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| 6/13/2004 12:00:00 AM

Familia que pelea unida...

Una reciente investigación sobre violencia intrafamiliar revela que el problema es mucho más complejo de lo que parece.

Familia que pelea unida... En el 46 por ciento de los casos las peleas se inician con un reclamo por el comportamiento del otro. Las dificultades en comunicación y la carga emocional previa hacen que éste se acompañe de insultos.
Tradicionalmente se ha creído que las mujeres son las principales víctimas de la violencia intrafamiliar. Pero una investigación reciente acaba de confirmar que para pelear se necesitan dos. Aunque los hombres siguen siendo los mayores agresores, en 22 por ciento de los casos estudiados la violencia es mutua y tanto ellas como ellos tienen un doble rol en el conflicto: a veces uno hace el papel de víctima pero otras veces es el victimario. Esta es una de las principales conclusiones de una reciente investigación sobre violencia intrafamiliar realizada por la facultad de ciencias sociales de la Universidad Externado de Colombia en estratos 1, 2 y 3 de Bogotá.

El estudio se basó en casos de 300 usuarios de comisarías de familia y de la Fiscalía, además de 500 expedientes de estas entidades. Según el trabajo, el 87,2 por ciento de los entrevistados ha vivido algún tipo de violencia en su hogar. De estos, 61 por ciento son agresiones físicas que van desde golpes, empujones y puñetazos, y 25 por ciento son síquicas, como por ejemplo, desconocimiento del otro, amenazas o humillación.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que los hombres también son víctimas de violencia de sus parejas. Lo que sucede es que en pocas ocasiones acuden a denunciarla. Estos datos reflejan la complejidad del asunto y la necesidad de mirarlo no desde el último incidente o desde la perspectiva del que demanda sino como un proceso crónico con el cual las familias se acostumbran a vivir. "Ninguno de los dos actua con intención de dañar", dice Norma Rubiano, coautora de la investigación. Los hombres, además, son los que más piden perdón e inician el diálogo, mientras que las mujeres adoptan una actitud más intransigente.

La experta explica que la violencia no es propia de las familias sino la respuesta a situaciones particulares debido a la falta de competencia para negociar y de habilidades para relacionarse en forma armoniosa. Aún más, muchos de los involucrados no quieren terminar el vínculo sino tener una vida en familia más satisfactoria, sólo que no saben cómo. El maltrato en la familia es una problemática crónica y eso se observa en la dificultad para encontrar un solo hecho de violencia esporádico o puntual en cada caso. El 45 por ciento reportó dos eventos y el 15 por ciento, entre tres y seis en el pasado reciente. "Es una situación que se construye en el tiempo", dice el informe.

Otro dato interesante es que la separación muchas veces no es la solución al conflicto. En uno de cada tres casos la violencia ocurre entre personas que no viven bajo el mismo techo porque, según explica Rubiano, la separación no rompe el vínculo emocional, el cual "muchas veces se mantiene toda la vida, y el maltrato es una forma de reafirmar el vínculo así sea en forma perversa", dice.

El trabajo pudo establecer que las familias en mayor riesgo son aquellas con un estilo muy autoritario o en las que no existen límites ni acuerdos. También incide el entorno socioeconómico, el estrés, las presiones laborales, falta de tiempo para descansar, agotamiento físico y dificultad para conseguir metas.

Con este panorama no es de extrañar que los entrevistados consideren las acciones de las comisarías insuficientes para el manejo de esta situación. La penalización, según Rubiano, cumple bien con la función de tranquilizar a la comunidad al detener una escalada, pero no resuelve el problema y en ocasiones lo agrava. Para casi el 50 por ciento de los entrevistados el problema siguió igual luego de acudir a una entidad y para el 20 por ciento se empeoró. El senador Carlos Moreno de Caro, autor de la recién sancionada Ley de los Ojos Morados -que pretende castigar con cárcel a quien maltrate a un miembro de su familia-, también opina que se necesitan acciones paralelas. La nueva ley es una herramienta pero se necesitan estrategias para enseñar pautas de convivencia en las que se aprenda a comunicar, a ser más tolerantes y a establecer límites.

Los conflictos son inevitables. Pero los roces entre las personas no deben llegar a daños físicos ni emocionales. Por eso es importante abordar la violencia intrafamiliar no con modelos estandarizados sino con estrategias hechas a la medida de cada familia pues cada caso es muy particular y requiere intervenciones diferentes. "Aquí no hay ganadores", dice Rubiano. Más bien todos son perdedores porque después de los enfrentamientos la gran mayoría de los protagonistas tienen sentimientos de tristeza, angustia, rabia, decepción y desconcierto. También pierde la sociedad porque mientras en la familia, que es un modelo a escala del país, se sigan resolviendo los conflictos a los trancazos lo más probable es que la paz tarde mucho más en llegar.

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