La escritora Tatiana Andrade y la artista María Camila Sanjines, autoras de 'La vida láctea' - Foto: Guillermo Reina

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“La falta de sueño produce monstruos”

Por: Carolina Vegas *

En un acto de sinceridad extrema la escritora Tatiana Andrade y la artista María Camila Sanjinés desmitifican la maternidad a partir de los textos e ilustraciones que componen su libro ‘La vida láctea’. Las madres les agradecemos su cruda franqueza.

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Hace unos días una persona me preguntó: “¿Pero qué interés puede tener un libro que habla sobre la maternidad? ¿Cuál es la relevancia de este tema?” Con desdén, como si la maternidad solo concerniera a las madres, las cuales últimamente se estaban volviendo particularmente quejumbrosas. Como si ser mamá fuera algo fácil. Porque sí, cada vez más madres estamos alzando nuestras voces para sacar del silencio los actos de parir y criar. Aquellos que durante siglos se ha pensado que son el único fin y misión de las mujeres en el mundo. Y en el silencio impuesto sobre todo lo femenino, el tabú y la oscuridad de lo pecaminoso, prohibido y sucio que históricamente se ha creído es la esencia misma de ser mujer, el acto de la maternidad también se ha visto cubierto por un velo que exige que se calle la experiencia.

La revelación de la realidad de cargar un hijo en el útero se comenzó a ser visible casi a mitad del siglo XX, con la aparición de ropas más ajustadas para las mujeres. La moda llevó a que la pancita de embarazo apareciera en el panorama, forrada con tela pero a la vista de todos. Y luego nació todo este discurso sobre la maravillosa experiencia de la maternidad, esa que siempre viene acompañada de bebés gorditos y cachetones a quienes sus madres besan en las nalgas. El hijo con el pan debajo del brazo. La bendición del hogar. Aquel que solo puede traer felicidad y nada más que felicidad, porque si no es así entonces tú no eres una buena madre.

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La ignorancia, esa burbuja de inocencia, que rodea a toda madre primeriza, pues casi ninguna otra madre será capaz de contarle la verdad, genera una soledad infinita durante esos primeros días y meses después de dar a luz a un bebé. “Yo me acuerdo que cuando tuve mi hijo a las 12 horas de parir yo le dije a mi prima: ‘Yo no entiendo cómo nadie me había hablado de esto, cómo ninguna mujer me había dicho que el parto era esto, cómo nadie me explicó, me sentí completamente engañada como si hubiera entrado en una trampa, y creo que eso es muy cruel”, me confesó María Camila Sanjinés durante una larga conversación sobre el libro La vida láctea que escribieron ella y Tatiana Andrade.

La soledad es cruel, porque hace sentir que una es anormal. Si nadie habla de esto, de lo duro, de lo triste, de las lágrimas y las frustraciones que también acompañan el nacimiento, es porque soy la única que se siente así. Eso piensa una, a los 15 días haber parido, un día a las 6 de la tarde cuando cree que el nivel de cansancio que carga su cuerpo la va a matar. De forma literal. Que su cuerpo tan maltrecho, la falta de sueño extrema, el dolor, la incertidumbre y la angustia de la montaña rusa del puerperio, va a quitarle la vida y va a dejar a su hijo huérfano.

Cuando se empiezan a tener pensamientos siniestros sobre todas las posibles catástrofes que pueden ocurrir, sobre cómo se acerca el apocalipsis y uno debe proteger a su cría, sobre cómo en cualquier momento pueden ocurrir cosas espantosas que uno comienza a ver de forma vívida y cree que está enloqueciendo. Que es la única. Y luego descubre que Tatiana Andrade también confiesa que ella logra imaginar los escenarios más perversos desde que es madre. Pasa la página y respira con tranquilidad. Somos dos, tres, miles, quizás. ¡No estoy sola!

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Porque precisamente esa es la magia que posee la honestidad de los textos de Andrade y las ilustraciones de Sanjinés. Tienen la capacidad de hacernos ver que muchas, quizás todas, hemos pasado por ahí. Hemos sentido envidia de nuestras parejas y su libertad de salir de la casa, así sea solo para ir a trabajar. Hemos tenido las peores peleas con nuestra media naranja durante ese primer año de crianza, porque las hormonas y el cansancio son implacables. O como dice una de las ilustraciones del libro: “La falta de sueño produce monstruos”. Hemos sentido la culpa profunda del fracaso la primera vez que nuestro cachorro se lastima. O como revela Tatiana en uno de los textos en donde asegura que no se arrepiente de su decisión de ser madre pero, “…a veces siento que voy a desfallecer. Siento que mi vida no me pertenece. Que no tengo habitación propia”.

¿Y acaso en pleno siglo XXI todas las mujeres que hemos tomado la decisión consciente de ser madres no hemos sentido un poco de nosotras mismas diluirse en ese nuevo rol? ¿Acaso no hemos mirado con tristeza hacia el pasado, a aquellas que fuimos llenas de sueños y libertades antes de tener hijos? “Más allá de que fue una catarsis para nosotras este proyecto, esperaría que ayude mínimamente a que muchas mujeres tengan una voz distinta frente a la maternidad. Se puedan quejar, le puedan decir eso a su pareja. Porque digamos que de la casa hacia fuera todo pareciera perfecto, pero el gran trauma y la gran angustia, la gran batalla también se generan día a día en la familia”, me aseguró Andrade. Y por eso yo desde Universo Crianza les agradezco este libro escrito desde la entraña misma de la cruda maternidad.

*Editora de SEMANA y autora de las novelas Un amor líquido y El cuaderno de Isabel (Grijalbo).