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| 9/15/1997 12:00:00 AM

LES PAGAN POR PENSAR

Una nueva clase de ejecutivos se impone en el país. No tienen tareas específicas ni horarios fijos, pero reciben ingresos millonarios solo por botar ideas.

LES PAGAN POR PENSAR LES PAGAN POR PENSAR
La imagen de un ejecutivo echando globos en su oficina, con los pies sobre su escritorio, mientras mira para el techo y escucha a Pink Floyd, puede ocasionarle a un jefe tradicional un síncope de la madona. Sin embargoeste tipo particular de profesionales cada vez se encuentra más en las empresas colombianas. No se trata de una partida de vagos. Lo que sucede es que su trabajo, al contrario de la mayoría de oficios, no requiere ejecutar una labor específica. Por eso son la envidia de cualquier empleado. Porque han llegado a un nivel que todos los profesionales ambicionan y que consiste en ganar un buen salario mensual _que puede oscilar entre los 15 y los 20 millones_ simplemente por botar ideas. Por la calle se confunden con los típicos ejecutivos de saco y corbata, celular y agenda digital. Sin embargo se trata de una nueva especie de profesionales en vías de expansión, que no tienen horarios fijos pero trabajan en todas partes, en la ducha, en el carro, en cocteles e incluso mientras duermen. Sus mentes siempre están en constante estado de ebullición. Esa actividad constante les hace disparar permanentemente una ráfaga de ideas sobre diferentes temas. Además les da una gran capacidad de trabajo que hace que una simple jornada produzca los resultados de una doble. Con todo lo anterior no es raro que funcionen como si tuvieran un acelerador encima que los pone a mil por hora. En el mundo las empresas ya le habían abierto sus puertas a este tipo de ejecutivos creativos. Según los expertos, la vinculación de personas cuyo único trabajo es pensar en la compañía es el resultado de la necesidad de proponer soluciones rápidas a los nuevos retos que impone un mundo lleno de competencia. "Los grandes empresarios del mundo moderno se dieron cuenta de que la mayor parte de las soluciones se estaban proponiendo sin relación con la realidad actual", afirmó Carlos Dávila Ladrón de Guevara, profesor de la Universidad de los Andes. Y agregó que "ahora en esos espacios hay gente pensando para proponer cosas reales".En Colombia no son muchos los que gozan de ese privilegio pero los que se cuentan, como Luis Alberto Moreno, Mauricio Rodríguez y Miguel Silva, encajan perfectamente en el perfil que han dibujado los expertos para explicar a esta nueva élite empresarial.De acuerdo con Miguel de Zubiría, sicólogo de la Fundación Merani, uno de los pocos centros para niños superdotados en el país, esta nueva raza de ejecutivos puede tener una formación tradicional. Son financistas o administradores de empresas. No obstante se distinguen de los demás profesionales de su área porque poseen una gran fluidez de pensamiento que se mide en el número de ideas por unidad de tiempo. "Esto significa que son como un grifo abierto que muchas veces nadie puede detener". Pero la gracia no está solo en la cantidad sino también en la calidad. Para De Zubiría las ideas, propuestas o soluciones a conflictos de este tipo de ejecutivos son siempre mucho más originales que las de los demás y las asociaciones que realizan se salen casi siempre de los moldes tradicionales.Otra característica que los distingue es que son muy flexibles, es decir, tienen la capacidad de mirar un mismo asunto desde diferentes ángulos. "Cuando se dan estos tres ingredientes en una sola persona uno se encuentra con un individuo con un tipo de inteligencia creativa", señaló De Zubiría. Lo insólito del fenómeno es que por mucho tiempo se creyó que la creatividad era asunto exclusivo de los músicos, pintores, escritores y en general de las personas dedicadas al arte. En ese orden de ideas los demás profesionales, en especial los de sectores financiero, comercial o industria, no debían meter sus narices en esas áreas. Sin embargo el tema empezó a interesar hace un par de décadas a los sicólogos industriales, quienes advirtieron la necesidad de pensar en las empresas como mecanismo de sobrevivencia. Por un lado la competencia obligó a que las empresas no solo produjeran nuevos productos y servicios sino estrategias para que la compañía no pasara a mejor vida. Así mismo, con el desarrollo vertiginoso de nuevas tecnologías los grandes grupos económicos han tenido que invertir en este tipo de personajes para que los asesoren en la mejor manera de asumir los nuevos retos. En el caso colombiano, donde las condiciones son mucho más limitadas que en los países desarrollados, los ejecutivos creativos se han convertido en una buena solución para las dificultades de ciertas empresas o instituciones que aparentemente no tenían ninguna salida. "Ellos actúan muchas veces en aquellos problemas que no resuelven ni el jefe ni la plata", dijo Jaime Parra, profesor de la licenciatura de pedagogía de la Universidad Javeriana. "Es ahí donde se necesitan soluciones creativas". El interés en el tema ya está en las aulas de clase. En el Cesa, uno de los establecimientos educativos más destacados en la formación de administradores de empresas, existe una cátedra que se llama Aprender a Pensar y en la Universidad Javeriana hay un área de énfasis de la maestría de educación sobre creatividad. Todo esto está abriendo un camino nuevo que aunque empieza a tener auge aún muchos no entienden. "Es un cambio de visión porque en las empresas el solo hecho de que alguien no esté ejecutando un oficio causa molestia", afirma Jaime Parra. "Una de las grandes incomodidades en el corazón laboral de alguna empresa es ver a alguien haciendo 'nada'. Lo que nadie sospecha es que la grandiosidad de una idea no se puede valorar y como se ve que es un proceso rápido y simple, menos se valora aún, pero cada idea requiere mucho tiempo de pensamiento y de un gran tiempo de producción".
Miguel Silva
Era bohemio, dueño del Bar Cassis en Bogotá y escritor en el diario La Prensa cuando Miguel Silva estrechó su amistad con el entonces ministro de Gobierno César Gaviria. Al poco tiempo este abogado uniandino se convirtió en uno de sus más cercanos asesores. Al subir Gaviria al poder lo nombró primero como secretario privado y luego como secretario general de la Presidencia. Aunque a las personas ajenas al gobierno les sorprendió que un personaje con este perfil fuera a los 31 años nombrado para este cargo, para sus colegas Silva tenía los elementos claves para asumirlo: era una rara mezcla de poeta, buena pluma, excelente bagaje literario y una gran creatividad. Su gestión en la campaña y en el gobierno de Gaviria le ayudó a conocer a muchos personajes, entre esos a Rob Shepardson, de la firma de asesores de Nueva York SS&K. Shepardson lo invitó a trabajar en esa oficina como miembro asociado. Ha asesorado a los gobiernos de Bolivia, Panamá y a algunos partidos en Polonia, Chile y México.
Luis Alberto Moreno
Desde sus épocas de estudiante Luis Alberto Moreno había mostrado su gran habilidad para lucirse en cualquier oficio. La prueba está en que mientras hacía su pregrado en Miami era excelente vendedor de carros Mack y al mismo tiempo le iba muy bien como jockey en el hipódromo. Pero sin duda lo que convenció a sus amigos de que él era capaz de 'vender hasta un hueco' fue el original negocio de confeccionar kimonos en el 7 de agosto en Bogotá y exportarlos al Japón. A sus 44 años, este bogotano es considerado como uno de los pocos ejecutivos colombianos con el adjetivo de world class, es decir, que se mueve con la misma facilidad en Bogotá como en Londres, Washington o Nueva York. Quienes han trabajado con él aseguran que aunque es un generador de ideas incansable no se contenta con solo formularlas. Muchos han asimilado su función a la de un mediocampista en el terreno del fútbol. Hoy es representante del fondo de inversión extranjera Westphere. Es un maniático del teléfono que aprovecha cada minuto para pensar e inventarse cosas nuevas y, aunque trabajar con él puede parecer agotador, quienes lo conocen dicen que su sentido del humor hace que el trabajo con 'Morenito' sea una delicia.
Mauricio Rodriguez
En su oficina solo tiene libros que hablan de creatividad y pensamiento. Es coleccionista de afiches con mensajes escritos como "Innovar o Morir" o "Si lo puedes soñar lo puedes hacer" o la célebre frase de Thomas Alva Edison: "La creación es 1 por ciento inspiración y 99 por ciento transpiración". Hace dos años Mauricio Rodríguez pasó de vicepresidente financiero de Dow Chemical en Milán a director del semanario económico Portafolio. Sus nuevos jefes detectaron su habilidad creativa y su capacidad para generar ideas. Su aporte en los diferentes proyectos de la casa editorial El Tiempo fue tan importante que el año pasado lo nombraron vicepresidente de medios y hoy por hoy es la mano derecha de Luis Fernando Santos, presidente de esta empresa editorial. Este administrador del Cesa, cercano a los 40 años, instaló un micrófono en el carro para grabar lo que piensa durante los trancones y es un fanático de los post it. Los tiene de todos los colores y cada uno indica una idea en un campo diferente. Es tan apasionado por el tema que desde hace un tiempo es el director de una cátedra en el Cesa que se llama Aprender a Pensar.

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