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| 8/16/1993 12:00:00 AM

¿Dónde estas corazón...?

En Colombia un órgano para trasplante no vale nada. Pero conseguir un donante es una tarea de titanes.

¿Dónde estas corazón...? ¿Dónde estas corazón...?
TEORICAMENTE UNA PERSONA Al fallecer puede beneficiar a otras 16 con la donación de algunos de sus órganos: los ojos, el corazón, los pulmones, los riñones, el hígado, el páncreas, los huesos y segmentos de piel. ..
En la práctica, Colombia cuenta con toda la infraestructura técnica y el personal médico capacitado para realizar cualquier tipo de trasplante. Pero este feliz panorama se cae al piso debido a la escasez de órganos disponibles para trasplante. En pocas palabras, conseguir un donante de órganos es una tarea de titanes.
Son múltiples las razones que explican esta situación. Pero la principal es que no existe entre los colombianos una verdadera iniciativa para donar sus órganos o los de sus familiares, cuando fallecen. Aún permanecen sin la difusión debida los programas comunitarios de información, que tienen la función de crear conciencia de donar órganos para salvar vidas. A esto se suma la falta de motivación de los funcionarios y del personal médico. Todavía existe una deficiencia en el caso del paciente en estado de muerte cerebral, pues solo una rápida intervención permite conservar vivos los tejidos antes de que comience la muerte celular, lo cua] evita que se pierdan de forma irremediable. Muchos especialistas no conocen aún los programas de trasplantes de órganos. Otros ignoran la protección que la ley le brinda y sienten temor por las implicaciones legales quc les pueda causar. En muchos casos no se acude a la familia en el momento de declarar la muerte cerebral para solicitar la donación de órganos vitales.
Pero además de ello, no todo el que muere es candidato real para ser donante de órganos. Se necesita quc no haya tenido enfermedades como el sida o la hepatitis, o lesiones que imposibiliten la donación. Y, como si fuera poco, todavía las creencias religiosas chocan con la posibilidad de donar un órgano. Esta crisis la reconoce Mauricio Casasbuenas, subdirector del departamento de servicios asistenciales del Ministerio de Salud: "En la relación matemática entre donantes y pacientes a la espera de un trasplante, se evidencia claramente la necesidad de una mayor donación de órganos".
Sin lugar a dudas, la mayor innovación legal en el país la trajo el decreto #172 de 1989, con la "presunción de donación". Según ésta, todos los colombianos somos donantes obligatorios de órganos al momento de morir si en vida no se ejerció el derecho a oponerse a ello o si durante las seis horas siguientes a la muerte los familiares no expresan su oposición a donar. Con esto se agiliza enormemente el procedimiento y la consecución de órganos, pues se amplían las posibilidades de contar legalmente con ellos en forma más rápida. Así se dispone de mayores posibilidades de acción durante el tiempo útil del órgano. Otro gran aporte de la legislación es el de prohibir la compra y venta de órganos, para evitar el desarrollo de un mercado negro que perjudicaría aún más la consolidación de un eficiente sistema médico de trasplantes. Existe entonces la libertad de disponer de los órganos, pero se prohíbe obtener un beneficio económico por motivo de su disposición.
El objetivo de todo trasplante es reemplazar una función orgánica que se ha deteriorado irreversiblemente y proporcionarle al enfermo una mejor calidad de vida. Y los números sustentan esta afirmación. Según los especialistas el 80 por ciento de los pacientes sometidos a trasplante tienen posibilidades de vivir entre uno y 10 años más. Benjamín Ospino, jefe del programa de trasplantes de médula ósea del Hospital Militar sostiene: "De las 14 intervenciones que he realizado desde hace cuatro años, sobreviven siete pacientes" . Pero además del factor tiempo, el paciente que se somete a un trasplante mejora indiscutiblemente su calidad de vida. Es cierto que para algunas de las enfermedades -las renales, por ejemplo- existen tratamientos alternos, como la diálisis que mantienen al paciente. Pero ninguno le proporciona una vida "normal", ya que el enfermo debe vivir con muchas limitaciones y se convierte en un ser dependiente e improductivo. Con el trasplante, el paciente recobra su normalidad, al tener de nuevo la posibilidad de ser una persona productiva y con la capacidad de valerse por sí mismo. Por eso, el doctor Gustavo Quintero, jefe del Servicio de Trasplante de Organos de la Fundación Santa Fe de Bogotá, sostiene que los precios del tratamiento no son tan escandalosos como parecen a primera vista, si se tiene en cuenta el beneficio que reportan. Según su opinión: "No hay nada que pueda competir con la calidad de vida que se le brinda al paciente operado".
Sin embargo, a pesar de las esperanzas que ofrece hoy la ciencia médica, miles de personas permanecen durante años a la espera de un órgano que convierta esa esperanza en una realidad.

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