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| 8/15/1994 12:00:00 AM

DIVORCIO Y DINERO

Un abogado explica por qué en un proceso de separación, a la hora de la negociación económica, por lo general las mujeres salen perdiendo.

DIVORCIO Y DINERO DIVORCIO Y DINERO
HABLANDO EN PLATA BLANCA, siempre se ha sostenido que durante un proceso de divorcio el hombre es el que sale ganando. Esto no obedece únicamente al hecho de que muchos, en la antesala del divorcio, consiguen insolventarse económicamente para no tener que repartir con su cónyuge los bienes que adquirieron durante el matrimonio. Tampoco a cuestiones legales, pues la ley establece normas precisas y justas. Existen otros factores que hacen que, a la hora de dividir el patrimonio de la sociedad conyugal, las mujeres lleven las de perder. De un lado, una cuestión de tipo cultural que conduce a que -aun cuando los aportes al sostenimiento del hogar son hoy en día más equitativos- prevalezca la creencia de que quien llevó la mayor parte del manejo económico- por lo general el hombre- sea quien merezca quedarse con la mayor parte de los bienes. Pero además de esa idea generalizada, existen otras razones por las cuales en la mesa de negociación del divorcio las mujeres siempre parezcan salir perdiendo en materia económica. Y según los abogados especializados en derecho de familia, esto obedece a que, al hablar de dinero, ellos son fríos y calculadores mientras que ellas se dejan llevar por los sentimientos y las emociones.
Como cualquier negocio de los que se realizan a diario, la liquidación de una sociedad conyugal es en el fondo una transacción comercial concreta. No obstante, la separación de bienes podría catalogarse como el negocio más emocional que una persona tiene que hacer en su vida. Pocos derraman lágrimas por vender un carro, pero desprenderse de un regalo de boda puede generar todo un conflicto emocional que termine en llanto y crujir de dientes. Lo que sucede es que quienes se encuentran en trance de divorcio tienen que decidir cuestiones patrimoniales en medio de una aguda crisis afectiva.
Aunque es inevitable que existan sentimientos y emociones de por medio, la opinión de los especialistas es que su presencia complica el proceso. Sobre la mesa no se ponen solamente cifras, porcentajes y bienes sino también amargura, remordimientos, dolor, ira y deudas afectivas, que muchas veces terminan pagándose con plata. En esas polémicas sobre las cuestiones económicas de la pareja se cuelan también sentimientos que en un momento dado pueden convertir a un esposo en el más intransigente de los negociadores, o llevar a una mujer a dejar de exigir sus derechos legales. De esto dan cuenta los abogados que tramitan estos procesos, quienes señalan que por no espantar esos sentimientos a la hora de hablar de plata, muchas personas llegan a pactar arreglos injustos o desfavorables, de los cuales se arrepienten más tarde.
Los sentimientos de culpa, ira, amargura, remordimiento, desamparo y ansiedad están en mayor o menor medida presentes en cada caso de divorcio. Pero cuando no se controlan, el proceso puede convertirse en una verdadera guerra emocional, en la que ninguno de los dos cónyuges puede ver claramente lo que quiere ni lo que es mejor para su futuro. "Las cuestiones emocionales actúan como trampas en el proceso de separación de una pareja", afirma el abogado Alvaro Pinilla Pineda, especialista en Derecho de Familia, quien expone dos casos tipicos: una persona que siente que durante el matrimonio no recibió suficiente cariño y afecto puede exigir más dinero del que por ley le corresponde, pensando que con ello reivindica todo lo que el otro no le dió en el pasado. O aquel cónyuge que puede sentir tanta culpa por el rompimiento de la relación, podría terminar cediendo muchos de sus derechos.
Obviamente este es un manejo inconsciente que pasa inadvertido para las personas involucradas en el conflicto. Pero en opinión del especialista, si las personas no logran independizar sus sentimientos de los asuntos económicos, las discusiones pueden ser interminables. "Incluso aunque finalmente se obtenga el divorcio, los ex esposos continúan unidos a través de la pelea", sostiene el abogado. En cambio, si se apartan las emociones, es probable que consigan lo que los abogados llaman "un buen divorcio. La cuestión es que los sentimientos están presentes, pero la labor de un abogado o de un conciliador es tratar de que puedan aislar lo que corresponde al negocio mismo". Esto implica ponerse de acuerdo sobre el valor de los bienes y cómo se van a adjudicar. Además, en un proceso de divorcio también se deben decidir cuestiones referentes a los hijos, como la custodia, las visitas y los alimentos. Y aunque parezca imposible, todo ello debe ser hecho con cabeza fría.
Estas son, en opinión de los abogados especializados en Derecho de Familia, las trampas más frecuentes a la hora de hablar de dinero en un divorcio, y los consejos que ellos dan para esquivarlas y facilitar el proceso de separación de bienes.

1. NEGOCIE SIN GOLPES DE PECHO.
Un caso típico de remordimiento es el que se presenta entre las mujeres mayores, quienes por lo general se dedicaron al hogar o cuyas ganancias económicas de su trabajo fueron inferiores a las de sus maridos. Independientemente de lo establecido por la ley, estas mujeres consideran que no merecen recibir mucho y terminan cediendo derechos económicos.
Tambien es muy frecuente encontrar sentimientos de culpa en personas que acaban unilateralmente su matrimonio, ya sea porque se enamoraron de otra persona o simplemente porque se les acabó el amor. El sentimiento de culpa por haber causado el rompimiento del matrimonio les produce la sensación de que no pueden exigir demasiado, o que tienen que negociar en términos muy generosos para remediar, en cierta medida, el daño causado. "La generosidad es una forma de expiar la culpa y de exhibir esa expiación", explica el abogado. No obstante, señala que este es un sentimiento que se debe manejar con la ayuda de un terapeuta o un sicólogo para que no interfiera en los acuerdos del divorcio.

2. NO PERMITA QUE SU EX CONYUGE SIGA MANEJANDO SUS INTERESES ECONOMICOS.
Es muy común dentro del matrimonio que, aunque ambos contribuyan de la misma manera al sostenimiento del hogar, uno sea el encargado de las finanzas. Por lo general, el hombre. Y si bien, a todas luces, en el momento del divorcio esta sería la persona menos indicada para administrar el dinero del otro, es un hecho muy continuo en nuestro medio. Especialmente cuando se trata del divorcio de matrimonios donde la mujer ha tenido el papel tradicional de esposa, dedicada al hogar y dependiente del marido. "Muchas mujeres mayores prefieren que el ex marido les siga enviando 5OO.OOO pesos mensuales, que recibir 50 millones que les corresponden por derecho. Y terminan cediendo su patrimonio a cambio de una pensión alimenticia mensual de por vida", sostiene el abogado.
El sentimiento de desprotección las lleva a querer que su situación no cambie, y seguir dependiendo económicamente del ex marido, sin pensar que con ello se corre el riesgo de salir perjudicadas, porque el otro puede actuar pensando únicamente en sus propios intereses. "En algunos casos las mujeres no solo quieren que él les siga manejando el patrimonio sino que exigen que haga todas las gestiones del divorcio -añade Pinilla Pineda-. Aunque esas decisiones hay que respetarlas, lo que uno aconseja es que, en caso de que necesiten apoyo o asesoría en términos de dinero, recurran a su propia familia".

3. NO CONTRATE EL MISMO ABOGADO
Conseguir un solo abogado que maneje el proceso de divorcio es una decisión acertada cuando los dos cónyuges ya han acordado todo lo referente a la partición y adjudicación de los bienes, y las cuestiones referentes a los hijos. También cuando no hay hijos ni bienes, ya que quedan muy pocas cosas qué definir. Pero en otras circunstancias contratar a un mismo asesor puede llevar a situaciones desfavorables para alguno de los dos. En especial, porque se corre el peligro de que uno de los cónyuges tienda a hacer alianzas con el abogado para lograr beneficios. El consejo de los especialistas es que, cuando una de las partes, percibe o siente que el, profesional que maneja el negocio en nombre de los dos está parcializado, contrate a uno diferente. Tener un asesor propio da mucha más seguridad, ya que permite consultar con absoluta libertad odas las dudas y pedir diversas sugerencias sobre qué hacer en determinado caso que se presente.

5.EVITE LOS ARREGLOS ULTRARAPIDOS
El divorcio es un proceso doloroso e incomodo y cualquier persona procura salir de él en el menor tiempo posible. Sin embargo, por ser un proceso que involucra emociones, la negociación de cada uno de los puntos debe hacerse con la debida calma. El tiempo es importante porque los sentimientos se deben decantar para dilucidar cuáles son los verdaderos intereses y qué es lo más conveniente cara cada uno. "Las negociaciones precipitadas pueden llevar a arreglos que no responden a las verdaderas necesidades de las partes sino a respuestas emocionales", dice el abogado.

6.EVITE UN PROCESO MUY PROLONGADO
El caso contrario es otro vicio en el que suelen caer las parejas. Generalmente se presenta en personas que tienen gran dificultad para romper la relación definitivamente.
Muchos cónyuges que sienten temor por la decisión, optan por la pelea como el único medio para seguir unidos: discuten cualquier nimiedad, nunca están de acuerdo, exigen cada vez cosas diferentes, y el proceso se vuelve interminable. El caso típico -explica Pinilla Pineda- se da cuando un esposo quiere el divorcio y el otro, no. Entonces aquel que no quiere divorciarse exige cuestiones francamente imposibles y cambia siempre de parecer con el único fin de poner obstáculos y lograr que el proceso disminuya su ritmo.
Esta dificultad de desvincularse puede incluso seguir después de que ha salido la sentencia del divorcio. Aunque ya esté definida la cuestión económica y todo lo relacionado con los hijos, algunos cónyuges continúan adelantando procesos y demandas -de custodia, de régimen de visitas, de alimentos- para seguir ligados a la otra persona. "Hay casos de parejas que después de obtenido el divorcio siguen generando conflictos haciendo eternos los procesos judiciales", dice el especialista.
Si bien a la hora de separar bienes la mujer ya no adopta la actitud pasiva de hace unos años, la conclusión de los abogados es que las cuestiones emocionales que las mujeres llevan a la mesa de negociaciones hacen que no se preparen o no se interesen lo suficiente para exigir sus derechos legales y terminen desamparadas económicamente o con una repartición injusta. "El hombre consigue más beneficios económicos porque cede más en el aspecto afectivo que en el monetario -agrega Pinilla-. Muchos incluso terminan aceptando ver menos a los hijos con tal de quedar con más plata, mientras la mujer acepta menos dinero con tal de quedarse con los hijos", agrega el abogado. Al parecer, en el trance de una separación, ellos piensan más en cifras y porcentajes, y ellas más en la pérdida afectiva que en la económica. En otras palabras, a la hora de hablar de divorcio al hombre le preocupa más salvar el patrimonio y a la mujer el matrimonio. -

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