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| 12/11/1980 12:00:00 AM

Pasatiempos de físicos

Gran cantidad de expertos afirman que en el espacio existe un infinito número de universos y en cada uno de ellos un planeta Tierra.

Pasatiempos de físicos Pasatiempos de físicos
En este momento, en un lugar muy distante, alguien igual a usted lee el primer párrafo de este mismo artículo. El vive en una ciudad idéntica a la suya, que lleva el mismo nombre y pone la misma cara de asombro que le produce leer estas líneas. De pronto la única diferencia es que a su alter ego le irrita el asunto mientras que usted se interesa y sigue leyendo (¿O al revés?).

Ciencia ficción, esoterismo. Sí, es probable, pero también es física, cosmología, ciencias exactas, físicas y naturales.

El tema se ha vuelto a poner candente en estos días tras la publicación en Scientific American de un artículo sobre universos paralelos escrito por Max Tegmak, experto en este tipo de asuntos, quien se define como "un muy bien remunerado desarrollador de software en otro universo y profesor de física y astronomía de la Universidad de Pennsylvania en este".

Esta vez no se trata de las habituales especulaciones que buscan explicar fenómenos como viajes a través del tiempo, fantasmas, ovnis o los misterios de Egipto. Tampoco de aventuras literarias de autores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Edgar Allan Poe. Es motivo de candentes debates académicos y, una vez más, pone de manifiesto que la física es la más grande aventura intelectual de la humanidad.

Para Tegmak la cosa no es tan difícil de entender. En un espacio infinito o lo suficientemente grande y lleno de materia que se distribuye de una manera más o menos constante, por simple estadística se puede predecir que existan infinitos universos, muchísimos de ellos casi idénticos a este. Allí, un infinito número de Vías Lácteas casi iguales a la conocida (otras no tanto) y en cada una de ellas un infinito número de planetas Tierra que difieren en pequeños detalles. Por ejemplo, un planeta Tierra en el que no se extinguieron los dinosaurios y jamás apareció el homo sapiens. Otro en el que los incas derrotaron a Pizarro. Otro en el que a Diego Maradona no lo acusaron de doping y Argentina ganó el Mundial de 1994. Otro en el que los Beatles nunca se separaron y ahora tocan en un casino de Las Vegas. Otro más en el que George W. Bush perdió las elecciones en la Florida y recayó en el alcoholismo. Otro en el que usted está tranquilo porque ya pagó los recibos de los servicios públicos, otro más en el que su hijo, en vez de dedicarse a las finanzas, prefirió seguir siendo guitarrista.

La idea de los universos paralelos no es nueva. Ya en el siglo XVI el filósofo, astrónomo y matemático Giordano Bruno argumentó que "la grandeza de Dios se demostraba mejor en la creación de muchos mundos que en la de uno solo". Por sus ideas (rechazó el modelo de un universo centrado en la Tierra, se refería a un universo infinito y a la multiplicidad de los mundos) la Inquisición lo persiguió y el papa Clemente VIII lo declaró hereje, en 1600 lo condenaron y lo quemaron vivo.

Cuatro siglos después la ciencia parece estar del lado de este visionario. Físicos muy destacados miran con detenimiento la posibilidad de que conceptos como multiplicidad de mundos, universos paralelos, pluriverso o universos múltiples sean mucho más que simples especulaciones. Hace algún tiempo el investigador L. D. Raub realizó una encuesta entre 100 especialistas en cosmología cuántica y en física teórica. Cincuenta y ocho por ciento consideraron esa teoría como cierta, 18 por ciento la rechazaron de plano, 13 por ciento mostraban dudas y el restante 13 por ciento se acogieron al confortable "no sabe-no responde".

Entre quienes estaban a favor de la idea se encontraban Stephen Hawking, Richard Feynman, Murris Gell-Mann y Steven Weinberg (los tres últimos premios Nobel de Física), considerados como cuatro de los más renombrados físicos teóricos contemporáneos.

Esto no debe sorprender del todo. A medida que la ciencia avanza circunstancias que parecían de origen metafísico o se consideraban castigos divinos han encontrado su explicación. Por ejemplo, las pestes de la Edad Media, que en su momento se consideraban expresiones de la ira de Dios, hoy día se sabe que las provocan microorganismos. En otros aspectos ha sucedido igual con conceptos tales como la redondez de la Tierra, los campos electromagnéticos invisibles, y ni hablar de la física del siglo XX, que reta a cada instante el sentido común con relojes que funcionan más lento a velocidades muy altas, espacios curvados y agujeros negros.

Las consideraciones que hacen pensar en la existencia de los universos paralelos que están por fuera del alcance de un lector común- se basan en teorías firmes y aceptadas, como la relatividad y la mecánica cuántica. El modelo más aceptado predice que un objeto del tamaño de un ser vivo podría tener una copia en otra galaxia situada a una distancia en kilómetros del orden de un 1 seguido de 25 ceros. Así contara con un instrumento óptico de gran alcance, al original le resultaría imposible ver a su copia. La observación teóricamente posible más lejana, la de los confines del universo, es la distancia que ha recorrido la luz desde la gran explosión que le dio origen al universo conocido hace unos 14.000 millones de años. Es decir, un recorrido 25 veces menor que la distancia arriba citada. Otros universos semejantes podrían situarse a distancias mayores y cada universo sería una pequeña parte de un gran pluriverso. Para Tegmark el tema de discusión no es si el pluriverso existe sino saber cuáles son sus niveles y características. El parte de la base de que las teorías científicas sobre los universos paralelos forman una jerarquía de cuatro niveles, en los que los universos van haciéndose progresivamente más diferentes del conocido.

Nivel 1

El nivel de los universos paralelos que son copias de este es el menos controvertido. Estos resultarían invisibles del mismo modo que los barcos que navegan tras la línea del horizonte. Quienes viviesen en los otros universos del pluriverso de nivel 1 estarían sometidos a las mismas leyes físicas del universo conocido.

Nivel 2

El de pluriversos paralelos, cada uno de los cuales contendría a su vez infinitos universos de nivel uno. Estos universos tendrían unas condiciones iniciales diferentes.

(Hasta aquí, todo bien, ahora sí agárrese de su silla).

Nivel 3

"Universos cuánticos según la interpretación de muchos mundos, que ahora parece vivir una nueva aceptación gracias a la decoherencia. Todo universo tendría su función de onda perfectamente definida, determinista y unitaria. Cada vez que se debe tomar una decisión cuántica es como si ese universo se desdoblase en tantos como fuesen necesarios para dar cuenta de todos los posibles resultados. Cada observador en uno de esos universos creería ver un resultado concreto, aunque para el conjunto todas las posibilidades se habrían materializado y la función de onda seguiría su evolución sin problemas", explica Tegmak como quien dice que va a llover.

Nivel 4

"Universos con otras estructuras matemáticas. Por ejemplo, un universo que sea un dodecaedro vacío. O un universo en el que todas las trayectorias sean clásicas. Los nuestros serían, supuestamente, un subtipo de cierto universo matemático".

No intente entenderlo. Ningún físico que se respete reconoce que entiende la mecánica cuántica. Sólo sabe que cuando aplica las ecuaciones correspondientes el experimento funciona. Por suerte no hace falta enterarse de estos fascinantes escenarios para llevar una vida normal. Y por suerte existen físicos que les dedican su tiempo a estos temas para el deleite (o irritación) de lectores en esta y las demás Tierras posibles.

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