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| 6/6/2002 12:00:00 AM

Cuestión de peso

¿Por qué la gente que pierde peso lo vuelve a recuperar? Un estudio ofrece tres interesantes conclusiones.

Cuestión de peso, Sección Vida Moderna, edición 1049, Jun  6 2002 Cuestión de peso
Son innumerables los casos de hombres y mujeres que después de una dieta para bajar de peso vuelven a recuperarlo con el paso del tiempo. Muchas veces, incluso, llegan a subir más kilos de los que tenían cuando comenzaron el tratamiento. Este fenómeno ,que se ha denominado efecto yo-yo, ha preocupado durante años a los expertos y frustrado a cientos de gorditos que no logran alcanzar la figura que tanto anhelan. Pero un estudio que apareció en el New England Journal of Medicine parece mostrar algunos indicios sobre la razón que yace detrás de este problema.

Todo parece indicar que una hormona gástrica conocida como ghrelin podría tener la culpa. Esta hormona es la responsable de que los seres humanos sientan apetito o lo pierdan. El estudio, dirigido por David Cummings, de la Universidad de Washington, involucró a 28 pacientes y llegó a tres conclusiones. La primera es que los niveles de ghrelin en el torrente sanguíneo aumentan en forma significativa antes de las comidas y bajan después de ellas. Lo anterior quiere decir que ghrelin está involucrada en disparar el deseo de comer en la persona. Aún más, experimentos anteriores han mostrado que una inyección de esta hormona antes de cenar provoca que la gente consuma más de lo que ingeriría normalmente.

La segunda conclusión explica por qué es tan difícil para quienes hacen dieta bajar los kilos de más. Cummings encontró que los niveles de la hormona son más altos entre la gente que ha perdido peso por medio de dietas. “El cuerpo de la persona funciona en su contra cuando trata de perder peso”, dice el director del estudio. Si alguien lo hace por debajo de lo que se considera su ‘peso establecido’ —el cual varía de persona a persona— el metabolismo se adapta para regresarlo a su peso anterior. Lo nuevo que aporta el estudio es que una forma que tiene el organismo de lograr esto es a través de un aumento en esta hormona gástrica.

La otra conclusión tiene que ver con pacientes que se han sometido a cirugías de by-pass gástrico, una técnica que consiste en crear un pequeño estómago dentro del estómago para que la persona sienta una sensación de saciedad temprana y por lo tanto coma menos. Ese pequeño estómago, que se llena con apenas unas cuantas cucharadas de comida, se conecta directamente al intestino delgado, obviando gran parte del recorrido normal del alimento. Como muchas personas con obesidad mórbida, Carolina Trujillo se sometió a esta cirugía en 1995. Pesaba 119 kilos y luego de la operación su vida dio un giro de 180 grados. Hoy pesa 53 kilos y la compulsión por la comida pasó a ser cosa del pasado. Como ella, muchas de las pacientes que se someten a esta cirugía experimentan muy poco apetito, al punto que en varias ocasiones se les tiene que recordar que deben comer. Según el informe de Cummings la gente que se somete a esta operación tiene niveles de ghrelin similares a los de personas con peso normal. Esto sucede porque ghrelin es una hormona que se produce en las células del estómago. Como con el by-pass gástrico gran parte de este órgano se corta del sistema digestivo la producción de la hormona también se reduce.

Pero la importancia del estudio va mucho más allá. Estas conclusiones abren todo un reto para la industria farmacéutica, que al estudiar más de cerca la hormona podría desarrollar un medicamento que aumente el apetito en personas anoréxicas y en pacientes con cáncer. Para el lector desprevenido ghrelin también podría ser una especie de droga milagrosa que pudiera mantener a todos en el peso ideal. No obstante los expertos creen que esto último es menos factible debido a que ghrelin hace parte de un complejo sistema de químicos del cuerpo y del cerebro que controlan el tema del peso y el apetito. “Es muy poco probable que un solo componente de este sistema vaya a ser un agente definitivo”, dice Rudy Leibel, director del departamento de genética molecular de Columbia University. La prueba más cercana es la leptina, una hormona que funciona como supresor del apetito y sobre la cual estaban cifradas las esperanzas de muchos obesos en el mundo. Lo que ha pasado es que, a pesar de los esfuerzos de los científicos, aún no se ha logrado convertirla en un medicamento útil, especialmente porque los pacientes tienden a desarrollar una tolerancia hacia esta hormona.

Aun así los expertos opinan que cuando los científicos hayan descifrado todo ese sistema químico se podrían diseñar drogas para mantener el peso ideal y de esta forma hacer de las dietas y las cirugías drásticas, como el by-pass, un asunto del pasado.

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