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El médico que estudia las bondades del toronjil, el curubo y otras plantas de jardín

El epidemiólogo Germán Zuluaga no sólo dirige el Centro de Estudios Médicos Interculturales (CEMI) sino que promueve el uso de las plantas medicinales para el autocuidado. En una charla con María Elvira Talero relata cómo ha sido la experiencia de vivir entre la medicina moderna y la indígena.


Desde que el mundo de Germán Zuluaga se trastocó a raíz del encuentro con un curandero de la etnia Ingana mientras hacía el internado como estudiante de medicina de la universidad del Rosario en Florencia, Caquetá, él no ha dejado de profundizar e insistir en el reconocimiento de la medicina tradicional indígena. Hoy este cirujano y doctor en epidemiología cree que el aporte de las plantas medicinales en el cuidado de la salud va más allá del alivio digestivo que pueda proporcionar el agua de yerbabuena. Por esa razón evita dar recetas a quienes se acercan a preguntarle en medio de una conferencia por hierbas que curen la impotencia, la caída del pelo, que adelgazan o bien quiten las arrugas. Ello implica tener en cuenta el calor o frío del cuerpo del paciente, conocer las condiciones culturales y sociales que le rodean, además de identificar las plantas medicinales de la región en la que habita; se trata pues de todo un sistema.

Su trayecto en medio de las dos vertientes del conocimiento médico, el Occidental y el tradicional indígena no ha sido fácil. Al principio tuvo que navegar contra la corriente y había médicos colegas que se preguntaban: “Oiga ¿y qué fue lo que le pasó a Zuluaga?”. Con su familia también tuvo que enfrentarse, “a veces digo que hubiera preferido que me atropellara una tractomula,”, afirma sonriendo con ironía. Pero al observar la eficacia de la medicina indígena en muchos casos, e incluso en el suyo propio, no pudo dejar de lado su interés por este saber.

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“Hace muchos años, yo estaba muy enfermo y nada que me mejoraba, así que decidí acudir por curiosidad al curaca por si podía hacer algo. Él le dijo algo en su lengua a su esposa quien procedió a coger y revolver unas hierbas e hizo una pócima que me dieron a beber y yo ahí comencé a vomitar y lo hice durante toda la noche. Al día siguiente yo ya no tenía nada en el cuerpo para vomitar, pero lo seguí haciendo hasta que de los bronquios comenzó a salir pus. Cuando ya salió todo sentí de inmediato un gran alivio”, cuenta este experto que hoy dirige el Grupo de estudios en Sistemas tradicionales de la salud de la Universidad del Rosario en Bogotá. Este caso y los demás que pudo identificar lo llevaron a preguntarse si esta medicina lograba aliviar una neumonía en seis horas ¿qué más podría hacer?

Para comprender ese mundo indígena tuvo que despojarse completamente de todas sus creencias de forma que pudiera establecer abiertamente y sin prejuicios un diálogo con curanderos y chamanes que lo llevara a descifrar el alcance de ese conocimiento.

Aún hoy vive las consecuencias de navegar entre esas dos corrientes de la medicina moderna y la tradicional indígena pues algunos pacientes, al llegar a consulta por primera vez vienen con la expectativa de encontrarse a un personaje con guayuco y plumas y se sorprenden al ver a un médico que aplica la rutina clásica de la medicina moderna para el diagnóstico, que usa la farmacia actual, pero además combina el conocimiento y proceder de la medicina tradicional indígena y recomienda, según el caso, la ingesta de determinadas plantas medicinales.

De la medicina al jardín de plantas

En su investigación sobre las plantas medicinales Zuluaga aplica el rigor científico y los protocolos propios de la medicina alopática. No sólo dirige el Centro de Estudios Médicos Interculturales (CEMI) sino que además promueve el uso de las plantas medicinales para el autocuidado en la comunidad de Cota, Cundinamarca. Allí ha impulsado la creación del Jardín Botánico donde muchas plantas medicinales se cultivan de forma totalmente orgánica.

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Esto último lo hace como parte de su tarea para revivir este saber tradicional que estaba implícito en las recomendaciones de las abuelas y que incluyen evitar que el cuerpo se enfríe, descansar durante la menstruación o purgarse cada tiempo.

Este médico es enfático al distinguir la práctica de la medicina tradicional indígena de la bioenergética o la alternativa; sin demeritar ninguna de ellas. Según él, si se quiere tomar una referencia, podría hablarse de la medicina tradicional indígena como se hace con ayurveda en la India o la China, que son medicinas practicadas en estos países por milenios. Dedica sus investigaciones a rescatar este conocimiento al que divulga en ponencias en conferencias internacionales, cursos académicos y su consulta médica.

Si bien en Colombia se ha abordado el estudio de plantas medicinales desde la antropología, botánica, farmacología, entre otras, no se ha hecho tanto desde la medicina misma. Este es el enfoque que inspira a Zuluaga. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, señaló en 1999 el valor universal de las aportaciones de los sistemas tradicionales de conocimiento indígena e instó a los países a dirigir las políticas públicas para su aprovechamiento e integración.

Algunas de las publicaciones del CEMI buscan promover el autocuidado de la salud mediante el uso de las plantas medicinales y es así como, por ejemplo, en el “Manual para la producción del buen cultivo y uso de las plantas Medicinales”, publicado en 2014, se pueden encontrar las propiedades curativas del aguacate. “Se ha reportado su uso medicinal para el control de las lombrices y gusanos del sistema digestivo (antihelmíntico), para reducir el azúcar de la sangre (hipoglicemiante) y para tratar otras enfermedades como las várices y las alteraciones de la menstruación”. O sobre el brevo. “Algunas personas indican el uso de la secreción lechosa de las ramas y hojas para eliminar verrugas; la bebida del cocimiento de sus higos alivia la tos y facilita los partos, cuando es tomada durante los días previos al alumbramiento.

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En Cota también es utilizado el cocimiento de las hojas para facilitar el parto; sus frutos se usan como laxante suave”. Del curubo se dice que” era utilizado en medicina popular para facilitar la digestión por su propiedad como laxante suave. En distintos países esta planta, junto con otras de la misma familia, es reconocida por la eficacia de sus hojas y frutos como sedante”. Del toronjil se dice que es una “planta de gran popularidad en Colombia por su acción sedante, según indican numerosos reportes. Es usada para calmar los nervios, aunque sobre todo es apreciada, en cocimiento con leche, para combatir las enfermedades eruptivas con el fin de “hacerlas brotar más rápido”. Para reproducir esta planta se separan de la “planta madre” hojitas que ya tengan raíces, y se entierran para que den lugar a una planta nueva”.

La rica biodiversidad colombiana y el conocimiento tradicional sobre el uso curativo de las plantas medicinales cobran vida bajo el lente científico de Zuluaga, su equipo y demás estudiosos del país sobre este tema, a fin de proporcionar un mayor bienestar y equilibrio en la salud, ojalá con plantas tomadas de nuestro propio jardín.