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Todo por un 'like'

Hoy para ser popular hay que acumular millones de ‘me gusta’ en las redes sociales Sin embargo, este símbolo de aceptación podría provocar problemas de autoestima e identidad.


Essena O’Neill, una joven australiana de 19 años, publica una foto en Instagram todos los días. En la más reciente, aparece posando con el fondo de una playa increíble. Aunque a simple vista la está pasando genial, en realidad no está completamente satisfecha. Le decepciona que el post no recibió los ‘me gusta’ que esperaba, y en vez de disfrutar de aquel paraíso empieza a preguntarse qué salió mal. “¿No fui lo suficientemente graciosa? ¿La imagen no es tan bonita como pensé? ¿Simplemente a la gente no le importa?”.

La reacción neuronal que se produce cuando una persona recibe numerosos ‘me gusta’ se parece a la que resulta de comer chocolate o ganar dinero.

Sucedió en la vida real hace unos años, cuando O’Neill era una de las influencers más seguidas de Australia. Pero tras sentirse agotada por mantener los estándares de una vida perfecta, decidió confesar que la mayoría de sus fotos eran falsas. “Lo tenía todo, pero tenerlo todo en las redes no significa absolutamente nada en la vida real. Todo lo que hacía lo había editado”, explica. Por esta razón, eliminó al menos 2.000 fotografías de su perfil de Instagram y a las 96 que dejó les escribió un nuevo pie de foto para que las personas reconocieran la banalidad de sus actos.

En una de ellas escribió: “Me hubiera gustado comer bien ese día. Probablemente le grité a mi hermana pequeña hasta que consiguió tomar una foto que me gustara”. El hambre de validación social de O’Neill a través de likes no es un caso aislado, sino prácticamente la regla entre la mayoría de adolescentes, que hoy ven en los ‘me gusta’ la forma más fácil de medir su popularidad.

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El modelo se replica en otras redes sociales y edades. En Twitter, por ejemplo, los líderes de opinión buscan desesperadamente la validación de sus seguidores por medio de frases controversiales o emocionales. Y en Facebook, Youtube y Snapchat, el imperio del ‘me gusta’ ha llevado a que los ‘feed’ de noticias estén repletos de fotos y videos virales donde los animales y el estilo de vida perfecto están a la orden del día.

Aunque no todas las personas se someten a esta validación, los estudios demuestran que la mayoría sí se preocupa por los likes. Una encuesta en línea realizada en 2015 por los investigadores Joseph Grenny y David Maxfield, coautores de best sellers, reveló que al menos 50 por ciento de las 1.622 personas encuestadas sacrificaron sus experiencias en un viaje o momento íntimo para publicar la foto perfecta.


Foto: Hoy, la gente comparte todo sobre su vida en las redes sociales. 

Otros datos impresionantes del trabajo afirman que tres de cada cuatro personas han sido groseras con otras por concentrarse en su teléfono; 91 por ciento ha visto a un turista obsesionado por captar un momento; y al menos 14 por ciento han puesto en riesgo su seguridad por lograr una buena publicación (ver recuadro).

En una serie de estudios, los científicos han puesto al descubierto los efectos espeluznantes del ‘me gusta’ en el cerebro. Uno de los más sólidos, realizado por la Universidad de California y publicado en la revista Psychological Science, afirma que la reacción neuronal que se produce cuando una persona recibe numerosos ‘me gusta’ se parece a la que resulta de comer chocolate o ganar dinero.

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Para probarlo reunieron a un grupo de 32 adolescentes entre 13 y 18 años y les mostraron fotografías. “Cuando estos vieron sus propias imágenes con un gran número de ‘likes’, vimos cómo se activaba una amplia variedad de regiones en el cerebro”, explicó Lauren Sherman, investigadora principal del estudio.

Sobre todas las demás se activó el núcleo accumbens, que tiene una función importante en la risa, el placer y el miedo. Solo que en esta zona también actúan las sustancias adictivas como la cocaína o el alcohol. Por eso, quedó demostrado que los likes pueden ser igual de adictivos que cualquier droga.

Este punto de inflexión llega, según los expertos, cuando la necesidad de aprobación se convierte en un factor determinante de la personalidad. “Cuando uno sube una foto o hace una publicación, lo hace por la necesidad de que lo vean. Y no producir la reacción esperada puede afectar la visión que las personas tienen de sí mismas”, explica la psicóloga y experta en salud mental Catherine Salamanca. Su impacto deja ver la otra cara de las redes sociales: la ansiedad, la soledad, la depresión, el exceso de comparaciones, entre otros conflictos personales de los seres humanos.

La obsesión, incluso, ha mostrado tener repercusiones en el estado físico de las personas. Artículos internacionales muestran que el boom de las selfies cambió el negocio de las cirugías plásticas. Una encuesta realizada a 2.700 clínicas en Estados Unidos mostró que uno de cada tres establecimientos evidenció un incremento en los procedimientos. Lo aterrador fue que la mayoría de pacientes reconocía que los motivaba principalmente la preocupación por su imagen en las redes sociales.

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En este punto la psicóloga advierte que no siempre las redes provocan estos sentimientos y acciones, sino que esas características se potencian en estos espacios. Por eso recomienda, entre otras cosas, que las personas sean conscientes de que la vida real va mucho más allá de la virtualidad, para que no se dejen llevar por la obligación de modificar su personalidad para encajar con ciertas tendencias existentes en internet.

50 por ciento de las personas sacrifican sus experiencias en un viaje o momento íntimo para publicar la foto perfecta.

“Estamos en una era tecnológica y no nos podemos aislar. Pero las personas, y sobre todo los jóvenes, deben entender que eso no puede generar un impacto significativo en la vida. Deben aprender a tener una perspectiva crítica frente a las modas”, explica.

Esta fijación por los likes también ha llevado a que algunas personas hagan reflexiones desde la ironía. El ejercicio más reciente lo hizo @world_record_egg, una cuenta anónima en Instagram que pidió a los usuarios de todo el mundo aportar un ‘me gusta’ en un huevo para superar el récord de la imagen más popular en la red social que en ese momento tenía la influencer Kylie Jenner (18 millones). Buscaba evitar que los medios siguieran rindiendo un culto a las personalidades cada vez que batían un nuevo récord. Hoy el huevo tiene más de 52 millones de reacciones, una cifra que cualquier humano tendría dificultades para superar. 


Foto: El huevo, la foto con más likes en la historia de Instagram. 

¿VALE LA PENA?

La necesidad de validación ha llevado a que los usuarios pongan en práctica retos absurdos y peligrosos. Estos son algunos de los más conocidos.

  • Kiki Challenge: consiste en bajarse de un auto en movimiento y bailar la canción del cantante Drake In My Feelings. En los videos ha quedado el registro de algunos accidentes.

  • Salt and Ice Challenge: este peligroso reto implica ponerse sal en una parte del cuerpo y luego hielo. La reacción química que resulta provoca graves quemaduras en la piel. El que aguanta más tiempo gana el reto y con ello la aceptación de muchas personas.

  • Condom Challenge: dos retos virales. El primero implica aspirar un preservativo de látex a través de una fosa nasal para luego sacarlo por la boca. El segundo consiste en llenar un condón de agua y soltarlo sobre la cabeza. Ambos pueden provocar infecciones, reacciones alérgicas y hasta asfixia.

  • Hot water Challenge: consiste en lanzarse un balde de agua hirviendo en la cabeza y el cuerpo. El polémico desafío puede provocar quemaduras de tercer grado en segundos e incluso ya ha registrado muertes.

  • Ted Pod Challenge
     en este reto viral los adolescentes se graban comiendo cápsulas de detergente. La moda comenzó en 2017 y ya ha provocado graves casos de intoxicación.