les instaló transmisores y dos etiquetas plásticas con el número que los identificará para el seguimiento y les consiguió su comida favorita: fetos vacunos regalados o vendidos en los mataderos al amanecer.

Durante el próximo año la comida les será puesta estratégicamente hasta que hayan aprendido a conseguir el alimento por sí mismos. Con un equipo de radiotelemetría, donado por el zoológico de San Diego, se les hará un seguimiento para la investigación. El monitoreo, que incluye el trabajo de la comunidad, es una de las fases más importantes. "Colombia tiene el mayor índice de supervivencia de cóndores que han nacido en cautiverio en el mundo gracias al trabajo de la población", dijo Orlando Feliciano.

En este caso, el guardacóndores Isidro Flores, de 40 años, ha desempeñado una función muy importante. Don Isidro es el líder del proceso en la comunidad campesina de la vereda de Las Cañas, Sogamoso, donde se encuentra el páramo de Siscunsí. Fue contratado por el municipio para cuidar los cóndores luego de ser el más destacado alumno del taller financiado por Corpoboyacá. Con tercero de primaria, don Isidro ha sido un hombre emprendedor que ha aprovechado al máximo todos los cursos dictados en su región. Vive con su esposa y tres hijos a 3.200 metros de altura, un clima que no respeta ni las capas de plástico, según relata. Su actividad principal por tradición es el cultivo de papa, pero acepta que no tiene mucha suerte con este tubérculo, así que prefirió dedicarse a los cóndores. La meta es llegar a liberar 24 ejemplares.

La repoblación

En mayo de 1989 fueron donados los primeros cinco ejemplares machos por el zoológico de San Diego, gracias al convenio entre el zoológico y el Inderena, entidad encargada del tema ambiental antes de la creación del Ministerio del Medio Ambiente. Estos cóndores fueron liberados con éxito en el Parque Nacional Chingaza. Hasta hoy 57 cóndores han sido donados a cambio de información que les permita recuperar los cóndores californianos que también se encuentran en vías de extinción. "En los años 80 quedaban tan sólo 27 ejemplares silvestres, los cuales fueron capturados y llevados a cautiverio con el fin de obtener polluelos para repoblar los sitios donde ancestralmente existieron. Gracias a esto empezaron a apoyar el proyecto en Suramérica", dijo Feliciano a SEMANA.

Cinco más han nacido en el zoológico de Cali, y existe una adulta en cautiverio que entrena a varios polluelos cuando llegan a Colombia. Con los cóndores silvestres la suma total de esta especie en Colombia está entre los 130 y 150 individuos. La idea es que en 10 años se logre completar los 200. La meta más a futuro es que la ruta del cóndor se restablezca y se vuelva a conectar la especie desde la Sierra Nevada de Santa Marta, hasta Chile, que los genes se mezclen desde los puntos de liberación para lograr realmente la recuperación de la especie. Para esto se han escogido lugares estratégicos en Colombia que permitan esta unión.

Hasta ahora se ha logrado repoblar con éxito cuatro núcleos en Los Andes colombianos. En el Parque Nacional Chingaza, en Meta y Cundinamarca; en el Parque Nacional Los Nevados, en Caldas, Risaralda, Tolima y Quindío; en los resguardos indígenas de Puracé en el Cauca y Chiles, en Nariño; y recientemente en el páramo de San Cayetano, en Guayatá, Boyacá, y en el páramo de Siscunsí, Boyacá.

Emblema nacional

Para los antepasados indígenas el cóndor era símbolo de luz, mensajero del sol que sacó de las tinieblas a la humanidad. Era llamado Señor de los Nevados, y Padre de las Alturas. Durante la Conquista relacionaron a este necrófago con lo sucio, feo y agresivo y lo hicieron responsable de la muerte de animales e incluso de niños, sin detenerse a pensar que no posee garras lo suficientemente fuertes como para hacerlo. Fue así como empezó la caza indiscriminada de estos animales. En 1834 se convirtió en emblema nacional de libertad y soberanía, pero seguían siendo exterminados para usar sus partes como amuletos, para hacer pócimas curativas o simplemente como deporte.

Los cóndores son animales carroñeros que cumplen una función vital en la limpieza del medio. Gracias a ellos desaparecen los animales muertos que podrían producir infecciones y enfermedades a los humanos y a otros animales. Tienen una gran capacidad visual y son el ave voladora más grande y pesada del mundo. Llega a vivir hasta 60 años o más y en la edad adulta puede medir tres metros con las alas extendidas y pesar hasta 15 kilos.

Una vez escogen su pareja, los cóndores se quedan con ella para toda la vida y se encargan de cuidar a sus crías. La hembra pone un huevo cada dos años y juntos lo calientan por lo menos durante dos meses para que se desarrolle. Cuando nace lo cuidan y a los 6 meses de edad le enseñan a volar y a detectar su alimento para que, cuando cumpla 2 años, esté preparado para independizarse y sobrevolar la cordillera de Los Andes con otros jóvenes. A los 7 años llegan a su edad adulta y están listos para conformar una nueva familia.

"El cóndor convoca y vence límites humanos. Es la imagen emblemática de América Latina y unió a Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina en la lucha para la recuperación de la especie. Estados Unidos y Cuba también colaboran en el proyecto. En 1994, Cuba donó a Venezuela la cría de la pareja de cóndores que permanecen en el zoológico de La Habana y lo llamó 'Combatiente", dijo Feliciano.

Y no hay duda de que los cóndores convocan. El día de la liberación en el páramo de Siscunsí, camionetas todo terreno con personalidades políticas de Boyacá, escoltas, directores de corporaciones y periodistas subieron por la montaña alborotando el barro propio de la época de lluvias. Los choferes maniobraban con las cabrillas para no salirse del estrecho camino que bordeaba los abismos mientras los campesinos de las veredas vecinas y los estudiantes recorrieron la misma vía empantanada durante dos horas.

Muchos estaban sorprendidos al ver las 30 camionetas que subían en caravana y la cantidad de personas que atrajo el evento. Todos estaban allí reunidos para ver la liberación en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente. Al llegar a la cima todos querían estar en primera fila. Los expertos, entre biólogos y veterinarios, no ocultaban su desilusión y desespero ante una multitud que en algún momento parecía ser una amenaza que a veces se perdía entre la neblina que llegaba en grandes oleadas. Al final todos vieron a los cóndores libres y el mal clima se encargó de devolver a todos los invitados al lugar de donde vinieron. Entonces los cóndores pudieron volar en paz.

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