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| 8/3/1992 12:00:00 AM

QUE FALLA!

Después del terremoto de 7.4 grados en el sur de California, los sismólogos afirman que lo peor está por venir.

QUE FALLA! QUE FALLA!
LOS TEMBLORES SON PARTE DE LA VIda cotidiana para los habitantes de California. Sin embargo, el domingo 28 de junio, a las 4.58 a.m. el viejo temor sobre su anunciada desaparición del mapa, creó el pánico. El sismo, catalogado de 7.4 en la escala de Richter, es el más fuerte que ha sufrido ese Estado en los ultimos 40 años. "Este ha sido el quinto temblor por encima de 6 grados que he vivido, pero por primera vez me sentí aterrorizado", señaló un habitante de Joshua Tree, lugar del epicentro, a 160 kilómetros al este de Los Angeles. Tres horas después se produjo otro temblor (de 6.5), cuyo epicentro fue Big Bear Lake, 30 kilómetros al oeste de Joshua Tree. En los días siguientes se presentaron en la zona numerosos movimientos telúricos de menor intensidad.
La Agencia de Investigación Geológica de los Estados Unidos señaló que por su magnitud, este ha sido el tercer terremoto más fuerte ocurrido en los Estados Unidos en este siglo. El primero, de 8.6 grados en la escala de Richter destruyó a San Francisco el 18 de abril de 1896, causando la muerte a más de 500 personas. El segundo, de 7.7, se produjo el 20 de julio de 1952 cerca de Los Angeles, con un salda de 12 muertos. En comparación, este ultimo fue tres veces más poderoso que el ocurrido el 17 de octubre de 1989 en San Francisco, que cobró 70 víctimas y provocó pérdidas por miles de millones de dólares.
En opinión de los sismólogos, si esta vez el epicentro hubiera estado en Los Angeles las consecuencias en vidas humanas habrían sido catastróficas. El temblor botó literalmentea la gente de sus camas. Algunos edificios y calles se agrietaron y las piscinas se vaciaron por el remezón, pero no hubo pérdidas humanas. Los mayores daños se concentraron en una zona desértica y en pequeñas localidades escasamente pobladas, donde el movimiento telúrico derrumbó edificaciones y redes de energía, abrió grietas de hasta tres metros en el pavimento de las carreteras y ocasionó heridas acerca de dos centenares de personas. En Yucca Valley, a unos 30 kilómetros del epicentro, se produjo la muerte de un niño, a causa del derrumbe de una chimenea. Gracias a que desde hace dos décadas en California se han tomado medidas para que las edificaciones resistan los embates de la naturaleza, y a que se presentó en una zona despoblada, no hubo más víctimas, Pero los habitantes del sur de California saben que algun día será. California se encuentra en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se registran el 80 por ciento de los temblores del planeta, (Al año, 30 mil movimientos telúricos de mayor o menor intensidad). Este es el punto de encuentro de dos grandes placas de la corteza terrestre, la del Pacífico y la Norteamericana, que viven en constante roce. El punto de choque es la tristemente célebre falla de San Andrés na grieta de 40 kilómetros de profundidad y mil de longitud que atraviesa prácticamente todo el Estado. Pero el último terremoto también ha dejado al descubierto la existencia de una nueva falla que podría rivalizar con la de San Andrés. Según explicó el sismólogo Kerry Sich, del Instituto de Tecnología de California, ésta completa los lados de un triángulo que tiene como base la falla de San Andrés, con una extensión de 64 kilómetros (ver mapa). "Esto nos hace suponer que en los próximos 10 años tendremos temblores más fuertes".
Pero esa no es la unica falla descubierta recientemente en el resquebrajado subsuelo de California. El primero de octubre de 1987 un temblor de 5.9 en la escala de Richter sacudió la ciudad de Los Angeles. Aunque no causó víctimas sí provocó darios por millones de dólares. Pero su consecuencia más nefasta fue que puso al descubierto la existencia de una falla que atraviesa de lado a lado la ciudad. Inicialmente se pensó que el temblor había sido producido por la falla Whittier, que es la más cercana, pero cuando los sismólogos del Instituto Geológico de Pasadena analizaron los datos, se dieron cuenta de que en realidad había tenido origen a 15 kilómetros de profundidad, en una hasta entonces desconocida falla que va paralela a la de Whittier.
Aunque al lado de la de San Andrés sus dimensiones son insignificantes, su descubridor, el geólogo Thom Davis, estima que, por encontrarse debajo de una zona tan densamente poblada, esta pequena falla puede ser tan devastadora como la temida falla de San Andrés. "Lo peor que puede sucederle a Los Angeles no es un terremoto de 8.0 en la falla de San Andrés. Cualquier movimiento telúrico por encima de 6.3 que tenga como epicentro la falla Davis, podría ser mucho más devastador. Mi falla puede generar un terremoto de 7.5 a 8.0 en la escala de Richter. Imagine eso en el centro de una de las ciudades más populosas del mundo", señala Davis.
Estas características han hecho de California una de las zonas más vulnerables del planeta. Desde hace un tiempo se ha sostenido que hay un 60 por ciento de probabilidades de que un sismo de la intensidad del de principios de siglo en San Francisco se produzca antes del año 2000. Según esos pesimistas pronósticos, un terremoto hará desaparecer la ciudad bajo las aguas del Pacífico.
Cierto o no, el último terremoto ha contribuido a confirmar a los expertos que en las placas donde se asienta el subsuelo californiano se está produciendo un movimiento hacia el norte, que podría llegar a separar la zona situada al oeste de la falla de San Andrés del resto del continente, convirtiéndola, en el mejor de los casos, en una isla. Ese será el "Big One", un fantasma que los habitantes de California esperan desde hace 20 años y que cada vez parece más ser inevitable.

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