evolución

“Llevamos en el alma ángeles y demonios”

El comportamiento humano es también determinado en gran medida por los genes. Así lo muestra Antonio Vélez en su libro 'Homo sapiens', un tratado sobre la naturaleza de la mente humana.


El ingeniero, matemático y divulgador científico antioqueño Antonio Vélez examina la mente humana. SEMANA habló de algunos de los temas de Homo sapiens con el autor del libro.

SEMANA: ¿Qué importancia tiene el enfoque evolutivo de la naturaleza humana?

ANTONIO VÉLEZ: Por primera vez disponemos de una mirada refrescante a uno de los problemas más viejos del hombre: las razones de sus sinrazones, de sus extrañezas, de sus estupideces y contradicciones, de su marcha a contracorriente de la lógica. Hemos penetrado en la estructura profunda de la naturaleza humana, problema que había resistido los intentos de los mejores pensadores del pasado. Y el bisturí mágico ha sido la teoría darwiniana de la evolución.

SEMANA: ¿Por qué pensadores y científicos le dan la espalda a la herencia animal del hombre?

A.V.: Unos, porque no entienden la teoría de la evolución; otros, porque su religión o sus ideologías se lo tienen prohibido. Max Planck ya lo dijo: "Para que una nueva teoría sea aceptada, no basta que sea correcta; es necesario que mueran todos los científicos formados en la antigua".

SEMANA: ¿Cuáles son las pruebas reina de que el genoma determina el comportamiento humano?

A.V.: Por un lado, el amplio abanico de formas de conducta universales que comparten todas las culturas, muchas de ellas sin contacto alguno con las demás. Por el otro, mellizos idénticos, portadores del mismo genoma, criados por familias diferentes. El estudio comparado de estos casos ha demostrado que los factores genéticos llevan, con ventaja, el mayor peso en la determinación de las características sicológicas.

SEMANA: ¿Por qué razón sentimos de una manera y pensamos de otra?

A.V.: Hace siete millones de años éramos monos peludos; somos ahora monos humanizados, incongruentes, pues pasamos de la mula y los ábacos a los viajes espaciales y a los computadores, mientras nuestro genoma pertenece aún a la edad de las cavernas. Estamos sometidos a dos comandos: el antiguo, irracional, de origen zoológico; y el reciente, racional, originado en la neocorteza del cerebro. Casi siempre el irracional, el corazón (emociones y sentimientos), tiene la palabra y es sordo a los comandos racionales. Por eso nos matamos por la derrota de nuestro equipo; amasamos fortunas aunque tengamos que volver harina a los demás; nos hacemos matar por las verdades religiosas a pesar de que existen otras 10.000, todas "verdaderas".

SEMANA: ¿El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe o el hombre nace reptil y la sociedad lo humaniza?

A.V.: Jean-Jacques Rousseau afirmaba, con la seguridad del filósofo: "Dios hace todas las cosas buenas: el hombre interfiere con ellas y se vuelven demonios". Michel de Montaigne no se tragaba el cuento de Rousseau: "No existe un solo hombre que no haya merecido la horca unas cinco o seis veces". El biólogo J. B. S. Haldane tampoco le creía al filósofo: "Hay dos razones para que los humanos no nos convirtamos en ángeles: la imperfección moral y el plan corporal, que no permite acomodar al mismo tiempo dos brazos y dos alas". Llevamos en el alma ángeles y demonios. Los demonios los aporta la evolución, egoísta por diseño; los ángeles, la cultura, presta a controlar los impulsos de los primeros.

SEMANA: Del 'texto sagrado' del genoma ¿qué es imborrable?

A.V.: El egoísmo y todo lo que cae en su intenso campo gravitatorio: nepotismo, egocentrismo, avaricia, territorialidad, codicia, fariseísmo. Sin embargo puede temperarse y esconderse: ese es el papel principal de lo que llamamos civilización.

SEMANA: ¿Cuánto tendría que esperar el hombre para que la evolución alcance a la cultura?

A.V.: La evolución biológica es lenta y no hay motivos suficientes para esperar que el hombre evoluciones hacia el bien, porque la bondad renta pocos dividendos evolutivos. Un hombre altruista, que no responda con violencia a las agresiones, dejará pocos descendientes. En cambio, los lujuriosos, los egoístas, los ventajosos, los agresivos, los maquiavélicos y los codiciosos tenderán a dejar más descendientes y esas "virtudes" serán las elegidas por la selección natural. Por tanto… podemos sentarnos a esperar hasta el fin de los milenios.