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| 8/17/1987 12:00:00 AM

NO HAY PRENDA MALA

Inesperado auge de prenderías en los barrios bien de Bogotá.

NO HAY PRENDA MALA NO HAY PRENDA MALA
En ellas se puede encontrar desde ollas usadas y relojes japoneses desechables hasta las más finas joyas y carros, según el sector en que estén ubicadas. Se trata de lo que todos conocían como prendería, monte de piedad o montepío y que ahora llevan el nombre de compraventas.
Hasta hace algunos años las compraventas encontraban su mejor clientela en sectores de clase media baja y baja como el centro, el sur y Chapinero. Pero desde hace más o menos dos años, en la prestigiosa zona del Lago, al norte de Bogotá han aparecido varios locales dedicados a la compraventa de toda clase de artículos. Y es que, como dijo a SEMANA el encargado de uno de estos negocios, "los ricos también se empeñan porque la necesidad no distingue clase". Esto queda comprobado con la existencia de más de cuatro prenderías a lo largo de la carrera 15 entre las calles 80 y 86. Pero las razones que llevan a ricos y a pobres a "empeñarse", así como los objetos que empeñan, no son las mismas y varian de acuerdo con la zona en que se ubica el establecimiento.

LOS DE ARRIBA Y LOS DE ABAJO
A la compraventa El Prado, localizada en un barrio de clase media baja, la clientela acude en busca de dinero para sufragar los gastos causados por la enfermedad de un hijo, la muerte de un familiar o para comprar el mercado del mes. En los sectores populares es común ver a la señora que llega con la licuadora, al señor con la radiograbadora o el reloj y al obrero que, en un momento de acoso, se arriesga a perder sus herramientas de trabajo como sierras eléctricas, taladros y pequeños tornos. Algunos que ya lo han empeñado todo llegan a proponer trato con los muebles de su casa como armarios, sofás y mesas. El dinero que reciben fluctúa entre el 50 y el 70 por ciento del avalúo que hace el prestamista, que poco favorece al cliente. Toda época es buena para el negocio, aunque en los meses de enero y febrero aumenta la clientela como consecuencia de los gastos navideños y de la inminente entrada de los niños al colegio; lo mismo ocurre después de los "puentes", cuando con los instrumentos que la gente empeña en una sola compraventa, entre otras muchas cosas, se podría armar hasta una orquesta.
En las zonas "exclusivas" las cosas son algo diferentes. La cantidad de personas que acuden a las compraventas es menor, pero las ganancias son mayores que en el centro o en el sur. "La mayoría de las personas entra para averiguar cuánto pueden pedir por sus objetos", explicó a SEMANA el encargado de una compraventa, mientras el administrador de otra aseguró que "es común que un solo cliente venga a negociar con 400 mil pesos en joyas". Aunque es poco lo que la gente comenta acerca de sus necesidades, se sabe que muchos acuden para levantar el dinero que les falta para cubrir un sobregiro en el banco, para conseguir rápidamente y sin mucho papeleo la plata para cerrar un negocio de oportunidad y, como ocurre con los menos favorecidos, para sobreaguar cuando las finanzas de la familia flaquean. Para los de arriba tampoco existen diferencias marcadas entre una época del año y otra, ni de sexo o edad. La única excepción la constituyen los jóvenes que, en los fines de semana (especialmente los viernes en la tarde), ante la perspectiva de quedarse viendo televisión en casa, acuden con sus patines, raquetas de tenis o con algún anillo que se les enreda sin querer, en busca de algún billete para irse de rumba.
La mayor diferencia entre los dos tipos de clientela se encuentra en los objetos que empeñan. En las compraventas del Lago la gente negocia especialmente con joyas, gracias a su alto valor, a la facilidad para transportarlas y a que su falta es poco notoria en la casa, lo que no ocurre cuando se trata del betamax, el televisor a color o el equipo de sonido. Pero cuando el apuro es grande y las joyas escasean, hay que empeñar lo que se tenga como ocurrió hace algún tiempo cuando una bacterióloga llegó a empeñar su costoso equipo de laboratorio, con la mala fortuna de que la transacción no se pudo realizar por el poco mercado que tienen ese tipo de instrumentos. Lo mismo ha ocurrido con varios clientes que han llegado con sofisticados computadores.
Pero en el sur o en el norte, es posible conseguir cualquier suma de dinero mientras se tenga un objeto que se pueda empeñar por el valor deseado. El mínimo son mil pesos, que se pueden obtener deshaciéndose de un reloj o un estilógrafo no muy finos. De ahí hacia arriba todo es posible. Se reciben calculadoras, aspiradoras, guitarras y, en algunos casos, se puede llegar a negociar con la enciclopedia o con la maleta de viaje.

COMPRA Y RECOMPRA
Pero si los artículos que la gente empeña varían según el sector, la transacción es siempre la misma. La persona interesada en conseguir el dinero firma con el propietario del establecimiento un contrado de compra-venta con una cláusula de retroventa (regulada por el artículo 1939 del Código Civil) según la cual, el vendedor puede recuperar el articulo pagando al comprador un precio previamente determinado dentro de un plazo no mayor de cuatro años. En el caso de las compraventas, la suma a pagar para recuperar el artículo sufre un recargo que, si se tomara en términos de intereses, superaría el 10% mensual. Así mismo, el plazo para recomprar el objeto difícilmente supera los cinco meses, al final de los cuales en caso de incumplimiento se pierde el derecho a recobrarlo. Pero a pesar del sobreprecio y de la limitación en el plazo para recuperar la mercancia, los dueños de los negocios afirman que el 90% de los clientes regresan por sus pertenencias. De esta manera, y al no figurar por ninguna parte la palabra "interés", las compraventas eluden legalmente la vigilancia de la Superintendencia Bancaria, que debería supervisar sus actividades.
De todas maneras el negocio de compraventa no es visto con buenos ojos, especialmente por quienes se ven en la necesidad de "empeñarse". Generalmente los clientes deben entenderse con un administrador, encargado de hacer los avalúos y negociaclones, ya que el dueño procura no figurar mucho y sólo va 2 ó 3 veces al día para vigilar el movimiento del lucrativo negocio.

¿Y DE SU CARRO QUE?
Los carros también pueden ser empeñados. Varios almacenes dedicados a la compra-venta de carros ofrecen el servicio de préstamo de dinero sobre automóviles. Se presta una suma equivalente al 70% del valor comercial del carro según un avalúo que hace el almacén, con un interés del 3% mensual. El dueño del carro debe dejarlo en calidad de prenda y firmar un traspaso abierto que, en caso de incumplimiento, es llenado por el prestamista quien pasa a adueñarse del auto.
Este tipo de negocio, que al igual que las prenderías floreció en las zonas menos favorecidas, se está extendiendo por los barrios "bien" de Bogotá, demuestra que eso de empeñar se da hasta en las mejores familias.






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