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| 6/13/1994 12:00:00 AM

EL PASADO EN PRESENTE

Recientes estudios demuestran que la pérdida de facultades mentales en la tercera edad puede ser prevenida.

EL PASADO EN PRESENTE, Sección Vida Moderna, edición 628, Jun 13 1994 EL PASADO EN PRESENTE
PARA LA MAYORIA DE LAS PERSONAS, la pérdida de las facultades y funciones mentales es un signo inevitable de envejecimiento. Los ancianos, casi en su totalidad, esperan sin oponer resistencia que el paso del tiempo vaya quitándoles sus habilidades, y se entregan resignadamente al proceso de decaimiento físico y mental inherente a la tercera edad. En mayor o menor grado, van perdiendo progresivamente sus habilidades para recordar, fijar la atención, razonar abstractamente, o ubicarse en el tiempo y en el espacio. Desconocen a sus familiares, hacen varias veces las mismas preguntas, dicen cosas aparentemente sin sentido. En los casos más agudos, estas pérdidas son calificadas comúnmente como demencia senil, pues las fallas en sus habilidades esenciales son tan pronunciadas que hacen que el individuo pierda la capacidad para llevar una vida autónoma y normal, y parezca ausente. Pero aun en casos menos extremos, la vejez siempre ha ido de la mano de la disminución física y mental.
Sin embargo, recientes estudios han demostrado que este proceso puede ser prevenido, si no totalmente, por lo menos en una buena medida. La pérdida de facultades mentales, a pesar de ser un proceso normal, obedece a causas físicas y circunstancias sicológicas que, de ser manejadas correctamente y a tiempo, pueden reducir significativamente los decaimientos en la memoria y en la capacidad de razonamiento.
Según estudios gerontológicos y neurológicos, el proceso de pérdida de facultades motoras y mentales comienza hacia los 65 años, se agudiza a finales de los 70, y varía no solamente de un individuo a otro, sino también de acuerdo con el sexo. En términos generales, las habilidades numéricas son las que más decaen en ambos sexos: hacia los 80 años, los ancianos han perdido cerca del 50 por ciento de sus capacidades matemáticas. Y aunque las diferencias entre los sexos resultan a veces casi imperceptibles, lo cierto es que estudios recientes tienden a demostrar que hombres y mujeres envejecen de distinta forma. El hombre conserva mejor sus capacidades de orientación espacial, y la mujer pierde más rápidamente las facultades de comprensión verbal.
"A medida que la edad avanza -asegura el neurólogo Juan García Bonitto, del Instituto Neurológico-, las arterias y los vasos sanguíneos que llevan los nutrientes al cerebro se van desgastando y obstruyendo. Esto hace que la irrigación de las neuronas desmejore, y, por tanto, que las habilidades motoras y mentales decaigan. La memoria y la atención comienzan a fallar, el lenguaje se hace más lento, las capacidades de razonamiento decaen ligeramente, sin que ello constituya a una enfermedad".
No obstante, existen varias maneras de prevenir parcialmente y de aminorar el ritmo de obstrucción de las arterias. Aunque el factor hereditario es incontrolable, y se debe tomar en cuenta el historial de enfermedades cardiacas y vasculares, controlar la hipertensión es parte fundamental de este proceso. "La tensión alta hace trabajar las arterias y los conductos sanguineos a un ritmo mucho más acelerado que el normal. Esto hace que los tejidos se desgasten más rápido, y que la arterioesclerosis se agudice", asegura el doctor García. Todo depende, en términos generales, de la higiene de vida y de los niveles de actividad de la persona. Hacer ejercicio, reducir el estrés y no fumar ayudan a una buena irrigación cerebral, así como mantener una dieta balanceada y controlar los niveles de colesterol.
Por otra parte, desde el punto de vista sicológico también existen métodos para minimizar la pérdida de facultades. Recientes estudios realizados en la Universidad de Harvard han demostrado que haber tenido una vida profesional activa y estimulante, así como el conservar intereses intelectuales después de haberse retirado de la vida laboral, pueden contribuir significativamente a tener una vejez placentera y productiva. Igualmente, los resultados de los estudios han demostrado que aquellas personas que se sienten dueñas de su propia vida y no simplemente a merced de las circunstancias, gozan de una vejez menos limitada.
"El carácter también juega un papel importante en este proceso. Las personas flexibles, adaptables a nuevas ideas y circunstancias, y aquellas que distrutan aprendiendo cosas nuevas, muestran menos pérdidas en sus facultades que aquellas reacias a los cambios y a las novedades", dice José del Carmen Trujillo, médico gerontólogo e internista de la Universidad Javeriana.
Y si bien es cierto que los estudios científicos sobre la tercera edad no pueden prometer una cura milagrosa contra el paso de los años, la verdad es que los que sí están demostrando es que cada vez el individuo tiene más control sobre su propio proceso de envejecimiento y que, según el grado de salud y dinamismo de la persona, ésta puede hacer de su vejez un proceso más feliz y estimulante.

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