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| 12/8/1986 12:00:00 AM

EL ALMA, VERSION 1986

Nuevos planteamientos científicos destruyen el muro que la filosofía construyó entre la materia y el espíritu

EL ALMA, VERSION 1986 EL ALMA, VERSION 1986
En vista de que durante mucho siglos, la religión y la filosofía se han empeñado en demostra lo contrario, le ha tocado a la ciencia encargarse de presentar las pruebas concluyentes que permitan afirma que el cuerpo y el espíritu son una misma cosa. Y la última oportunidas que tuvo la ciencia de adjuntar pruebas en este sentido se dio hace algunas semanas en Francia, durante un coloquio nacional de neurociencias, que se llevó a cabo en el puerto de Burdeos.
Las palabras del organizador de la reunión, Claude Kordon, no pueden ser más claras al respecto: "El muro que la filosofía levantó entre la materia y el pensamiento, ha sido definitivamente derrumbado. Tenemos desde ahora todas las pruebas para afirmar que el cerebro secreta el pensamiento como el hígado la bilis, utilizando los mismos mecanismos físicoquímicos". Estas declaraciones de Kordon a la revista Le Nouvel Observateur no llevarán a nadie a la hoguera, como hubiera sucedido hace algunos siglos. Pero no por ello dejarán de levantar polvareda en algunos sectores.
Lo cierto, sin embargo, es que parecen estar cimentadas en la realidad. La ciencia, que durante muchos años había evadido el asunto del cerebro limitándose a disecarlo o, en el mejor de los casos, a estudiar el comportamiento síquico de los hombres, procedió hace unos 20 años a concentrar sus esfuerzos en el análisis físicoquímico de esa caja de sorpresa que ha resultado ser el lugar donde se elaboran nuestras ideas, nuestros sentimientos y nuestras decisiones. Las más recientes conclusiones de esta búsqueda fueron expuestas en Burdeos y hoy son materia de discusión no sólo en Francia, sino en todo el mundo.

MOLECULAS Y CIRCUITOS
Cada vez se avanza más en el conocimiento de las moléculas que controlan la actividad de la célula nerviosa. Cada vez se sabe más sobre de dónde vienen, cómo operan, etc. Gracias a las investigaciones con microelectrodos, se ha llegado incluso a descomponer la actividad cerebral, célula por célula. También se ha logrado, gracias al trabajo radiográfico computadorizado, seguir en directo y paso a paso, el comportamiento del cerebro mientras el paciente lee, escucha o lleva a cabo una operación aritmética.
Pero lo más interesante sin duda ha sido la comprobación de que procesos hormonales muy similares determinan la actividad tanto del cuerpo como de lo que podría llamarse "el espíritu". La angiosterina, por ejemplo, es una hormona segregada por el riñón, que compensa las pérdidas de agua por parte del organismo, bloqueando la función urinaria. contrayendo los vasos sanguíneos y elevando la tensión. Y esa misma hormona, segregada por las células del hipotálamo, en la base del cerebro, produce ganas de beber. Así sucede con otras substancias que tradicionalmente se creía que eran exclusivas del cerebro, y que hoy en día se ha podido establecer que intervienen en otros órganos como el corazón, el páncreas, etc.
Lo que pasa es que todas estas conclusiones no se pueden tomar a la ligera. Hace algún tiempo, una vez se estableció que el funcionamiento del cerebro se basa en intercambios moleculares, numerosos siquiatras quisieron concluir que la locura no era más que un desorden químico, que bien podía corregirse por medio de medicamentos. Pero la verdad es que esto no ha dado hasta ahora resultados positivos. Y es aquí donde, a pesar de los grandes avances, comienza el interminable terreno de las lagunas, de las preguntas sin respuesta.
En el caso del envejecimiento, por ejemplo, no se ha podido establecer por qué, en algunos casos, el deterioro afecta un determinado tipo de células cerebrales, mientras en otros casos, ese deterioro parece actuar absolutamente al azar. Los científicos no han podido siquiera diferenciar entre lo que parece natural y lo que sin duda es patológico, pues el parecido de los síntomas es muy grande.
Recientes experimentos han permitido demostrar que los ratones viejos, como los hombres aprenden más despacio y menos bien que los jóvenes. Pero esos mismos científicos aceptan que no pueden decir si el problema está en la pérdida de la memoria o en fallas de atención.
En cuanto a los recuerdos, hoy se sabe que el cerebro no los guarda como libros en biblioteca, pues los recuerdos no son algo material. Se supone que corresponden a circuitos de células nerviosas a través de los cuales la corriente pasa más fácilmente, teniendo en cuenta que ya han sido utilizados. En el coloquio de Burdeos se demostró que ciertas células de la base del cerebro, cuando han sido sobreexcitadas, conservan durante bastante tiempo una mayor permeabilidad al influjo nervioso. Pero la pregunta en este punto es, ¿por qué recuerdos que se creía definitivamente perdidos, regresan bruscamente a la superficie? Y esa no es la única: ¿por qué algunos niños tienen problemas para aprenderse una lección? ¿Acaso porque no han puesto suficiente atención? Pero si la atención, según se sabe hoy, no es un problema de voluntad. Y más preguntas: ¿por qué una madre se despierta en la madrugada ante el menor chillido de su bebé, aunque éste se encuentre al otro lado de la casa, mientras es capaz de no escuchar la sirena de una ambulancia aunque esta pase frente a su ventana?

ALGO MAS QUE UN COMPUTADOR
Pero aparte de las tesis más conservadoras sobre el cuerpo y el espíritu, los nuevos hallazgos han permitido derrumbar algunas ideas aparente mente vanguardistas, particularmente aquellas que se refieren a una gran similitud entre el cerebro y un computador. Los neurocientíficos reunidos en Burdeos dieron un categórico no a esta idea y, como en todo lo demás, procedieron a demostrarlo.
En un computador, dijeron, la corriente pasa o no pasa. En el cerebro, existen los llamados "neuromediadores", que abren o cierran las puertas de las células. Sin embargo, hay también neuromediadores que pueden intervenir en la célula para acelerar o desacelerar la apertura de esas puertas. O para mantenerlas entreabiertas.
Como puede verse, la comparación cerebro-computador ya no resiste el menor análisis. Cada célula nerviosa se comunica por su cuenta con otras 4 ó 5. El conjunto forma una red continua dentro de la cual el influjo nervioso puede seguir cualquier trayecto, en función de los mensajes internos y externos recibidos por las células. Para sostener la comparación con el computador, habría que imaginar uno que fuera flexible, viviente y que no pararía de cambiar de configuración, hasta el infinito. Un astrónomo inglés, sir Arthur Eddington, calculó la cantidad de estados posibles del cerebro y concluyó que es superior a la totalidad de las moléculas contenidas en el Universo.
En palabras de otro científico, Jean-Didier Vincent, especialista en la biología de las pasiones, "estamos girando en círculo, pues creímos que bastaba con comprender cómo la naturaleza actúa materialmente para poder leer, como en un libro abierto, en la conciencia. No era más que una ilusión. Todo lo que hemos logrado descifrar hasta ahora, es un alfabeto. Nos falta determinar lo esencial: la gramática y la sintaxis".
Y una vez establecidas estas, vendrán más preguntas: ¿es libre el cerebro? ¿Se contenta con reaccionar según las circunstancias, o es capaz en cambio de escoger, de reordenar a su arbitrio, deliberadamente, voluntariamente? Como puede verse, las primeras conclusiones de los neurocientíficos parecieron poner en duda la misma filosofía, pero las más recientes indican a las claras que, cada vez que se descubre algo nuevo, este descubrimiento plantea preguntas ante todo filosóficas.

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