La neonatóloga Adriana Fajardo dice que el covid convirtió los hospitales en un témpano de hielo. | Foto: Juan Carlos Sierra

INFORME ESPECIAL

"El bebé sangraba, pero no sabíamos que el covid se transmitía en el útero"

La neonatóloga Adriana Fajardo describe cómo ha vivido la angustia de atender a niños y recién nacidos durante estos meses, cuando aún no está del todo claro cómo ataca el virus a esta población.

1 de agosto de 2020

La covid volvió un témpano de hielo a las unidades de cuidados intensivos. Nunca ha sido un trabajo fácil, pero a pesar de que allí se juega la vida cada instante, los médicos vivíamos una cierta camaradería. Eso ya no existe. Con la covid, en esas salas se siente el miedo, la angustia, la soledad. Ya no hay forma de tomarse un café con alguien en esos turnos largos que tenemos, no hay una conversación, no hay nada. A veces el cansancio está represado en todo el equipo de protección que uno lleva puesto, en las marcas que quedan sobre la piel cuando acabamos rendidos.

Mi trabajo ha sido especialmente difícil. Soy pediatra, pero estudio para ser neonatóloga. Es decir, la especialista en el cuidado intensivo de los niños más pequeños, los recién nacidos. El primer contacto que tuve con el coronavirus fue de repente, sin aviso. Un día en una de las clínicas en las que trabajo me llegó un bebé, con dificultad respiratoria, intubado. Su gravedad era inexplicable para mí.

Estaba tan mal que me tocó volverlo a intubar. De repente comencé a ver que el bebé sangraba por el tubo, algo que es muy raro. En ese momento se decía que el coronavirus no se transmitía al feto en gestación, entonces era imposible para mí que lo tuviera. El niño había nacido hacía muy pocos días y la verdad no entendía cómo podía haberse contagiado.

Al bebé se le hizo todo el estudio. El pulmón era raro, se veía blanco como cuando ha sufrido días de una dura neumonía. Respiraba rápido, se ponía azul, le dábamos medicina pero no mejoraba. Antes teníamos cánulas para poder darles mayor flujo de oxígeno, pero con la emergencia de covid eso se prohibió porque vuelve los gases un aerosol y este se queda en el ambiente. Entonces, ahora es más probable que toque intubar sin intentar otra cosa antes.

Pero el niño tampoco mejoró con el manejo médico, cuando lo ventilé, como no había avanzado el virus, usé el tapabocas normal, las gafas de protección, lo de rutina. Y por su mala evolución decidimos entonces tomarle la prueba: dio positivo para covid-19.

Los resultados no habían salido inmediatamente y para ese momento yo estaba de turno en el otro hospital donde trabajo. Estaba intubando un niño y comencé a oír el celular timbrar con desesperación. Cuando pedí que miraran el aparato había muchísimas llamadas perdidas. Entró de nuevo la llamada y pusimos el altavoz. “Aíslate ya, el bebé salió positivo”.

A mí me dieron escalofríos. Yo tenía otro bebé en mis manos. Me dio pánico. Pensé que no era verdad que le diera a los niños. Pensé en mi esposo que tiene factores de riesgo. Me hicieron la prueba y menos mal fue negativa.

Yo siempre he trabajado en cuidados intensivos, cuidados intensivos neonatales para ser más precisa. A veces me tomo fotos de cómo entro ahora a trabajar. Ni los astronautas. N95, gafas, escafandra, etc. El caso de este bebé que me aterró, ahora comienza a ser lo usual. He tenido muchos casos. Unos más graves que otros. Unos más tristes. Yo ya no voy a trabajar con tranquilidad, trato de estar siempre alerta.

En cuidados intensivos el vínculo que tienes con los pacientes es esencial, para nosotros y para los pacientes y sus familiares. Eso ya no existe. En mi caso, las mamás son todo. Pero ellas ahora, a pesar de que sus bebés acaban de nacer, solo pueden ir una hora al día. Imagínense este drama. Tienen a su niño enfermo y además de todo no lo pueden ver. Ya casi no hay vínculo con los pacientes. Tener a un hijo enfermo no debe ser fácil. Un niño en una unidad de cuidados intensivos ya es muy vulnerable y ahora con las medidas de seguridad y aislamiento más. Esa parte humana con los papás se ha visto muy afectada.

Gran parte de mi tiempo ahora también está en llevar el celular a la cama de cada bebé y hacer videollamadas con las mamás. Siento que es lo que puedo dar de más, para que su dolor no sea tan grande”.