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| 8/3/1987 12:00:00 AM

DICEN QUE...

Los gestos corporales hablan más que las palabras

DICEN QUE... DICEN QUE...
Da la impresión de que cada ocho días se publica un nuevo libro sobre el "lenguaje corporal": el de los gestos, las muecas, las posturas. No es así, sin embargo. El interés por el asunto es bastante reciente -de los años sesenta- y sólo en 1971 apareció el primer libro especificamente dedicado al tema: "El lenguaje del cuerpo", de Julius Fast.
Antes no había más que un tratado pionero de Charles Darwin que estudiaba "la expresión y las emociones en el hombre y en los animales". El resto era empirismo de actores y oradores, o ritual de sacerdotes. Y más qué de una ciencia se trataba de una doctrina, puesto que no se refería a los gestos que los seres humanos hacen en realidad sino a los que deben hacer. Abrir mucho los ojos y la boca para expresar espanto, como se sigue haciendo todavía en algunas telenovelas colombianas, por ejemplo. Y todos esos gestos -que no eran muchos- estaban estrictamente codificados y petrificados en los tratados de retórica clásica o en los textos jesuíticos.
Así, alzar el dedo indice al hablar es un ademán reservado para los maestros. Arrancarse los cabellos es gesto sólo para viudas (aunque Rafael Núñez, en el Himno Nacional, se lo atribuya equivocadamente a una virgen). Hablar, como lo hace Ulises en "La odisea", recogiendo las palabras en la mano alzada, sólo para mentirosos.
En los últimos veinte años, sin embargo, se han clasificado cerca de un millón de señales no verbales utilizadas por los seres humanos para comunicarse -o incomunicarse- entre sí. Y se ha establecido que nada menos que el 55% de la comprensión, o incomprensión, entre las personas viene por vía gestual; otro 38% se hace por via vocal (tono, volumen, etc.); y sólo queda un 7% de intercambio verbal. Más aún: cuando son incongruentes o contradictorias la comunicación verbal y la gestual, la que se impone es ésta.
Y con razón. Puesto que el lenguaje del cuerpo, por ser inconsciente, es más difícil de fingir que el de las palabras: hace ya siglos que los filósofos han observado que la lengua se hizo para mentir. Mentir con el cuerpo en cambio es casi imposible, según afirman los especialistas. Porque el lenguaje corporal no es una serie simple de señales aisladas, manejable a voluntad (como las que utilizan, por ejemplo, las parejas de jugadores de bridge), sino toda una estructura compleja y coherente que se ordena en "palabras", "frases" y "puntuación", integrada por centenares de ademanes, actitudes y movimientos de las manos, los hombros, las piernas, la cabeza, los ojos, la respiración, la postura de todo el cuerpo o la orientación que señalan los pies.
Llegar a dominarlo lo bastante como para falsificarlo está fuera del alcance incluso de los profesionales de la mentira. Alan Pease, autor de un "Lenguaje del cuerpo" recientemente publicado en Colombia por la editorial Planeta, cita entre ellos a los abogados, los actores, los anunciadores de televisión, los jugadores de póker y los políticos. Y dice que cuando alguno de estos consigue controlar su propio lenguaje corporal hasta el punto de ser creído por su audiencia, "de él se dice que tiene carisma".
A los demás les aconseja que mientan por teléfono.
A continuación SEMANA ilustra unos cuantos gestos de los enumerados en el libro de Pease, que pueden servir, si no para convertirse en político profesional, por lo menos para no perder mucho en el póker.-
Las mujeres tienen más ardides y habilidades para la "pesca" masculina que cualquier hombre. Para tal efecto, emplean gestos de coqueteria como tocarse el pelo, alisar la ropa, colocar una mano o ambas en las caderas, dirigir el cuerpo y un pie hacia el hombre, largas miradas íntimas e intenso contacto visual. La excitación le dilata las pupilas y le enciende las mejillas. Cuando aparece el hombre, las piernas femeninas se abren más que cuando él no está presente, en un claro contraste con la actitud, típicamente femenina, de defenderse del ataque sexual con el cruce de piernas.
La gente se apoya contra otras personas u objetos para destacar su derecho territorial al objeto o a la persona. Siempre que alguien se apoya contra lo que considera de su propiedad lo hace poniéndole un pie encima o rodeándolo con el brazo. Cuando el individuo toca la propiedad ésta se convierte en una extensión de su cuerpo y así es como demuestra que eso le pertenece.
El respaldo de la silla es el escudo que puede transformarlo en un guerrero dominante y agresivo. Casi todos los que suelen montar las sillas son personas dominantes que tratarán de manejar a los demás. El respaldo sirve como protección contra el ataque de los otros. Quien usa esta posición es discreto y suele adoptarla casi sin que se den cuenta.
Al cruzar uno o los dos brazos sobre el pecho se forma una barrera que, en esencia, es el intento de dejar fuera la amenaza pendiente o las circunstancias indeseables. Cuando una persona tiene una actitud defensiva, negativa o nerviosa, cruza los brazos y muestra así que se siente amenazada. Cuando el oyente cruza los brazos, no solamente tiene pensamientos más negativos sobre el que habla, sino que también presta menos atención a lo que se dice.
La palma cerrada con un dedo apuntando en una dirección. El dedo que señala es uno de los gestos más irritantes que puede hacer una persona mientras habla.
Las manos con los dedos entrelazados, en principio parecería un gesto de bienestar porque la gente que lo usa, a menudo está sonriendo y parece feliz. Pero muchas veces es un ademán de frustración y la persona que lo hace está disimulando una actitud negativa.
Cuando una mano no toma la otra sino la muñeca o el brazo, señala frustración y un intento de autocontrolarse para evitar que con ese brazo se dé un golpe a alguien. Cuanto más indignada se siente la persona, más arriba llevará la mano que toma el brazo.

EDICIÓN 1879

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