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| 9/16/1996 12:00:00 AM

EL FELIZOMETRO

Un nuevo estudio científico asegura que la felicidad depende más de los genes que de la realidad.

EL FELIZOMETRO EL FELIZOMETRO
Alcanzar la felicidad es la meta más íntima de todo ser humano. Algunos piensan que el secreto está en encontrar el amor o la pareja ideal, otros piensan que la clave está en ganar mucho dinero o lograr el éxito profesional. Sea lo que fuere, el tema de la felicidad era algo más circunscrito al mundo de la sicología que al de la fisiología. Sin embargo una nueva teoría afirma que la felicidad tiene más que ver con la genética que con los sucesos del mundo exterior. Y en este campo los científicos tienen la última palabra. Según las conclusiones de un estudio reciente, la felicidad es una condición determinada genéticamente. Luego de numerosas investigaciones los científicos parecen estar cada vez más convencidos de que con la felicidad sucede lo mismo que con el sobrepeso. Es decir, que existe un componente genético que establece un nivel básico sobre el cual se sube o se baja pero que a la larga es inmodificable. En materia de obesidad, los expertos demostraron hace un tiempo que el cerebro está capacitado para hacer cambiar el metabolismo con el fin de mantener siempre un peso promedio determinado y así, mientras algunas personas que viven a dieta nunca logran lucir tan delgadas como desean, otras que comen sin remordimientos no engordan. Pues con la felicidad parece suceder lo mismo. Los científicos afirman que hay un nivel básico establecido para la felicidad, que es determinado genéticamente, y que las vicisitudes de la vida pueden alterarlo hacia arriba o hacia abajo, pero sólo por un tiempo. Cada persona tiene un nivel básico de felicidad predeterminado en su constitución y es sobre ese punto que su estado de ánimo sube o baja, dependiendo de los eventos positivos o negativos de la realidad exterior pero, al final, el felizómetro regresa al punto de partida. En otras palabras, no importa qué tan trágicos o bienaventurados sean los eventos que suceden en la vida, una vez pasado el efecto se regresará inexorablemente al nivel de felicidad establecido genéticamente. Cada persona tiene un rango típico de oscilación sobre ese nivel básico de bienestar, señalan los expertos. Esto significa que usted puede ser un Pavarotti emocional, con capacidad para subir y bajar, pero siempre tenderá a regresar al mismo nivel. Lo que esto quiere decir es que si usted es una persona malhumorada, así se gane la lotería o Claudia Schiffer venga a pedirlo en matrimonio, luego de la euforia inicial usted seguirá siendo el mismo gruñón de siempre. De la misma forma, si usted es una persona entusiasta y positiva, aunque tenga un revés de fortuna o su pareja lo abandone para irse con su mejor amigo, con el tiempo usted logrará recuperar ese carácter animado. La buena nueva derivada de esta teoría es que los golpes de la vida, por demoledores que parezcan, duran poco. Pero la noticia mala es que, de la misma forma, el positivo efecto de los buenos sucesos también se difuminará pronto. La idea de que un estado de ánimo típico persiste a través del tiempo ha sido establecida por seguimientos clínicos realizados por años a grandes grupos de personas. Uno de ellos, del National Health and Nutrition Examination de Estados Unidos, monitoreó reportes de bienestar de 6.000 hombres y mujeres durante 10 años. "Encontramos que la gente que se consideraba más feliz al comienzo del estudio era relativamente la más feliz después de 10 años y seguramente será la más feliz dentro de 10 años, sin importar las fluctuaciones del día a día", afirma Robert R. McCrae, director del estudio. ¿Se nace feliz? Por revolucionaria que parezca no se trata de una idea surgida de la improvisación. La teoría de la felicidad preestablecida biológicamente ha intrigado a los investigadores durante mucho tiempo. "Existe una predisposición genética en el temperamento pero son los factores culturales los que determinan si se es feliz o infeliz. Hay gente que tiene mejor predisposición para el equilibrio emocional pero si no encuentra un ambiente estable puede llegar a ser infeliz", dijo el sicólogo Germán Aguirre a SEMANA. Un siquiatra que pidió no ser identificado señaló: "Aunque no creo que una persona venga predestinada a ser infeliz porque su abuelo lo fue, puede pasar lo mismo que con el alcoholismo y el sobrepeso, que tienen un componente genético". Cuando se habla de felicidad las encuestas toman simplemente las palabras de la gente para saber qué tan felices son. Según esto, los colombianos tienen, en general, un aceptable nivel. La última Gran Encuesta de SEMANA, realizada en diciembre de 1995, señalaba que 64 por ciento de los colombianos se consideraba "muy feliz", 34 por ciento "poco feliz" y sólo 3 por ciento confesaba sentirse "nada feliz. Pero para otros se trata de una simple tarea de observación. Está claro que el columnista Antonio Caballero es por naturaleza hosco y severo, mientras Poncho Rentería es un entusiasta abrumador. Pero lo nuevo es saber que detrás de la rezongadera del uno y de la euforia del otro hay razones congénitas. A nivel científico se utilizan medidas menos directas y más serias para establecer el estado de ánimo promedio de la gente y los estudios realizados en diversos países han sido altamente reveladores. Por ejemplo, contrario a lo que se piensa, el dinero no cambia en mucho la percepción de bienestar (excepto claro en el caso de los paupérrimos). Igualmente, se ha establecido que ni el éxito profesional, ni el matrimonio, ni cualquiera de otras variables modifican el nivel básico de felicidad. Cada factor puede hacer que una persona se sienta un poco más feliz; pero todos tienen un impacto menor si se le compara con la característica individual de bienestar de la persona, aseguran los expertos. "Encontramos que para eventos como ser ascendido en el trabajo o perder a un amante, el efecto positivo o negativo en el estado de ánimo de la persona desaparece en un lapso de tres a seis meses. Después de este tiempo ya no queda ningún rastro", dice el doctor Edward Diener, sicólogo de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, quien junto con su esposa, la sicóloga Carol Diener, expuso la teoría de la felicidad prefijada genéticamente en la edición de mayo de la revista Ciencia de la Sicología. Ni salud, ni dinero, ni amor Al parecer la búsqueda de la felicidad debe enrumbarse hacia otras metas. La recomendación de los expertos es olvidarse de las fantasías encerradas en frases como "si me ganara la lotería encontraría la felicidad para siempre". Quienes aseguran que el dinero no compra la felicidad "pero sí logra una sensación muy parecida" deben saber que, según los estudios del doctor Diener, quienes ganan la lotería no están, después de un año, más felices que antes de obtener el premio mayor. Encuestas con personas que han obtenido cifras millonarias gracias a un golpe de suerte señalan que dos años después del suceso no sólo no son más felices sino que son millonarias en conflictos y problemas por causa del dinero y además de haber perdido amigos y familiares se han ganado numerosos enemigos. Pero quizás lo más sorprendente que han encontrado los científicos en sus investigaciones es saber que la gente con lesiones físicas serias tiende a ser más rebosante en espíritu que muchos rezongones sanos. Según un estudio que fue dado a conocer hace poco, dentro del grupo con un más alto índice de felicidad se encuentran personas que han quedado cuadrapléjicas. La explicación que dan los sicólogos es que estas personas, a pesar de su limitación física, encuentran una gran motivación y una paz interior que les fortalece el espíritu y los aleja de las ambiciones materiales. El caso del actor Christopher Reeve, el ex Supermán que hoy depende de una máquina aun para respirar y quien ahora aparece en programas de televisión buscando fondos para ayudar a aquellos que padecen su misma limitación, es una muestra de ello.

Cómo medir la felicidad Volviendo a los laboratorios científicos, los investigadores han podido establecer el gene de la felicidad gracias al estudio de los casos de gemelos idénticos. Este es el asidero más fuerte de la teoría. "El 50 por ciento del sentido de bienestar viene en la lotería genética. La otra mitad proviene de las tristezas y placeres de las últimas horas, días o semanas", dice el doctor David Lykken, genetista de la Universidad de Minnesota, quien estudió 1.500 pares de gemelos y comparó su nivel básico de bienestar. Como los gemelos comparten el ciento por ciento de sus genes los mellizos son genéticamente más parecidos a los otros hijos, los científicos analizaron la similitud en sus niveles básicos de bienestar general. "Hay poca diferencia en el bienestar encontrado entre los gemelos que son criados juntos en comparación con aquellos que son criados por separado", señala el doctor Lykken. El experto concluye que las circunstancias de la vida _como el salario, la educación o el estado marital dan sólo un 2 por ciento de la variación entre cada par de gemelos. "Aquellos en posiciones o profesiones prestigiosas no eran más felices que los que trabajaban como obreros. Ni tampoco eran más felices aquellos que estudiaron una especialización que los que nunca terminaron el bachillerato. Al parecer, se puede predecir con gran certeza el nivel de felicidad de un gemelo sólo conociendo el puntaje del otro". Aunque la comunidad científica parece coincidir en la tesis de que la felicidad tiene una base biológica, no se han puesto de acuerdo en cuánto aporta la herencia al llamado set-point o nivel básico. El sicólogo Howard Weiss discute el estimativo del doctor Lykken de que un 50 por ciento del sentido de bienestar se debe a un punto fijo heredado. "Un estimativo basado en un solo estudio tiene que ser mirado con cautela _dice Weiss_. Aunque nadie controvierte que una parte del sentido de satisfacción en la vida se debe a un factor genético, aún no sabemos si es un 25, un 50 o un 75 por ciento". Quienes apoyan la idea del punto fijo están de acuerdo en que la gente después de sufrir un serio trauma o una pérdida puede tener profundos cambios de estado de ánimo y empeorar. Pero los investigadores aseguran que si tales cambios persisten por años, ello obedece a problemas clínicos, como depresión, que sobrepasan el punto fijo de bienestar. "Para la mayoría de las personas que enviudan, aquellas que pierden su trabajo o quienes se divorcian, el impacto en el estado de ánimo diario desaparece después de un año", sostiene el doctor Diener en su estudio. "Cuando hay un efecto más duradero, se debe a que de alguna manera el evento malo continúa pasando". La opinión del investigador es que los grandes reveses de la vida, como divorciarse o perder a un ser querido, no cambian la estabilidad de la gente a largo plazo. "Años más tarde la gente regresa al nivel básico de bienestar que tenía antes. Y aquellos que continúan deprimidos tienden a ser quienes también habían estado deprimidos antes del suceso". El punto F Los científicos que estudian el cerebro aseguran tener localizado el punto donde está registrada la felicidad y donde opera el mecanismo del punto básico. El doctor Richard Davidson, sicólogo de la Universidad de Wisconsin, ha encontrado una fuerte relación entre el estado anímico de las personas y el índice de actividad neurológica en el hemisferio izquierdo y derecho de los lóbulos frontales. "Aquellas con relativamente más actividad en el área izquierda reportaron más emociones positivas _señala_. Se trata de personas que obtienen más placer de las actividades ordinarias de la vida y que pueden catalogarse como más entusiastas que aquellas que tienen más actividad en el lado derecho, las cuales, en contraste, son catalogadas como nerviosas, afligidas y preocupadas". Igualmente, Davidson encontró al estudiar las tomografías de los cambios cerebrales de 25 pacientes que la gente con la más alta actividad en la parte prefrontal derecha, comparada con la izquierda, eran aquellos con depresión clínica que habían perdido todo el gusto a la vida. Según el investigador, los resultados parecen estar relacionados con los receptores de dopamina, un neurotransmisor cerebral. Esto concuerda con otros estudios realizados por el doctor Richard Depue, de la Universidad de Cornell, quien encontró que mientras más altos eran los niveles de dopamina más positivos eran los sentimientos de sus pacientes. La base genética para explicar las diferencias en el nivel básico de dopamina fue expuesta por investigadores israelíes en la edición de enero de la revista Nature. "Es la primera vez que se encuentra una conexión específica entre un resultado genético molecular y el nivel de felicidad de la gente", afirma Davidson. Sea lo que fuere, la felicidad es también una escogencia individual. "Es peor levantarse en la mañana sin tener un gran propósito en la vida que ser genéticamente infeliz _asegura una sicóloga_. El sólo sentirse bien no compromete la calidad de la vida de una persona". Así que quienes piensan que su infelicidad desaparecerá luego de dos semanas de vacaciones deben aceptar que, aunque pasarán momentos inolvidables, ese encanto se difuminará a la misma velocidad del jet que los trae de vuelta. En opinión de muchos expertos, independientemente del nivel básico de felicidad que se tenga genéticamente, existen recetas de ingredientes sencillos para aumentar ese nivel de felicidad. Y eso parece demostrar el hecho de que los autores que orientan sobre esta búsqueda se conviertan rápidamente en best sellers que tienen inundados los estantes de las librerías. Según los expertos en superación personal y los científicos que apoyan la nueva teoría, la búsqueda de la felicidad no debe concentrarse en grandes metas sino en mantener una dieta permanente de simples placeres cotidianos. "Pasar un rato con los amigos, trabajar en el jardín, disfrutar de una buena comida o compartir el atardecer con una grata compañía logran mantenerlo por encima del nivel básico de felicidad", asegura el doctor Lykken. A la larga, esto parece llenar más la vida que los grandes objetivos, los cuales solo le levantarán el ánimo por un rato.

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