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| 9/8/2018 4:00:00 PM

Percepción versus realidad: por qué el mundo no es como usted cree

La mayoría de las percepciones de la gente sobre temas como la salud, la inseguridad, el embarazo adolescente o la igualdad de género son erradas. Un nuevo libro muestra por qué los seres humanos viven este fenómeno con tanta frecuencia.

Por qué los seres humanos son pesimistas. Percepción versus realidad: por qué el mundo no es como usted cree

¿Ha aumentado el crimen en el mundo? La gran mayoría piensa que sí, pero las cifras revelan lo contrario. ¿Qué ha pasado con la pobreza extrema en los últimos 20 años? La mayoría dice que aumenta, también en forma errada, pues ha disminuido a la mitad. Este par de preguntas hacen parte del arsenal de Bobby Duffy, un psicólogo especializado en sondeos de opinión para entender cómo percibe la gente el mundo.

Desde hace 20 años Duffy diseña y analiza encuestas en Ipsos Mori, en más de 40 países, sobre todo tipo de temas, desde asuntos políticos hasta el comportamiento sexual. Tiene más de 100.000 entrevistas, y luego de comparar esas respuestas de percepción con la realidad, afirma que la mayoría está equivocada en casi todos los asuntos, incluidos la cantidad de inmigrantes de un país, el nivel de felicidad, la obesidad, la pobreza y hasta cuántas personas tienen cuenta en Facebook. La mayoría tiene una visión distorsionada de la realidad, como si viviera en otro mundo.

Conocer la razón para tantas percepciones erradas llevó a Duffy a escribir el libro Perils of Perception. Este sesgo, para él, es una amenaza porque “tiene un gran efecto en la forma como actuamos”, explica. Eso sucede, especialmente, en política. Para él, el origen de fenómenos actuales como la presidencia de Donald Trump, el triunfo del brexit y la proliferación de gobiernos populistas se debe a las falsas percepciones. También afecta decisiones más personales como el cuidado de la salud. En una encuesta, Ipsos preguntó a individuos de 14 países cuánta gente creía que sufría de obesidad o sobrepeso en su país. En todas las respuestas, incluida Colombia, la mayoría respondió 35 por ciento. La realidad es 55 por ciento. Subvalorar el problema “pinta un cuadro de negación y autoilusión”, dice Duffy. Saber las cifras correctas, por otro lado, podría llevar a tomar decisiones frente al autocuidado.

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La gente no se equivoca por ignorancia. En uno de los estudios él y sus colegas preguntaron por el grado de confianza de los encuestados frente a sus respuestas, y la gran mayoría manifestó creer estar en lo cierto, “aun cuando con frecuencia sus respuestas eran falsas!”, dijo el autor a SEMANA. Ser ignorante significa, literalmente, no saber algo. “Con las percepciones erradas es distinto: la gente cree que sabe, pero está muy equivocada”, explica. Y a diferencia de los ignorantes, que pueden formarse una idea de un tema si se les dan los hechos correctos, quienes tienen percepciones falsas de la realidad se aferran a ellas, aunque se vean confrontados con cifras concretas y reales.

Duffy plantea dos fuentes primordiales para explicar el fenómeno. La primera es la mente, un órgano que, por muy maravilloso que sea, tiene sus defectos. “Tendemos a confirmar información que refuerza nuestras creencias y somos susceptibles a los estereotipos”, dice. Además, la mente tiene un especial apetito por la información negativa. Es un rasgo primitivo, pues ver problemas y amenazas le sirvió al hombre de las cavernas para actuar sobre los peligros y sobrevivir. Duffy explica que si las distorsiones de la realidad solo provinieran de la ignorancia, “a veces exageraríamos en lo negativo y a veces en lo positivo, pero no es así”. La gente siempre tiende a exagerar en lo negativo, como cuando les preguntaron por el porcentaje de personas felices de su país. Todos creyeron a la gente más desdichada de lo que realmente es.

Estados Unidos e Italia encabezan el índice de los más errados en términos de percepciones. Suecia y Alemania son los que más responden de acuerdo con la realidad.

Otro obstáculo es la falta de destreza matemática, una habilidad importante porque las problemáticas sociales se explican con cifras. Según estudios consultados para el libro, muchos no cuentan con la capacidad para hacer cálculos complejos y el 10 por ciento de la gente no entiende los porcentajes simples, mientras que otro tanto tiene problemas con las probabilidades.

La mente, además, procesa los datos en forma sesgada. “También creemos que las cosas están peor que antes y tendemos a pensar que el tiempo pasado fue mejor”, agrega. Cuando Duffy preguntó a individuos en 30 países si creía que la tasa de asesinatos había aumentado, permanecido igual o si, por el contrario, se había reducido en los últimos 20 años, casi la mitad (46 por ciento) respondió que había aumentado desde 2000. Pero en realidad, en 25 países de los 30 encuestados el índice disminuyó, e incluso en algunos de manera significativa. Solo una pequeña minoría, el 7 por ciento, lo percibió así.

La otra fuente que distorsiona la realidad tiene que ver con los medios de comunicación. Estos prefieren cubrir eventos extremos, raros y sorprendentes con adjetivos como bomba de tiempo, epidemia o hecatombe para bautizar toda suerte de problemas sociales. Los políticos también saben aprovechar las falencias de la mente. “Conocen el poder que tienen y muchos explotan esa reacción emocional para generar miedo”, agrega el experto.

Aunque hoy en día existe la tentación de culpar a las noticias falsas y verdades alternativas de las percepciones erradas, este es un fenómeno antiguo. Pese a que no hay cómo probarlo porque solo se mide desde hace poco tiempo, el autor encontró sondeos de hace más de 50 años que indagaban por temas de percepción muy concretos en política (qué partido estaba al poder, quiénes eran sus líderes y cuáles eran sus políticas). Esos resultados hoy permiten concluir que “casi nada ha cambiado desde los años cuarenta: la gente estaba tan errada antes como en 2016, cuando el diccionario de Oxford consideró la expresión posverdad como la palabra del año”.

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Eso no quiere decir que el fenómeno de hoy en las redes no sea preocupante. El cambio tecnológico, dice Duffy, “es aterrador por su efecto en temas claves”. Al principio, la gente creyó que internet generaría mayor acceso a la información, pero hoy se sabe que también puede desinformar al crear burbujas sociales digitales gracias a que Google puede hacer las búsquedas según el perfil del usuario. “Cuando dos personas buscan BP (British Petroleum) uno ve noticias relacionadas con inversión en la compañía, mientras que el otro recibe datos del derrame de petróleo”, dice Duffy. Los programas algorítmicos moldean la visión de lo real, aunque también lo hacen las personas a la hora de seguir en las redes sociales a individuos con quienes comparten las mismas creencias. Esto crea a su vez una caja de resonancia en la que “solo nos escuchamos a nosotros mismos y solo oímos lo que queremos”, dice el autor. El mayor riesgo para Duffy es el surgimiento de realidades individuales. La tecnología hoy tiene los medios para escoger lo que la gente va a ver. “Eso nos ha hecho perder la sensación de una realidad común o lo que los pensadores políticos llamarían la esfera pública”.

A pesar de lo anterior, hay espacio para la esperanza. Duffy cree posible combatir las percepciones erradas con varias estrategias: una consiste en entrenar la mente para que distinga cuando, frente a una posición, se está dejando llevar por sus propios sesgos y reaccio-

nes emocionales. La otra es chequear los datos de la información para comprobar si es veraz o no. Finalmente, recomienda involucrar a más gente en las redes sociales o en la vida real para conocer los hechos, escuchar opiniones de expertos y discutirlas. “El mundo no es tan malo como pensamos y está mejorando. Además, no somos esclavos de nuestros sesgos y podemos cambiar nuestras ideas”, dice. La prueba es él mismo. Gracias a su trabajo ha aprendido de la realidad y de su propio pensamiento sesgado. Cuando hace las pruebas, primero las ensaya en él y su grupo de investigadores y, según afirma, “cada vez me he vuelto más acertado”.

Equivocados

Las percepciones muestran los miedos, lo que avergüenza a la gente, y los defectos de los procesos mentales, como creer que la realidad de cada cual aplica para todos. Estos son algunos ejemplos.

Inmigrantes

Ante la pregunta “¿cuál es la proporción de inmigrantes en la población nacional?”, la mayoría sobreestimó la realidad, particularmente los argentinos, que contestaron, en promedio, 30 por ciento, cuando apenas llega a 5 por ciento. Los colombianos se desfasaron por 17 puntos al responder 17 por ciento, mientras que la cifra real es de 0,3.

Envejecimiento poblacional

“¿Qué proporción de la población de su país cree que tiene 65 años o más?”. En todos los 14 países que respondieron esa pregunta, los encuestados dieron un promedio mucho más alto que el real. En Italia, por ejemplo, la cifra oficial de viejos es 21 por ciento, es decir que uno de cada cinco pertenece al grupo de la tercera edad. Pero los entrevistados contestaron 48 por ciento, el doble de la cifra real. Lo mismo sucedió en Suecia, donde la brecha fue de 33 puntos porcentuales.

Penetración de internet

Duffy se sorprendió al encontrar que en India la gente cree que el 64 por ciento del país tiene acceso a internet, pero esa penetración solo se acerca al 20 por ciento. Esta gran brecha entre percepción y realidad se explica porque los sondeos se contestan por internet y los indios que tiene conexión a la red tienden a pensar erradamente que su país tiene una realidad igual a la de ellos.

Terrorismo

Las percepciones erradas también indican los miedos de la gente. Al preguntar sobre si el número de muertos por terrorismo había aumentado luego del 11 de septiembre de 2001, los encuestados de 30 países respondieron mayoritariamente que sí, aun cuando en realidad esta cifra ha disminuido en 25 países de los 34 encuestados. Curiosamente en algunos, como Gran Bretaña, dijeron que había aumentado cuando en verdad cayó. Otros como los rusos respondieron que había descendido cuando en realidad allí el terrorismo se ha duplicado en los últimos años. “Nuestras intuiciones sobre riesgo son motivadas no por las estadísticas, sino por las imágenes e historias”, dice Duffy, citando a Steven Pinker, psicólogo y autor de Enlightenment Now, un libro que muestra que el mundo va mejor de lo que la gente cree.

Azúcar

Preguntar acerca del consumo propio de azúcar dio información acerca de la norma social que perciben los encuestados. Ante la pregunta de si ingerían más azúcar de lo recomendado para cada día, hubo una gran diferencia entre lo que los encuestados creían que consumían los demás y el comportamiento propio. Algo similar pasó en otros temas como evadir impuestos o faltar al trabajo. “Tendemos a decir que otros hacen esas actividades que admitir que las hacemos nosotros”, dice Duffy.

Vacunas

 

La encuesta preguntó si creen que las vacunas causan autismo. Tres de cada cinco personas en tres países contestaron que sí o que no estaban seguros. Esto es sorprendente, pues muestra la dificultad de corregir una información falsa. Pese a que hoy está totalmente desprestigiada la teoría que vincula a las vacunas y el autismo, la gente sigue creyendo esa conexión o, al menos, lo duda.

Embarazo adolescente y desempleo

“¿Qué porcentaje de las adolescentes da a luz al año en su país?”. En Brasil respondieron que el 48 por ciento. La cifra real apenas llega al 6,7 por ciento. En Colombia la mayoría contestó 49 por ciento, pero la verdad es 4,9, una diferencia de 39 puntos porcentuales. En cuanto al desempleo, en Italia contestaron que 42 por ciento de la población busca trabajo cuando la realidad es apenas 12 por ciento. Lo mismo sucedió en Alemania, donde respondieron en promedio 20 por ciento, aunque la real es 6 por ciento.

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