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| 10/13/1997 12:00:00 AM

MANOS A LA OLLA

Las clases de cocina se están convirtiendo en el pasatiempo de moda de muchos ejecutivos.

MANOS A LA OLLA MANOS A LA OLLA
El trajín del mundo moderno ha forjado la creencia de que cocinar es un verbo que a duras penas conjugan los ejecutivos y ejecutivas de hoy. Y eso es cierto básicamente porque losprofesionales siempre están cortos de tiempo y la cocina es un oficio que requiere reloj y dedicación. Por eso la mayoría espera que un trabajador de hoy sea hábil para los números, experto en computadores y que viva al tanto del acontecer mundial pero no que se defienda en la cocina. Cuando mucho sabrán preparar el menú de la supervivencia _huevos pericos y café_, con lo que ya de por sí logran descrestar a cualquiera. Ni pensar en tomar clases de cocina. En otras épocas esto era importante, sobre todo para las mujeres, que no podían casarse sin saber las bases de este arte y conocer alguno que otro truco para evitar que el arroz quedara apelmazado o que la leche se cortara. Pero este panorama está cambiando y las clases de cocina que antes parecían pasadas de moda ahora están en todo su furor. Las dictan en casas, en clubes, en restaurantes, en hoteles y en los horarios más flexibles. Pero sin duda lo más curioso de todo es que los más aventajados alumnos de estos cursos son profesionales atafagados por el trabajo, muchos de ellos hombres. A simple vista tienen pinta de no saber coger un cuchillo. Sin embargo están dispuestos a picar cebolla y pelar papas para consagrarse como los mejores chefs de sus casas. Esta moda, que tiene embelesados a ejecutivos de todos los campos y de todas las edades, se inició hace poco más de un año. Entre los muchos personajes que se han dejado seducir por los aromas y las recetas están la periodista Margarita Vidal, quien desde hace un buen tiempo acude a la cita sin falta. También la relacionista Ivonne Nicholls, el humorista Jaime Garzón, quien ha recibido clases de suchi, y Juan Francisco Samper, hermano del Presidente, entre otros. En un primer momento la razón que los movió a matricularse en un curso de cocina, de los que antes solo frecuentaban las amas de casa, era aprender a preparar recetas diferentes y más sofisticadas. "La mayoría tenía un gran gusto y disposición para la cocina pero no disponía de tiempo para hacer ningún plato", dice María Cecilia Urrutia, quien organiza cursos de comida francesa con Jean Pierre Durantet, un reconocido chef francés con amplia experiencia en los mejores restaurantes de Europa. Poco a poco, sin embargo, los ejecutivos se dieron cuenta deque estas clases eran además una terapia más relajante y efectiva que el deporte o que ir al siquiatra. "El curso desestresa mucho", dice María Cristina Rodríguez, gerente administrativa de la British Petroleum. "Es como una terapia de grupo", afirma el ingeniero Fernando Arévalo, quien desde hace un año está en clases de culinaria. "En las sesiones uno va contado su vida, obras y milagros". La verdad es que, aunque los alumnos son muy constantes y disciplinados, la idea es que los cursos sean muy informales. El grupo por lo general se reúne en torno del experto en cocina, quien prepara un menú completo en cada sesión. A medida que se van mezclando los ingredientes los alumnos degustan una botella de vino especial para el menú de ese día. Pero lo más agradable es que así como hay espacio para preguntas sobre la preparación y la historia de los platos, también hay ocasión para chistes, discusiones políticas e intercambio de información general. Cuando todo está listo los alumnos pasan a manteles y degustan los platos preparados. "Es una cita a comer", dice Sofía Gaviria, quien dicta todas las noches un curso de cocina en Caléndula. "Es muy entretenido porque intercambiamos sugerencias, tipos de cocina, etc.".
Sólo para hombres
Hay todo tipo de cursos. Para interesados en la cocina francesa, para quienes quieren preparar platos del mediterráneo, comida thai o el sofisticado suchi. También hay cursos para todo tipo de personas. Para parejas, para ejecutivos, y otros exclusivos para hombres. Contrario a lo que decía el viejo refrán sobre los hombres en la cocina, ellos son quienes han resultado los más atentos estudiantes. "Para la mujer la cocina siempre ha sido una obligación mientras que para el hombre es un pasatiempo", dice Alfonso Gómez, secretario privado del Ministro de Salud, quien desde hace más de un año toma una clase semanal. Uno de estos cursos de cocina solo para hombres está conformado por varios médicos, abogados e ingenieros. La idea surgió hace un año por el deseo de aprender a cocinar y se ha convertido a lo largo de las sesiones en el mejor recurso para descansar. Durante este tiempo han aprendido con diferentes chefs las bases de las comidas italiana y francesa y actualmente se especializan en las frías. "Al principio era una de esas fantasías que uno quiere realizar _afirma el médico pediatra Fernando Isaza_. Pero a través de la comida hemos conformado la mejor tertulia de Bogotá". Muchos de estos estudiantes de culinaria hoy son capaces de atender más de 20 invitados en su casa. "Yo no sabía nada de cocina, dice Guillermo Llinás, un reconocido floricultor bogotano. Hoy cuando hay invitados en casa yo soy quien prepara la cena". También hay clases a domicilio, como sucede con las sesiones para enseñar a preparar suchi que dicta Diego Quintanilla, del restaurante Kyoto. En el caso de este plato japonés se requiere una sola clase para aprender a filetear los pescados y a preparar el arroz. "El resto es practica", dice el chef. El boom de estos cursos ha tomado fuerza porque hoy la gente ve de una manera distinta el arte de cocinar. En otras épocas la señora de la casa se encerraba en la cocina mientras los invitados charlaban. Ahora todos participan en la preparación de los platos. "Cada semana vamos a una casa diferente a ensayar nuevas recetas", dice Antonio José Borrero, presidente de la inmobiliaria ganadera, quien desde hace un año asiste a clases con su esposa y un grupo de amigos en el Metropolitan Club. Este curso, dirigido por el chef Gabriel Trujillo, está enfocado hacia ejecutivos interesados en el tema y, así como los otros, ha resultado una ocasión agradable para que todos se relajen y se olviden de los problemas por unas horas.Este interés también demuestra que la gente está más consciente de su salud y de saber qué come. Los cursos sin duda logran afinar el paladar de las personas y les enseñan a comer mucho más sano sin necesidad de productos con preservativos sino con elementos naturales. "Es entender que si quiero comer bien me toca prepararlo", dice la periodista Margarita Vidal. Con todo, no cabe duda de que esta tendencia, que está imponiéndose entre los ejecutivos, traerá consigo una nueva manera de establecer la relación entre los colombianos y el arte de la gastronomía.

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