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| 7/3/2000 12:00:00 AM

A mover el esqueleto

Las mujeres mayores de 50 años, cerca del 7 por ciento de la población colombiana, pueden sufrir de osteoporosis, un riesgo que puede prevenirse.

A mover el esqueleto, Sección Vida Moderna, edición 944, Jul  3 2000 A mover el esqueleto
La gran mayoría de mujeres mayores de 50 años que visitan a su ginecólogo lo hacen para obtener una solución a los calores, la irritabilidad y las fatigas típicas de la menopausia. Sin embargo existe una condición cuyo riesgo aumenta en esta época de la vida y que muchos —incluyendo a los médicos— dejan pasar inadvertida. Se trata de la osteoporosis, conocida por los expertos como la enfermedad invalidante silenciosa. Se ha ganado ese nombre porque con frecuencia no presenta síntomas y comienza a avanzar sin que su víctima lo note. A veces se detecta a tiempo porque genera dolores en los huesos pero muchas de quienes la padecen se enteran de su enfermedad sólo después de una fractura.

La osteoporosis es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres y sobre todo en aquellas que ya han pasado por la menopausia, debido a que en este período el ciclo de destrucción y formación del hueso se altera. Entonces se pierde más masa ósea de la que se recupera. Se calcula que las mujeres con este problema pueden perder hasta la mitad de su masa ósea, lo cual significa que los huesos se vuelven débiles y susceptibles a una fractura como un pedazo de madera al que le ha caído gorgojo.

Esta enfermedad se está incrementando en las mujeres latinas debido al aumento de la expectativa de vida. En Colombia, según el médico Bernardo Moreno, jefe de ginecología y obstetricia de la Fundación Santa Fe, de Bogotá, el 6,7 por ciento de la población del país tiene más de 50 años, la edad de mayor riesgo. La situación es más crítica si se tiene en cuenta que sólo un 4 por ciento de esas mujeres está recibiendo terapia de reemplazo hormonal, que además de ser la alternativa para controlar los cambios de esa etapa protege contra la osteoporosis.

Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Europa y Estados Unidos se ha estimado que un tercio de todas las mujeres de 50 años sufrirán de una fractura relacionada con la osteoporosis en algún momento.

Los estudios también señalan que la enfermedad, además de tener un alto precio clínico, genera un alto costo social pues impide que una mujer se valga por sí misma en su vejez y tenga que depender de otras personas para existir. “Hasta un 20 por ciento de quienes sufren fracturas en la cadera — dice Salomón Jasqui, médico experto en el tema— muere dentro del año”. Explica que esto se debe a que permanecen acostadas por períodos largos y cuando se someten a cirugías tienen alto riesgo de infección y sangrado.

Pero por fortuna, además de prevenible, este proceso de deterioro es reversible. Las recomendaciones generales señalan que la primera alternativa es la terapia de reemplazo hormonal pues los estrógenos cuidan los frágiles huesos de una mujer posmenopáusica. “Además de tener un factor de protección cardiovascular y contra la enfermedad de Alzheimer, las hormonas en un 96 por ciento de los casos son efectivas para evitar la osteoporosis”, dice Moreno. No obstante el uso de los estrógenos es limitado debido a que algunas mujeres no responden a ellos o porque ocasionan efectos secundarios y, sobre todo, al miedo que genera su asociación con el cáncer de mama. Sin embargo, hay otras alternativas, como los bifosfonatos de calcio, dentro de los cuales se encuentran los alendronatos, que actúan en el hueso para protegerlo y recuperarlo sin interferir en el aspecto hormonal. También es posible combinar las dos terapias.

Es importante tener en cuenta que con las hormonas y con las alendronatos el efecto no es acumulativo y se requiere la ingestión de la droga para que se mantenga la protección a los huesos.

Además de lo anterior los médicos recomiendan hacer ejercicio que genere estrés en el cuerpo, como jugar tenis y montar en bicicleta. Pero ante todo es imprescindible que haya una buena comunicación con el médico para que éste sepa valorar los factores de riesgo y ayude desde temprano a la paciente a conocer esta enfermedad y a actuar sobre ella antes de que ella acabe con los huesos.

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