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| 3/3/1997 12:00:00 AM

FRACASO A LOS 4 AÑOS

Los exámenes de admisión de los colegios tienen padres e hijos al borde de un ataque de nervios.

FRACASO A LOS 4 AÑOS FRACASO A LOS 4 AÑOS

CUANDO SERGIO Y MARITZA LLEgaron a vivir a Bogotá una de las cosas que más les entusiasmaba era la posibilidad de matricular a su hijo Juan Carlos, de 3 años, en uno de los mejores colegios de la capital. Pero intentarlo se convirtió en un calvario. Luego de un año de peregrinaje por los principales planteles en busca de un cupo están al borde de un ataque de nervios. Y lo peor es que el pequeño, que era un niño extrovertido y vivaz, no quiere visitar más colegios ni responder más preguntas y se niega incluso a decir cuántos años tiene.
Y eso que Juan Carlos no sabe todavía que su edad es ahora un problema. Como cumplió 4 años en septiembre, el plantel al que sus padres quieren que ingrese no lo recibe porque exige que haya cumplido 4 años antes del 31 de agosto de 1996. Y en otro que hicieron solicitud tampoco tiene posibilidad porque sólo reciben este año niños que hayan nacido entre enero y diciembre de 1993. "A mí me habían advertido que conseguir cupo en determinados coleg¿os era difícil pero nunca me imaginé que esto fuera tan terrible", dice Maritza, quien asegura que ha conocido parejas que están dispuestas a planificar para que sus hijos nazcan entre los meses de septiembre y enero, que son los niños que tienen más opciones en los
colegios de calendarios A y B.
Serzio y Maritza no están solos. Existe una multitud de padres =residentes en Bogotá o en otras capitales del país= para quienes el tránsito de su hijo del jardín infantil al colegio se ha convertido en un proceso tanto o más angustioso que el que enfrentan los padres de quienes buscan universidad. Aunque en los colegios no existe un examen del Icfes, las pruebas de admisión son tan exigentes y generan tal tensión que no son pocos los pequeños de preescolar que, por cuenta de la expectativa que se cierne sobre ellos, conocen lo que es el fracaso y la frustración antes de cumplir los 5 años.
También aprenden muy pronto lo que es la competencia. " Cuando empecé a buscar colegio =comenta Maritza= todos me decían que Juan Carlos ya estaba atrasado porque no lo había puesto en cursos de estimulación temprana y terapias para reforzar las areas de desarrollo en las que pudiera estar flojo ". En general, todos los colegios aplican el mismo examen de admisión pero los planteles bilingues exigen que la lengua materna esté bien afianzada para que el niño pueda aprender un nuevo idioma.
A grandes rasgos, lo que se examina en el niño es que tenga buena memoria auditiva y visual; buena vocalización, buena motricidad gruesa y tenga bien definida la lateralidad ( si es zurdo o diestro), explica una educadora.
Los padres están familiarizados con estas exigencias, pero para quienes no andan en este trance resulta sorprendente todo lo que un niño debe saber antes de asistir a su primer día de clase: los nú meros, los colores, distinguir el triángulo del cuadrado y el rectángulo del círculo, armar un rompecabezas, reproducir un modelo, ensartar cosas y conocer las partes del cuerpo.
Como si fuera poco, el nivel de socialización y de autoayuda debe ser bueno. Esto quiere decir que el niño no sea brusco o agresivo y que pueda vestirse solo, abrir un paquete de galletas o amarrarse los cordones de los zapatos. "Aunque a simple vista parecen exagerados, eso es lo que todo niño de 4 años debe saber", dice Gloria Hurtado, sicóloga y educadora de Cali, quien asegura que el problema no está en la dificultad del examen sino que es un problema de oferta y demanda.
En los últimos años, aunque se han fundado nuevos y buenos colegios, la demanda en los pocos planteles que llenan los requisitos que los padres exigen para sus hijos: que sean bilingues y que tengan tradición ha aumentado. "Son tantas las solicitudes y tan pocos los cupos que los colegios tienen que hacer necesariamente una selección", dice Annie de Acevedo, sicóloga de un colegio bogotano, quien asegura que 80 por ciento de los niños pasan el examen. Solo 10 por ciento son excelentes y otro 10 por ciento tienen problemas de desarrollo. Sin embargo, en promedio, un niño que presenta examen de admisión en un colegio exclusivo debe competir con otros 120 niños por uno de los 10 ó 20 cupos disponibles, explica la educadora Esther de Cattan, directora de un jardín infantil de Bogotá.
Pero hay otro filtro que cuenta a la hora de la admisión. En muchos colegios de renombre =en Bogotá, Medellín y Cali= se prefiere otorgar los cupos a los hijos de los ex alumnos o hermanos de los alumnos. Eso hace que una recomendación sea un preciado trofeo para muchos padres. "Pero la búsqueda de una palanca puede ser tan complicada como la del colegio =dice Maritza=. En uno de ellos donde Juan Carlos se presentó me dijeron que el niño había pasado el examen pero no habían estudiado mi solicitud porque no me había presentado nadie ".
A los ojos de los educadores, sin embargo, los padres tienen gran parte de responsabilidad en esta situación. "Quieren los colegios más exclusivos, los de moda, con las mejores instalaciones y bien ubicados", dice la educadora Esther Cattan. "Y la ansiedad de los padres aumenta el problema =agrega la sicóloga caleña Gloria Hurtado=, porque la misma población solicita cupos en los cinco o seis colegios de renombre y por eso parece que la demanda fuera mayor".
Y también son culpables del sentimiento de fracaso de los niños. Annie Acevedo, sicóloga de un prestigioso colegio de Bogotá, asegura que "nosotros sabemos que aunque el niño no sea admitido si tiene capacidad de aprender, pero los padres relacionan el rechazo del colegio con la idea de que su hijo no es inteligente".
En lo que todos están de acuerdo es en que es injusto someter a los niños a esa presión. "En el jardín uno ve alumnos excelentes que durante el examen no abren la boca porque van tensionados", dive Alba de Cárdenas, directora de un jardín infantil de Cali. "Muchas mamás, con toda la ansiedad que tienen porque sus hijos pasen, los llenan de información inadecuada y los confunden", agrega la licenciada en preescolar Mónica Jaramillo, de Medellín. El resultado es que ese día feliz de ingreso al colegio grande se ha convertido en fuente de estrés porque muchos son los llamados y pocos los elegidos.

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