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La rebelión de las canas: ¿qué tan útil es aislar a los adultos mayores?

Cuánto durará el encierro de los mayores de 70 años se ha convertido en un debate mundial. Incluso algunos países han tenido que revertir sus estrictas medidas. En Colombia, ya muchos muestran su rechazo.


La rebelión de las canas llegó a Colombia. Al acercarse el 31 de mayo, fecha decretada como fin de la cuarentena, se está presentando en el país una sublevación de los mayores de 70 años para que el Gobierno de Iván Duque no les extienda el tiempo de encierro. El movimiento es universal y comenzó en Francia, cuando el Gobierno señaló en abril que los de esta franja de edad, que suman 18 millones de habitantes, serían los últimos en salir de la cuarentena. Al día siguiente Alain Minc, un reconocido empresario francés y allegado al presidente Emmanuel Macron, se fue lanza en ristre y señaló que tomar ese riesgo estaba dentro de las libertades personales de cada ciudadano. Ante las protestas, el presidente tuvo que recular y asegurar que apelaría a la responsabilidad individual.

Los adultos mayores de otros países se han ido uniendo al clamor en la medida en que sus gobiernos han propuesto medidas similares. En Gran Bretaña, el anuncio ha causado tal estupor que algunos prefieren arriesgar ir a la cárcel a verse despojados del derecho a movilizarse. En este lado del Atlántico, la rebelión ha tenido focos en Argentina, donde la sociedad de geriatría de ese país manifestó que los viejos no eran débiles mentales. Mientras tanto en Colombia, varios columnistas, como Daniel Samper Pizano, manifestaron su inconformismo por estar “enjaulados por decreto”. Alemania no cayó en esta insurrección porque antes de que protestaran, la canciller Angela Merkel, de 65 años, aseguró que no permitiría esa medida discriminatoria.

En la medida en que el SARS-CoV-2 se ha extendido en el mundo, muchos países han visto que algunos jóvenes también pueden morir de esta enfermedad.

El eje del debate es si debe primar la autonomía de los mayores o el riesgo que corren ante la epidemia que, como todo mundo sabe, ha sido implacable con ellos. Los rebeldes argumentan que no son un problema para la sociedad, pues no generan mayor índice de contagio y creen que pueden tomar sus propias decisiones para protegerse sin necesidad de la intervención del Estado. En el otro lado, la protección de los ‘abuelitos’ de Duque no es tanto una solidaridad humanitaria con los ancianos, sino una preocupación real por el desbordamiento de la capacidad hospitalaria. Al ser el grupo de más alto riesgo, podrían quitarles las camas a los más jóvenes. Hasta ahora, la capacidad de las UCI no se ha visto desbordada como en otros países.

La edad: un factor de riesgo

En un comienzo las estadísticas de Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia, mostraban que a mayor edad, más alto el riesgo de morir por covid-19. Muchos, entre chiste y chanza, ven la pandemia como la parca actuarial, que al ensañarse con los más viejos parecería enviada para cortar con los costos que ocasiona el envejecimiento de la población mundial.

Pero las estadísticas también mostraron que ciertas condiciones subyacentes, como la hipertensión, la diabetes y los problemas coronarios aumentan el riesgo. Estas condiciones no son exclusivas de los mayores de 70.

Por eso, en la medida en que el SARS-CoV-2 se ha extendido en el mundo, muchos países han visto que algunos jóvenes y los enfermos de estos males y otros sanos también pueden morir de esta enfermedad.

A pesar de eso, no hay duda de que en el mundo esta situación mata más a las personas mayores. Y para demostrarlo, solo hay que ver las estadísticas de Colombia y del mundo. En el país han llevado la peor parte los que están entre 70 y 79 años, cuyo porcentaje de muertos es de 27 por ciento. Pero a la franja anterior, entre 60 y 69 años, no le ha ido mucho mejor, pues carga con 24,3 por ciento de mortalidad. Las personas entre 90 y 99 años han muerto menos (5,5 por ciento) que los de la franja entre 40 y 49 (8,2), pero esta diferencia podría explicarse precisamente porque el encierro en esa población de mayor riesgo ha sido efectivo.

Estas cifras demuestran, por lo tanto, que “después de los 60 años esto es violento”, según Carlos Cano, geriatra y defensor de la medida de que los adultos mayores sean protegidos con aislamiento preventivo.

Para la psicóloga Elisa Dulcey, del Centro de Psicología Gerontológica, detrás del debate sobre autonomía y responsabilidad hay una carga enorme de estereotipos. Además de llamarlos ‘abuelitos’ y creer que no tienen criterio para decidir, los tratan como discapacitados. En su columna, Samper Pizano menciona que incluso el Dane refleja esa visión de la vejez, pues para divulgar sus cifras representa a los adultos menores con cuerpos esbeltos y fuertes, y a los mayores, encorvados y con bastón, lo cual refleja estos clichés, pero no la realidad. En efecto, muchos de los cuatro millones de personas mayores en Colombia viven vidas saludables, activas e incluso aún trabajan y hacen un aporte invaluable a sus comunidades.

En ese sentido, reclaman que las medidas que han tomado los gobiernos se enfocan exclusivamente en la edad, una discriminación no muy diferente a hacerlo por raza o por género.

En países como Colombia, donde suelen convivir varias generaciones de la familia, aislar a los mayores no tiene sentido, pues otros miembros más jóvenes que salen a la calle podrían contagiar a sus familiares.

Para el empresario y columnista Ricardo Villaveces ha sido un grave error no entender que en este grupo de los mayores de 70 no todos son frágiles y desvalidos. En su columna ‘Detención domiciliaria’ dice que no son iguales las condiciones de alguien en sus setentas que se encuentra en buen estado físico a otra en sus noventas que está en un hogar para adultos mayores y requiere asistencia. A pesar de eso, la medida vigente “les da el mismo tratamiento y con ese antipático término de ‘abuelito’ que hay que proteger”, señala. Tampoco resulta justo que un individuo mayor de 70 años saludable tenga que estar encerrado mientras uno de 40, obeso y fumador puede salir a sus anchas.

Cano explica que el problema de la vejez es que está asociada con la inflamación que, según él, “es un factor importantísimo en esta pandemia”.

Sin embargo, en la medida en que se conoce más del virus, esta noción podría cambiar. Hace poco, los expertos, motivados por un estudio que encontró que ser obeso también es un alto riesgo, cuestionan si no será mejor aislar a la gente por otras variables como el peso. En un estudio que adelantan investigadores de la Universidad de Brown se ha observado que los pacientes de la covid-19 con índice de masa corporal (IMC) mayor a 35 llegan más a las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y aquellos con IMC de 30 con problemas cardiacos tienden más a requerir respiradores.

No hay suficientes datos hoy, pero sabemos que existen factores en común entre la edad y la obesidad. En ambos casos el sistema inmune no funciona bien”, señaló Philip Calder, experto en inmunología de la Universidad de Southampton, al diario The Daily Telegraph. Así las cosas, en el futuro cercano a los mayores en cuarentena habría que sumar a los obesos.

Otros creen que en países como Colombia, donde suelen convivir varias generaciones de la familia, aislar a los mayores no tiene sentido, pues otros miembros más jóvenes que salen a la calle podrían contagiar a sus familiares al llegar a casa. Por eso consideran que el aislamiento debería tener lugar en casas separadas a la de generaciones más jóvenes, algo que pocos podrían costear.

La soledad también mata

Los rebeldes de las canas también argumentan que el encierro tiene consecuencias graves en la salud mental. Después de dos meses de aislamiento por la cuarentena, muchos estudios indican que la población en general sufre síntomas que van desde estrés hasta cuadros de depresión y ansiedad . En Inglaterra, los mayores de 70 años los sienten más.

"Estoy dispuesto a firmar que renuncio a un cupo en la UCI. Prefiero menos vida con más vida en vez de más vida con menos vida”, Daniel Samper Pizano.

Algunos expertos en cáncer dicen que la falta de contacto social entre los mayores, muchos de los cuales tienen enfermedades oncológicas, podría generarles tal sufrimiento psicológico que los llevaría a perder el deseo de vivir. “Los viejos, las viejas se mueren de no ver a sus hijos, a sus hijas, a sus nietos, de no tener ningún contacto con el exterior y vivir como una clase de parias de la sociedad”, dice Florence Thomas en su columna ‘La tristeza también mata’.

Las medidas en Colombia han mostrado resultados positivos, pues ha habido menos muertes de las esperadas. Cano es consciente de las consecuencias en la salud mental que el encierro genera en los mayores y por eso considera importante buscar alternativas para que esta población acepte y entienda la importancia de pasar este tiempo de encierro con mayor facilidad. A la vez, piensa que hay que buscar excepciones particulares para permitir a la población adulta mayor salir con todas las medidas preventivas y en horarios especiales.

A pesar de la importancia de la medida de mantenerlos indefinidamente encerrados, en Colombia podría tener la misma suerte que en los otros países. Y aunque muchos han optado por asumir el tiempo del encierro para leer, escribir, dar conferencias y otras tantas actividades, lo importante, según Dulcey, es respetar su libertad y autonomía. “Que no se nos trate como menores de edad y menos como personas sin identidad. Dizque abuelitos. ¡Qué tal!”. Falta ver si el Gobierno escucha sus protestas. 

Hablan los mayores

Daniel Samper Pizano: “Estoy dispuesto a firmar que renuncio a un cupo en la UCI (...) Tengo 74. Prefiero menos vida con más vida en vez de más vida con menos vida”.

Humberto de la Calle: ”Y, ¡cuidado, jóvenes! en tiempos de virus,la muerte acecha. Es una compañera permanente. La parca tiene el vicio de no respetar la fila. Cuando el médico compugido le dijo a Adriano: ‘Emperador sus dias están contados’, él repuso: “todos los tenemos contados desde el principio’”.

Moisés Wasserman: “Los mayores de 70 no somos más infectivos que otros, no ponemos a nadie en peligro mayor, solo estamos en más alto riesgo. Si fuera una medida que disminuyera la epidemia bien, si es para protegerme, creo que a esta edad debería tener el derecho a decidir”.

Ricardo Villaveces: “¿Será que a una inmensa cantidad de personas a quienes hoy nos tienen detenidos no tendremos el criterio y el sentido común para cuidarnos sin necesidad de que nos obliguen a encerrarnos?”

Florence Thomas: “Y, sí, hoy existe una especie de infantilización (qué tal los ‘abuelitos’ de nuestro Presidente) y discriminación de todos nosotros y nosotras los viejos. Nos parece vivir una especie de arresto domiciliario”