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| 9/23/2006 12:00:00 AM

La niña más antigua

Científicos descubren el fósil de una joven homínida que tenía brazos para mecerse en los árboles como los monos y piernas para caminar como los seres humanos.

La niña más antigua El paleontologo etíope Zeresenay Alemseged sostiene el cráneo de la pequeña Selam, el fósil más completo que se tiene de un antepasado humano
El 10 de diciembre de 2000, Zeresenay Alemseged, un paleontólogo etíope que acababa de terminar su doctorado en París, se encontraba en Dikika, Etiopía. Esa área es reconocida en el mundo por guardar restos de animales y primates que vivieron allí millones de años atrás. Fue precisamente cerca de Dikika donde hace 27 años se encontró a la famosa Lucy, uno de los fósiles que transformó las teorías sobre la evolución humana.

Alemseged dirigía allí una expedición cuya misión era buscar homínidos. Ese día el experto vio semienterrado en la zona que exploraba el cráneo de un homínido, con sus dientes, mandíbulas y la frente bien preservados. Muy cerca se encontraron otros huesos del esqueleto (cuello, vértebras, costillas, tibia y peroné) también en perfecto estado, compactados entre la arcilla. Aunque sospechaba que se trataba de un pariente de Lucy, Alemseged no imaginó lo que tenía en sus manos.

La semana pasada, casi seis años después del hallazgo, Alemseged reveló al mundo, en un estudio publicado en la revista Nature, la importancia de lo que encontró aquel día. Se trata de los restos de una hembra homínida en edad juvenil que vivió hace 3,3 millones de años a quien bautizaron Selam, que en etíope significa paz. La joven hembra resultó ser efectivamente de la especie Australopitecus afarensis, la misma de Lucy, que según muchos expertos, fue el antecesor del Homo sapiens, aunque no se sabe exactamente cuál posición ocupa en el árbol genealógico de esta especie .

Para los investigadores este es un fósil aún más importante que la propia Lucy debido a una serie de factores, entre ellos que son los restos más antiguos, los más completos y, sobre todo, porque pertenecían a una joven, lo que permite estudiar el desarrollo del cuerpo de los A. afarensis en una dimensión diferente. "Podremos comparar sus huesos con los de un adulto y ver cómo cambiaban durante el desarrollo", manifestó Alemseged a Scientific American. Todo esto permitirá conocer en mayor profundidad qué tanto de simio y qué tanto de humano había en esa especie.

No obstante, la más importante característica del fósil es que, a diferencia de Lucy, sí tiene cráneo. Alemseged calcula que el tamaño del cerebro de este ejemplar era de 330 centímetros cúbicos, entre 63 y 88 por ciento el tamaño de un adulto de su especie. Esto lo llevó a pensar que el desarrollo cerebral era más lento que el de los chimpancés, que a esa misma edad ya tienen desarrollado el 90 por ciento del volumen de su cabeza. Por lo tanto, la evolución del cerebro de A. afarensis sería más lento, tal y como hoy sucede con el de los humanos.

Sus extremidades también han aportado mucho conocimiento. Los huesos de las piernas confirman que esta especie, como los humanos, podía caminar erguida. Sin embargo, de la cintura para arriba su cuerpo parece más el de un gorila en edad juvenil. La clave para esta afirmación ha sido la escápula, hueso de la parte alta de la espalda comúnmente llamado paleta (que protege el pulmón), que en Selam eran más parecido al de los simios. Era un mejor trepador que los humanos. Los dedos de las manos son largos y curvados, lo cual sugiere que el A. afarensis se colgaba de las ramas de los árboles. En otras palabras, este esqueleto conserva remanentes de los primates, pero también nuevos rasgos como caminar en dos pies, una de las características más importantes de los seres humanos. Es lo que los expertos llaman evolución mosaico, y la pequeña Lucy es un ejemplo de ello. "Sus huesos nos muestran la evolución mientras sucedía", dice Alemseged.

El esqueleto podría resolver un viejo dilema entre los teóricos sobre si el A.afarensis sólo caminaba de pie y tenía sus extremidades como un remanente de un antepasado simio o si, como argumentan otros, tuvo simultáneamente dos maneras de locomoción: caminar y mecerse en las ramas de los árboles. Owen Lovejoy, antropólogo de la Universidad de Kent, en Ohio, afirmó a la revista Nature que "el animal estaba perdiendo su capacidad de vivir en los árboles y dirigiéndose más hacia un ser humano".

Otros creen que Selam podría mostrar que la evolución se dio gracias a una secuencia de cambios. "Es un buen ejemplo de que la evolución no sucede de la noche a la mañana ni en forma drástica. No se trata de oprimir un interruptor y transformar en forma mágica un cuadrúpedo en un bípedo. Parece que la selección natural privilegió primero los cambios relacionados con la locomoción bípeda y dejó para más adelante la evolución de las extremidades superiores", explicó a la revista Scientific American Donald C. Johanson, de la Universidad de Arizona, quien descubrió a Lucy.

Otro hueso que ha brindado información interesante es el hioides, localizado en la garganta, que según los expertos tiene que ver con la capacidad de hablar de los humanos. En el A. afarensis se parece más al de los simios, lo cual indica que probablemente Selam sólo podía emitir el mismo tipo de sonidos de los primates.

Pero lo mejor, asegura Alemseged, aún está por venir. La mayoría de los huesos aún se encuentran ocultos dentro del sedimento y los expertos tardarán algunos años más en aprovechar toda la información que puedan obtener de estos restos.

El alto grado de conservación de los huesos de Selam indica que la joven A.afarensis murió ahogada durante una inundación e inmediatamente fue sepultada entre la arena. Aunque los huesos de los ejemplares infantes son más débiles que los de los adultos, el esqueleto y cráneo de Selam lograron resistir todo este tiempo gracias a que quedaron encapsulados entre las piedras. Su cráneo, sus vértebras y costillas permanecieron más de tres millones de años compactados dentro de un yeso de arcilla. Hasta hace cinco años, cuando Alemseged y su equipo la descubrieron y en total silencio empezaron a contarles a los seres humanos las más interesantes historias de su tiempo.

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