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| 6/25/2005 12:00:00 AM

Más espacio

El Planetario Distrital se convirtió, con los años, en un edificio dedicado al arte. Un grupo de astrónomos lanzó un proyecto para modernizarlo y dedicarlo exclusivamente a su propósito original

Más espacio Aunque la gestión realizada en las galerías de arte del museo son loables, los científicos creen que el planetario debería ser un espacio para la divulgación de la ciencia del cosmos. La idea es que estos escenarios se conviertan en salas de exhibición del sistema solar y otras galaxias, los fenómenos del universo y otros temas relacionados.
En enero pasado, Orlando Rojas visitó el Planetario de Bogotá y se llevó una sorpresa. En una de las salas se exhibía una muestra de arte homosexual en la cual había pinturas de hombres desnudos con sus penes erectos, y gay en poses eróticas. Aunque respeta estas manifestaciones artísticas, a Rojas le pareció que el Planetario, un lugar frecuentado en su mayoría por niños y jóvenes menores de 18 años que quieren apreciar las estrellas, no era el más adecuado para este tipo de muestras. "En lugar de contar con un museo del espacio, un centro de documentación y con modernos equipos de astronomía, al Planetario lo convirtieron en una galería de arte para mayores", escribió en un portal de Internet este astrónomo aficionado.

Con él están de acuerdo muchos otros estudiosos de los astros, y turistas que visitan el lugar. La queja más frecuente es que el Planetario no ofrece nada nuevo y que su misión de difundir la astronomía y las ciencias del espacio entre niños y jóvenes se ha perdido por darles mayor importancia a otros intereses culturales.

Desde que nació, a finales de 1969, el Planetario, una construcción en forma de espiral (como algunas galaxias) es considerado uno de los patrimonios de la ciudad. Es el más grande de Latinoamérica y el único en Colombia. Tiene una bóveda de 24 metros, y 482 sillas y áreas de exposición de 2.200 metros cuadrados en donde hoy funcionan la Galería Santafé y el Museo de Bogotá, dedicados ambos a promover el talento de jóvenes artistas.

De hecho, hoy se conoce más como centro cultural que como Planetario; depende de la División de Escenarios y Eventos del Instituto de Cultura y Turismo (Icdt), y su objetivo como espacio de divulgación científica está reducido a las tres funciones diarias en la cúpula con un vetusto proyector Zeiss que tiene tantos años como el edificio. Para apoyarlo, el espectáculo se complementa con videos proyectados en la bóveda.

Algunos visitantes han dejado constancia de su inconformidad. "Como turistas nos sentimos decepcionados del Planetario, pues la exposición es muy pobre y no se ve nada sobre el cosmos", escribió en el buzón de sugerencias Libia de Villa. "Hace unos 25 años vine, era joven, soltero y sin hijos. Hoy volví con un hijo de 15 años y terrible desilusión? ¡La misma película!", dice Orlando Valenzuela.

Para el astrónomo Germán Puerta, el problema del Planetario es de vieja data. Desde su inauguración, dice, el gobierno distrital no ha sabido qué hacer con ese espacio ni ha tenido una idea clara de lo que es un Planetario. "En ese momento tomaron la decisión fatal de entregar sus áreas libres a los museos", dice. Allí funcionó el de Arte Moderno, que hoy tiene su propia sede a unas cuadras del lugar, así como el de Desarrollo Urbano y el de Ciencias Naturales. Pero después de la remodelación del inmueble, en 1999, dichos espacios se clausuraron para fundar la Galería Santafé y el Museo de Bogotá. En el híbrido que es hoy, la astronomía quedó reducida a la cúpula. "Al Planetario lo tienen secuestrado", dice Puerta, quien fuera su gerente durante 2003 y 2004.

Las visitas al lugar han disminuido desde entonces. En 1998, el Planetario tuvo una asistencia de 250.000 personas. En 2003, ese número se redujo a 172.000. Más impresionantes aun son las cifras del museo. En 1998, cuando funcionaba el de Historia Natural, con una buena colección de animales disecados y un mariposario, se registraron más de 60.000 entradas. Cinco años después, luego de que en su lugar se estableciera la galería, la asistencia disminuyó a 5.000 personas.

Para liberarlo de su secuestro, Puerta y otros miembros de la Red de Astronomía de Colombia realizaron un proyecto que busca dotar a la ciudad de un moderno Planetario, el cual ha sido respaldado por María Isabel Nieto, Juan Vicente de Roux y Francisco Noguera, entre otros concejales.

Dentro del plan se contempla la compra de un proyector sofisticado que permita hacer un espectáculo más atractivo. En las demás áreas se establecerían recorridos temáticos con un conjunto de módulos y paneles que muestren las rocas lunares, réplicas de cohetes y de la estación espacial; modelos de la estructura del sol y del sistema solar; meteoritos y asteroides; las nebulosas y los cúmulos de estrellas; las galaxias y sus tipos; el origen y el futuro del universo, entre otros temas. También se pondría a disposición del público un centro de documentación, una sala de sistemas y un salón de talleres de astronomía.

La propuesta tiene un valor de cuatro millones de dólares. Los proponentes consideran que es viable conseguir este monto con financiación del Banco Mundial, que se pagaría en los siguientes 10 años de operación, teniendo en cuenta que el número de visitantes con un Planetario más atractivo aumentaría a más de 700.000 personas al año. Para ello, es necesario transformar la administración del lugar, darle personería jurídica e independencia para que cuente con recursos propios que hagan sostenible su funcionamiento.

El Idct conoce la iniciativa, pero no se pronunció al respecto. Según los voceros del instituto, lo que se pretende es consolidar el Planetario como centro cultural y no como un centro científico.

Para el profesor Gregorio Portilla, de la Universidad Nacional, la idea de que un planetario cumpla la función que le corresponde es buena, pero teme que volverlo monotemático canse a los niños. "Debería haber espacio para otras ciencias", afirma.

Muchos amantes del arte ven el Planetario como una excelente sala de exhibiciones. Para los científicos, sin embargo, es un pobre espectáculo cósmico y cultural. El problema tal vez radica en que no hay una clara definición de cuál es su misión y eso hoy se refleja en su falta de identidad. Por ahora, sólo falta ver si el alcalde, Luis Eduardo Garzón, decide darle visto bueno a la discusión sobre si el Planetario debe salir de ese agujero negro.

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