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| 4/29/2006 12:00:00 AM

Freud recargado

Muchos lo critican por reducir todo al sexo y a los traumas infantiles. Pero a 150 años de su nacimiento, nadie duda de la importancia del padre del sicoanálisis.

Freud recargado Freud dijo que al hombre lo motivan fuerzas que no puede controlar, una idea subversiva para su época
“¿Cuántos sicoanalistas se necesitan para cambiar un bombillo? Uno solo. Pero se requiere de mucho tiempo. Además, se necesita que el bombillo quiera cambiar”. En este chiste se reflejan muchas de las características fundamentales sobre el sicoanálisis: que es un proceso largo, complicado y que, en el fondo, los sicoanalistas poco o nada pueden hacer si no cuentan con la voluntad del paciente para generar cambios en su vida.

Durante mucho tiempo las teorías freudianas han sido más criticadas que apoyadas. Las voces más fuertes han sido las de las feministas, quienes han hecho todo lo posible por enfatizar que no existe la llamada ‘envidia del pene’ o complejo de castración femenino, como lo afirmaba Freud, el cual produciría sentimientos de inferioridad en la mujer. Ha recibido otro baldado de agua sucia por parte de algunos científicos, quienes argumentan que muchos de sus planteamientos no son verificables en la realidad y por lo tanto el sicoanálisis no puede tener estatus de ciencia. Por si fuera poco, a sus mismos colegas, los sicólogos, les ofendía que redujera los comportamientos humanos a una cuestión sexual.

Con la aparición del Prozac, el antidepresivo estrella de los siquiatras, le surgió un nuevo contendor a Freud. Este es un método aparentemente más efectivo y que requiere de menos esfuerzo por parte del analista y del paciente. Mientras el sicoanálisis es un proceso largo y dispendioso, el Prozac va más de acuerdo con las soluciones rápidas y fáciles que pide la sociedad actual.

Pero el sicoanálisis nunca ha estado exento de controversia. El concepto principal de su teoría es el inconsciente, un lugar en la mente donde quedan encerrados los recuerdos dolorosos y heridas traumáticas que se producen en la infancia. Estos recuerdos sólo escapan de la jaula a través de los sueños, las enfermedades mentales o en los lapsus del lenguaje. La controversia con ese concepto es que para muchos científicos es una noción romántica (de hecho, Freud lo tomó de los poetas románticos alemanes) que difícilmente se puede probar. “Además, sugiere que estamos motivados por fuerzas que no podemos ver o controlar, y esto es una herida severa a nuestro narcisismo”, dijo a Newsweek el doctor Glen O. Gabbard, profesor de siquiatría de Baylor College of Medicine.

Pero el escándalo mayor se dio cuando afirmó que el motor de la vida síquica eran las pulsiones sexuales que tienen como punto de partida los instintos. “El problema que encontró Freud es que las personas buscan esconder en lo más profundo de su mente sus deseos sexuales. La sexualidad era considerada sucia, pecado y no se debía hablar de ella entre personas decentes y correctas”, afirma la sicoanalista Yanet Flórez.

Por si fuera poco, Freud afirmó que el deseo sexual no empezaba en la pubertad sino en la infancia y que las neurosis provienen casi siempre de desajustes sexuales. Todo esto era considerado una obscenidad para los respetables científicos de su época. “La sexualidad hoy no es el eje central de los problemas en la mayoría de los pacientes, afirma Flórez. Pero, a pesar de todas las críticas, hoy nadie niega su influencia en la vida emocional de las personas”, agrega.

Quizás uno de sus aportes más importantes fue su idea de la terapia. Freud inventó una forma de tratamiento basado en algo tan sencillo como hablar (ver recuadro). Sin cirugía, sin drogas, sin cambiar la dieta. Hoy sigue siendo de tal utilidad, que el mismo Prozac no sirve de mucho si no está acompañado de la sicoterapia. “Los tratamientos de hoy sólo tratan el síntoma. El sicoanálisis, en cambio, se dirige a las causas que originan el problema”, dice Ricardo Yamín, presidente de la Asociación Colombiana de Sicoanálisis.

Pero Freud no sólo sigue vigente por algunas de sus ideas, sino porque es una influencia fundamental para las principales líneas de investigación en sicología. La sicología analítica de Carl Jung, la terapia activa de Sandor Frenczi, las terapias de grupo como las de Alcohólicos Anónimos, o la sicología individual de Alfred Adler no son estrictamente freudianas, pero todas tienen sus raíces en las ideas de Freud. Eric Kandel, premio Nobel de Medicina por su trabajo sobre el aprendizaje y la memoria, afirma que el problema con el sicoanálisis no es con Freud, sino con las generaciones posteriores que no fueron capaces de convertirlo en una ciencia.

En años recientes varios estudios en neurofisiología han logrado verificar muchos de los planteamientos de la teoría sicoanalítica. El mismo Kandel y su grupo de investigadores de la Universidad de Columbia, por ejemplo, hicieron un experimento que consistió en observar con imágenes funcionales lo que pasaba en el cerebro de estudiantes cuando se les mostraba rostros con expresión de temor. Aunque los estudiantes dijeron no haber visto estas caras, las imágenes de resonancia magnética mostraron que se presentaba actividad en la amígdala del cerebro. Esto sugiere que los estudiantes sí vieron las imágenes, pero las reprimieron por el miedo que les causaron. Para Kandel y su equipo, esto es una pista de que el inconsciente existe y se puede probar científicamente.

Estas investigaciones demuestran que Freud no está muerto y, 150 años después de su nacimiento, sus ideas siguen dando frutos. “Este es un campo en constante investigación y revisión”, dice Yamín. La relación madre e hijo sigue siendo fundamental y el sicoanálisis de niños es uno de los campos de trabajo más activos. La interpretación de los sueños es aún una herramienta importante en las terapias, y buena parte del lenguaje que utilizó Freud se ha incorporado en el habla cotidiana. Pero el reto más grande para esta disciplina es, todavía, demostrar que funciona. Es decir, que con la ayuda del sicoanalista, el bombillo vuelva a encender.

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