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| 7/31/1989 12:00:00 AM

POR LO BAJO

Contrario a lo que la gente piensa, el éxito no siempre se mide en centímetros.

POR LO BAJO POR LO BAJO
Es evidente. La mayoría de la gente cree que la altura es el camino más corto para alcanzar el éxito. Los héroes, los superhombres y todos aquellos a quienes el mundo admira -actores, políticos, cantantes, etc.- son vistos como gigantes.Por eso, sus seguidores se sorprenden cuando descubren que muchos de ellos, como los perfumes, vienen en empaques pequeños.
Aunque esta es la más socorrida defensa de los bajitos,lo que sucede es que el estatus añade centimetros. A medida que la gente alcanza el éxito y la fama,literalmente "crecen" para sus admiradores. Pero la verdad es que muchos grandes hombres, Simón Bolivar, Winston Churchill, Pablo Picasso, Henry Kissinger y Lenin, como Napoleón, han llevado su cerebro a sólo 160 centímetros del suelo. Mujeres de temple de hierro como Margaret Thatcher, la reina Victoria o Golda Meir han impuesto su voluntad sin tener que empinarse. Algunas estrellas del espectáculo como Elton John, Prince, Verónica Castro o Dolly Parton se roban el show con sus escasos uno con cincuenta, y descomunales figuras del cine como Woody Allen, Michael Fox, Dustin Hoffman o Liz Taylor han llegado a la cima sin necesidad de alcanzar los 1.65 del promedio. La estatura entonces no es solamente cosa de metros y centímetros. En nuestro medio lo han demostrado, por ejemplo, el enérgico doctor Carlos Lleras y el ministro de Defensa, general Manuel Jaime Guerrero Paz.
Hace unos años, el criminólogo australiano Paul Wilson llevó a cabo un experimento para analizar la relación que existe entre el estatus y la estatura. Presentó a sus alumnos un hombre desconocido,unas veces como un estudiante, otras como un profesor y otras como un conferencista. Cuando el hombre salía del salón les pedía que estimaran su estatura. A medida que el hombre iba escalando posiciones fue aumentando de tamaño: el profesor le llevaba varios centímetros al estudiante pero no era tan alto como el conferencista. La estatura fue calculada de 1.65 como estudiante hasta 1.82 como conferencista. El hombre medía en realidad 1.68.
Pero ¿por qué la gente que ve a una persona de éxito asume que debe ser alta? No es difícil saber de dónde proviene esa generalizada preferencia por la altura. Esta parece estar medida en la mente del ser humano desde el momento mismo en que empieza a gatear en un mundo de gigantes,donde los mayores -los altos- son los que mandan y controlan. Así que desde que el hombre aprende a mirar por encima del hombro, las cosas se complican para los de abajo. Y este es, sin duda, uno de los prejuicios más extendidos en la humanidad. Los altos parecen tener siempre la atención y la admiración de todos. El mejor y el único cumplido que los adultos encuentran para un niño es decirle: "¡Cómo estás de alto!". Los profesores escogen a los más altos para que vigilen el curso. Los padres se sienten tan orgullosos del crecimiento de sus hijos que, así ellos mismos sean bajitos, empiezan a preocuparse si su retoño a los 14 años no los ha sobrepasado en estatura.
Desde temprana edad, la altura forma parte de la imagen que se tiene de sí mismo. Y si uno empieza la vida tratado como un enano, es posible que aprenda a subestimarse, dicen los psicólogos. Y señalan que las investigaciones acerca de la autoestima de muestran que uno de los complejos que más afecta a las personas es el prejuicio contra los bajitos. Aquellos que hacen a un lado las constantes observaciones sobre su tamaño y alcanzan el éxito, saben que quienes les llevan unos cuantos centímetros no les permitirá olvidar su estatura.
Pero ¿quiénes son bajitos? El médico pediatra Alfonso Vargas Rubiano responde: "Lógicamente cada comunidad tiene determinado patrón ideal acerca de lo que considera normal. La "normalidad" es,pues,algo arbitrario. Es un concepto que se ajusta a épocas, regiones, razas, etc.En nuestra sociedad se sigue como parámetro de estatura las tablas de Tanner, que marcan como rango normal en el hombre la estatura mínima de 1.60 y máxima de 1.85 y para la mujer desde 1.50 hasta 1. 75. Vale la pena anotar que en Colombia, como en el mundo, la estatura promedio ha aumentado en las últimas generaciones".
Sin embargo, en cuestiones de tamaño nadie parece estar conforme.
Raph Keylles, autor de un libro titulado "El tamaño de la vida", le preguntó a cientos de personas cómo se sentían respecto a su estatura y encontró que ninguna se sentía satisfecha. Los muy altos se quejaban de tener problemas para encontrar ropa, amigos y pareja. Los de mediana estatura añoraban unos centímetros de más para no pasar inadvertidos, y los bajitos soñaban con ser más altos porque consideran que el mundo visto desde arriba debe ser más interesante.Y este, que tradicionalmente era un problema de hombres, empieza a preocupan también a las mujeres.
Hasta hace unas cuantas décadas, la idea generalizada era que las mujeres entre más pequeñas más femeninas. Eran épocas en que la mujer debía ser frágil y dependiente y la baja estatura era la expresion física de esos requisitos. Sin embargo, cada vez más el sexo femenino está siendo juzgado con los parámetros masculinos. Hoy, también en la mujer, la falta de estatura implica falta de atractivo. Y en un mundo de trabajo donde la "buena presentación" cuenta múcho,en ciertos cargos que requieren de contacto con el público los altos llevan la ventaja. La estatura ha llegado a convertirse también en un requisito indispensable para la belleza. Mientras Luz Marina Zuluaga pudo ser una importante Miss Universo con 1.62 de estatura, hoy una aspirante a reina o a modelo debe contar, por lo menos, con 175 centímetros de perfección.
En cambio, a la hora de encontrar pareja, la altura absoluta no es tan importante como la relativa. Aunque resulta muy romántico mirarse a los ojos, en la práctica ellos prefieren ver hacia abajo y ellas hacia arriba. Una encuesta realizada recientemente en diversos países sobre las preferencias sexuales de hombres y mujeres mostraba que, a pesar de la cacareada igualdad, en todas las culturas, ellos prefieren estar algunos centímetros por encima y ellas siguen considerando como parejo "ideal" a un hombre más alto. Y según opinan los psicólogos, entre más dominante sea un hombre más necesidades siente de mirar hacia abajo a su pareja.
Pero de la misma forma que añadimos centímetros a aquellos que admiramos, el miedo puede ser también un gran amplificador del tamaño. En las comisarías se sabe que las personas que han sido atracadas tienen problemas particulares para estimar la estatura de sus atacantes. Y un marido bravo y violento siempre aparece como un gigante. De hecho, los abogados saben que así ven las esposas a sus cónyuges la primera vez que declaran en su contra durante un juicio de separación.Después de expresado su testimonio, la estatura del cónyuge disminuye considerablemente.
Pero si vamos a ser justos entre altos y bajitos el mérito se lo llevan estos últimos. Porque a los primeros, al parecer, nada les cuesta. Gozan del beneficio y la preferencia de una sociedad que le rinde culto a los centímetros y eso les hace pensar que tienen don de mando y poder. Lo dicen los psicólogos: la mayoría de las personas muy altas creen que inspiran este tipo de sentimientos. Pero muchos bajitos no se quedan atrás. Quienes estudian el tema señalan que en cuestión de tamaños y personalidad también entra en juego lo que ellos denominan "el factor napoleónico". Si bien la gente admira a los altos, también se tiene la creencia de que quienes son de poca estatura y han llegado hasta la cima del éxito, han tenido que salir victoriosos de miles de batallas y por ello se ganan no sólo el respeto de muchos, sino la admiración de muchas.

CESAR MORA
Actor (1.59 m)
No sólo no me afecta ser bajito, sino que siempre le he sacado partido a mi estatura. En el equipo de fútbol del colegio me llamaban "Chiquiño" y, cuando no alcanzo a los estantes de la cocina, mi mujer (la actriz Sonia Arrubla) me baja las cosas. No creo que en esta profesión,como en ninguna otra, sean importantes los centímetros. Lo que cuenta es el carisma. Ser alto y buenmozo es una característica relativa. Mientras algunos bajitos como Mickey Rooney o Danny de Vito han sido excelentes comediantes, otros con la estatura ideal pasan inadvertidos.

CONSUEL CEPEDA
Periodista de televisión (1.60 m)
Me gusta mi estatura, no sé si por machismo pero considero que la mujer bajita es más femenina. Curiosamente siempre he tenido amigos muy altos, aunque, la verdad, no es muy comodo para bailar. En mi trabajo me he dado cuenta de que los campesinos colombianos son muy altos, cuando estamos filmando los camarógrafos siempre me consiguen una piedra dónde pararme para que las tomas no salgan tan desequilibradas y no tenga que estirar el brazo para alcanzarle el micrófono al entrevistado.

LUIS ALBERTO MORENO
Gerente del Noticiero TV Hoy (1.62 m)
Bajitos se ven muchos por las calles. A mí nunca me ha molestado mi estatura; por el contrario, me ha favorecido porque como además tengo cara de quinceañero eso hace que la gente no me olvide y también piense que debo ser muy inteligente. Una especie de "niño genio". La verdad es que nunca he necesitado más centímetros en mi carrera y me ha ido muy bien. Uno hace con su cuerpecito lo que puede...

PAULA PEÑA
Actriz (1.50 m)
El problema no radica en ser chiquito sino en sentirse chiquito. En televisión, el promedio de la gente no es muy alto, así que quedo bien en cámara, con la ventaja de que la televisión hace ver a la gente más alta.Por eso, cuando me conocen personalmente, siempre dicen: "¡Ay, pero si es bajitica!". Eso forma parte de la creencia de la gente de que las actrices tienen que ser perfectas, no sólo altas sino de 90-60-90. Aunque hubo una época en que usaba tacón alto para tener unos centímetros de más, ya me hice a la idea de que uno no puede cambiar la estatura y ahora ando feliz y con zapatos de tacón plano.

JOSE CLOPATOFSKY
Periodista (1.64 m)
Si estamos hablando de centimetros, sí, soy bajito. Profesionalmente en el único momento en que mi estatura me incomoda es a la hora de tomar fotografías en las ruedas de prensa, cuando viajo. Pero creo que es más incómodo ser alto porque ellos no pueden dormir en los aviones. Además, en el automovilismo es una ventaja. Alan Proust es más bajito que yo. A los grandulones les toca fabricar carros especiales en aluminio para ganarse esos kilos de más. Creo que los bajitos tenemos nuestro propio mundo y la pasamos bien porque la gente nos tiene consideraciones y nadie nos pelea, asi que vamos en ventaja.

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