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| 12/13/1993 12:00:00 AM

Histeria sexual

En Estados Unidos, la lucha por el respeto a la mujer se está convirtiendo en una verdadera obsesión.

Histeria sexual Histeria sexual
UNA MUJER PROFESIONAL, ADMIradora de Fernando Botero, tenía colgado en su oficina de una empresa editorial de Miami un afiche de una las gordas del pintor. La gorda aparecía de espaldas, peinándose, y mostraba sus nalgas inocentes. El cuadro, sin embargo, no duró mucho en la pared principal de su oficina. Un empleado administrativo consideró que podría resultar "ofensivo" para alguien y le sugirió a la mujer que lo pusiera en una de las paredes laterales. Para evitar problemas,la mujer lo cambió a un lugar donde las nalgas no escandalizaran a quien las viera desde el salón principal del edificio.
Este caso es sólo uno de los miles que a diario se ven en Estados Unidos como resultado de un inquisitivo ambiente de prevención sexual que, con frecuencia, va más allá de la simple mojigatería y se mete a la fuerza en los terrenos de los códigos laborales y penales. Es una atmósfera en la que un piropo mal dicho, un cuento verde, un saludo muy efusivo pueden terminar en investigación por acoso sexual.
La "histeria sexual",como la han llamado algunos, se vive en todo el país. En las universidades, en las oficinas públicas y en el ejército aumentan cada día las quejas: secretarias que guardaron silencio por muchos años acerca de los abusos sexuales de sus jefes, y resolvieron hablar finalmente porque no podían aguantar más; estudiantes que dicen haber sido violadas por sus amigos de toda la vida pero su única prueba son sus palabras, y jóvenes que aseguran haber sido víctimas de abuso sexual por sus parejos en una fiesta. Todo esto con el agravante de que buena parte de las denuncias tiene garantizada la publicidad y, en casos truculentos, una oferta de un guión para cine.
El origen de este fenómeno está bajo el escrutinio de sociólogos y feministas.Hay quienes afirman que es el despertar de la mujer abusada, que se vió reflejada en Anita Hill y decidió delatar a sus agresores impunes.Pero otros creen que es otra manifestación de una sociedad que se ha vuelto quejumbrosa porque sabe que en la cultura del lamento hay posibilidad de jugosas indemnizaciones.
Los extremos de la controversia están de acuerdo sólo en que hay una gran confusión en las normas y pautas que definen los conceptos de acoso sexual y las conductas que pueden configurar un delito de abuso sexual e, incluso, de violación. Ahí es donde no hay claridad. Y no la hay porque mientras se dice, por ejemplo, que la coerción verbal puede constituír violación, nadie ha dicho qué es coerción. Podría ser, por ejemplo, "se va conmigo o se muere ", o "no seas mala, Tiffany, si no lo haces, me voy con Healher", como escribió la periodista Sarah Crichton, de la revista Newsweek.
La confusión ha llegado a tal extremo que en el Antioch College, un plantel de Ohio que proclama ser "un laboratorio de la democracia", se ha optado por la rampante procacidad. En un manual de conducta sexual expedido recientemente, se pide a los alumnos que sigan los siguientes pasos: "Si usted le quiere quitar la blusa,tiene que pedir permiso. Si usted le quiere tocar el busto, tiene que preguntar. Si usted quiere bajar su mano a los genitales, tiene que preguntar...
En otras universidades los estudiantes son invitados a sesiones en las que jóvenes voluntarios dramatizan lo que se conoce como "daterape", que no es más que la violación de una mujer por parte de un amigo. Este es tal vez el fenómeno más denunciado en los últimos años, pero asimismo el más difícil de probar, porque generalmente tanto la víctima como el agresor admiten que estaban bajo el efecto del alcohol o de las drogas cuando ocurrieron los hechos. La mayoría de los colegios, sin embargo, no aceptan como excusa al violador sospechoso si su companera o él estuvieron pasados de copas.
La confusión y la publicidad de los casos parece haber elevado las estadísticas de reclamos por acoso sexual. Dos años después del escándalo del magistrado Clarence Thomas, los reclamos por acoso sexual se han duplicado. De 5.684 casos recibidos por la Oficina de 0portunidades Iguales y otras agencias en 1990, se ha pasado a 10.900 en sólo los primeros ocho meses de este año. No obstante, las estadísticas son otras fuentes de confusión. Parece que todo depende de quien las pide y quien las da. Las más preocupantes, apoyadas por el FBI,se refieren a que una de cada tres mujeres en Estados Unidos es violada o víctima de abuso sexual en cualquier etapa de su vida.Si esto fuera cierto -dice una mujer escéptica-, una tercera parte de mis amigas hubieran sido violadas y ellas nunca me lo han contado".
En los tribunales tampoco hay acuerdo. Teresa Harris denunció a su patrono Charles Hardy porque le sugirió que fueran a un hotel a negociar su aumento.Hardy solía pedirle que le metiera la mano en el bolsillo del pantalón para sacar cambio. Un tribunal que conoció el caso decidió que no se configuraba acoso sexual porque la conducta del patrono, si bien era insensible y molesta, no había causado en la mujer "un daño sicológico severo".
El debate de la histeria sexual está apenas comenzando. En los próximos días aumentará de nuevo de temperatura en Estados Unidos.El escenario será, una vez más, el Congreso. Y el guión está verdaderamente como para alquilar balcón: el Senado aprobó, por una mayoría abrumadora, que el senador Bob Packwood entregue su diario personal donde, además de sus vivencias como legislador, aparentemente incluía descripciones de las aventuras sexuales que vivía con mujeres que hoy lo acusan... Adivinen de qué.

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