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| 8/31/1998 12:00:00 AM

LA REVOLUCION DE LAS VACUNAS

Los científicos han logrado grandes avances en la búsqueda de vacunas contra males tan diversos como la intoxicación a causa de comidas en mal estado, la otitis y la adicción a la cocaína.

LA REVOLUCION DE LAS VACUNAS, Sección Vida Moderna, edición 848, Aug 31 1998 LA REVOLUCION DE LAS VACUNAS
Por allá en las edades oscuras, es decir hacia 1981, los niños de todo el planeta se estaban muriendo de meningitis bacteriana. El principal autor de la matanza, Hemophilus influenza tipo B (HIB), infectó a uno de cada 200 niños tan solo en Estados Unidos, y la cuarta parte de los sobrevivientes sufrió daño cerebral permanente o pérdida de la audición. En la actualidad la HIB se presenta muy rara vez gracias a una nueva generación de vacunas. Las tasas de infección han caído en más del 90 por ciento en los países desarrollados e incluso algunos han desterrado totalmente el microbio. Si la historia parece familiar, es apenas lógico. La viruela y la polio fueron controladas siguiendo el mismo patrón, por las mismas razones. Las vacunas, dice la doctora Margaret Liu, de la firma californiana Chiron Corp., han producido "mayor impacto benéfico sobre la salud humana que cualquier otra forma de intervención médica".
La revolución no ha concluido todavía. Armados con nuevas herramientas para manipular genes y proteínas, los científicos están urdiendo planes que incluyen vacunas para combatir toda clase de males, desde intoxicación con comidas descompuestas hasta cáncer del cuello uterino. Al mismo tiempo están descubriendo métodos radicalmente nuevos para producir compuestos que generen inmunidad. Si las nuevas estrategias funcionan las futuras vacunas no serán manufacturadas en costosos laboratorios ni inyectadas. Simplemente serán extraídas a bajo costo de frutas, vegetales o animales de granja modificados genéticamente y consumidas en píldoras, ungüentos e inhaladores.
Docenas de nuevos compuestos están siendo diseñados y probados. Si entrasen a complementar las vacunas existentes podrían prevenir 12 millones de muertes al año en el mundo.
Los científicos comprendieron hace siglos que una sustancia benigna puede, a veces, estimular las defensas del cuerpo para que actúen conjuntamente contra un cuerpo maligno. El método más seguro para poner fuera de combate a un peligroso microbio consiste sencillamente en infectar a las personas cn una cepa inofensiva del mismo. Los patógenos vivos, debilitados, han ayudado a controlar muchas enfermedades, desde paperas hasta poliomielitis. Ahora la firma californiana Aviron Corp. está utilizando una de ellas para crear una vacuna antigripal que pueda ser aplicada con un aerosol nasal. A diferencia de las inyecciones antigripales convencionales, que operan con virus muertos para estimular el sistema inmunológico, el novedoso FluMist de Aviron utiliza un microorganismo vivo que prospera en el clima fresco del interior de la nariz y en la garganta pero que perece en regiones más calientes del cuerpo. El microbio provoca una vigorosa respuesta en los tejidos mucosos que los virus gripales invaden pero su aversión al calor les impide invadir otros tejidos. Los estudios publicados esta primavera confirman la efectividad de FluMist. Si es aprobado por la Administración Federal de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) podría salir al mercado este mismo otoño (septiembre-octubre).
No es fácil trabajar con microbios vivos. Algunos no pueden ser cultivados en tubos de ensayo y aquellos que sí pueden cultivarse requieren un manejo especial y constante refrigeración. Hasta hace poco la única alternativa posible consistía en utilizar un patógeno muerto en vez de vivo. Sin embargo los científicos pueden producir actualmente en cantidades industriales pequeños fragmentos o 'subunidades' de un microbio y utilizarlas para llamar la atención del sistema inmunológico. La vacuna contra la hepatitis B, lanzada a comienzos de los 80, está basada en un pedazo del virus de esta enfermedad obtenido mediante ingeniería genética. Ahora los investigadores de MedImmune Corp., en Maryland, están utilizando la misma técnica con el virus del papilloma humano (VPH), la infección venérea más difundida en Estados Unidos y también causa frecuente de cáncer de la matriz. El VPH no puede cultivarse en el laboratorio, razón por la cual los científicos de MedImmune han pegado varios de sus genes en ciertos virus con los cuales han infectado células de insectos criados en el laboratorio. Una vez infectadas, las células de los insectos producen fragmentos del VPH, los cuales pueden ser utilizados en la fabricación de vacunas. La firma está iniciando pruebas en seres humanos con la esperanza de sacar al mercado una vacuna a más tardar en el año 2003.
Otros investigadores han optado por variantes de esta estrategia. Si una subunidad _o un patógeno completo_ no genera inmunidad la atan a una molécula más llamativa. Esta estrategia es la que ha permitido producir las nuevas vacunas contra la meningitis y puede constituir la mejor esperanza para controlar el streptococcus pneumoniae, principal causa de otitis infantil. Aproximadamente 83 por ciento de los niños de Estados Unidos sufren una infección de oído antes de los tres años. Esta enfermedad es la causa de 35 millones de visitas al médico cada año, así como de una avalancha de prescripciones de antibióticos que cuestan cerca de 3.500 millones de dólares. El sistema inmunológico infantil no responde con suficiente vigor ante la membrana externa del streptococcus pneumoniae, la cual está formada por moléculas de azúcar. Por ello los investigadores de Wyeth-Lederle han creado copias de los azúcares del microbio y las han atado a una proteína de la difteria que es muy fácilmente reconocible por el cuerpo de un niño. Si esta vacuna 'conjugada' funciona como se espera, los niños aprenderán a responder a todos sus componentes y adquirirán inmunidad duradera contra las otitis. Los científicos de la firma InmuLogic, de Waltham (Massachusetts), esperan que el mismo truco les permita inmunizar a los adictos contra la cocaína. Han diseñado una vacuna que combina moléculas de cocaína con proteínas que alertan a los anticuerpos. En principio dichos anticuerpos se engancharán a la cocaína cada vez que ella penetre en el cuerpo. El tamaño de los anticuerpos debería impedirle a la droga que acceda al cerebro.
A pesar del logro tecnológico que representan la mayoría de estas vacunas tienen desventajas en común, como que no se pueden producir sino en laboratorios muy complejos y costosos y su administración solo puede efectuarse con agujas hipodérmicas. Pero si el nuevo campo de la 'transgénica' resulta tan eficaz como promete ser, las vacunas producidas con subunidades podrían fructificar literalmente en los árboles. Los biólogos especializados en agronomía implantan rutinariamente genes extranjeros en las plantas de cosecha para hacerlas resistentes a las plagas, a la sequía y a otras contingencias. Algunos están utilizando actualmente la misma técnica para lograr que las plantas produzcan proteínas inmunológicas activas. En el Instituto Boyce Thompson, de la Universidad de Cornell, por ejemplo, el grupo de investigadores dirigido por Charles Arntzen está cultivando papas que contienen proteínas inofensivas de E. coli, uno de los principales agentes causantes de enfermedades diarreicas. Demostró recientemente que las personas que consumen las papas procedentes de su laboratorio generan anticuerpos contra dicha bacteria (bananos, tomates y el maíz transgénicos presumiblemente tendrían el mismo efecto). Para convertir esos alimentos en vacunas los investigadores tendrán que identificar dosis efectivas y diseñar procedimientos confiables para transmitirlas a los consumidores. Pero las vacunas comestibles podrían ser los instrumentos óptimos para controlar muchas epidemias globales. "Hay 300 millones de portadores de hepatitis B en el mundo, dice Iain Cubitt, de Axis Genetics, una empresa británica, de modo que usted tiene que producir cantidades gigantescas de proteínas inmunológicas. La única forma concebible de hacerlo es mediante las plantas".
En algunos casos los animales pueden ser los mejores criadores de vacunas. Los científicos de Genzyme Transgenics y del Instituto Nacional contra la Alergia y las Enfermedades Infecciosas están creando cabras cuya leche pueda ser utilizada para vacunar niños contra la malaria. Ya han logrado que algunas cabras y ratones produzcan segmentos de MSP-1, una proteína que aparece en la superficie del parásito de la malaria. Si las pruebas demuestran que las partículas de MSP protegen a los simios contra la malaria, los científicos procederán a probarla en seres humanos. Cerca de 500 millones de personas contraen malaria cada año y hasta tres millones de ellas mueren. Las vacunas siguen siendo la mayor esperanza para combatir estas tragedias. Y, por el momento, existen todas las razones para pensar que lo lograrán.

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