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| 12/23/2006 12:00:00 AM

Rápido y furioso

La mayoría de accidentes de tránsito son causados por errores humanos. Algunas compañías trabajan para que los conductores manejen mejor y aprendan a evitarlos.

Rápido y furioso, Sección Vida Moderna, edición 1286, Dec 23 2006 Rápido y furioso
La racha de accidentes en las vías de Colombia este año empezó temprano. Un bus de la empresa Chachafruto, que llevaba exceso de velocidad y de pasajeros, cayó a un precipicio en la vía Medellín-Rionegro el sábado 16 de diciembre y dejó como saldo nueve muertos y 50 heridos. En este caso, y como sucede en la mayoría de veces, el accidente se debió a factores humanos. El cupo permitido para el vehículo era de 36 personas, pero llevaba 60. Tres días después, un bus intermunicipal que iba de Zipaquirá a Pacho se accidentó y les causó la muerte a cinco personas.

Pese a las campañas preventivas, las cifras de accidentalidad son altas. Según el Fondo de Prevención Vial, anualmente se producen más de 210.000 accidentes y éstos dejan alrededor de 5.500 víctimas, el doble de las que se producen por el conflicto armado. De cada 10 estrellones, ocho son causados por conductores, uno por peatones y otro por ciclistas. Esto significa que el 80 por ciento de las causas se debe a errores humanos. Las fallas mecánicas, los problemas de la vías y otros factores medioambientales representan apenas el 20 por ciento.

El principal problema es que la gente no sabe manejar. "La mayoría aprende con el papá, el vecino, el hermano y no pasa por una academia especializada", dice Camilo Cano, de Colseguros, empresa experta en proteger a los usuarios de estos riesgos. La gente no sabe por qué pintan unas rayas blancas en los cruces de las ciudades ni qué significan las líneas amarillas continuas o separadas en carretera. El otro gran factor es la distracción del conductor. Se ha constatado que el uso del celular es el causante de 53 por ciento de los choques. Y si la gente cree que por usar la tecnología bluetooth o un manos libres va a estar a salvo, se equivoca. Aunque tenga las dos manos al volante, el cerebro está concentrado en otros asuntos y no puede reaccionar ante lo que se le presente. Un factor sorprendente de riesgo es la presencia de mujeres bonitas en la vía pública (ver recuadro).

Un reciente estudio hecho por Colseguros entre los bogotanos encontró además graves problemas en sus habilidades y aptitudes para conducir: 32 por ciento de los encuestados no pasaron la prueba de visión a profundidad, necesaria para adelantar de manera segura los carros en carretera; el 23 por ciento reprobó las de audición, lo que indica que tienen una leve disminución de la capacidad de escucha. En cuanto a la capacidad de reacción, el estudio encontró que el 44 por ciento demora mucho en reaccionar a un estímulo inesperado. El 47 por ciento no aprobó las pruebas de coordinación manual y bimanual, lo cual significa que el riesgo de accidentalidad se representa ya sea por una baja experiencia en la conducción del vehículo o por disminución de las habilidades debido a la edad.

La aseguradora creó un programa de prevención vial que trajera beneficio tanto a los empresarios de buses y propietarios de vehículos como a ellos mismos, basados en la premisa de que la seguridad es una inversión, más que un gasto. Primero se hizo con los de carga pesada y transporte, un gremio informal que aún necesita de profesionalización. El ejemplo más asombroso es el de Rápido Ochoa, una empresa a la que nadie quería asegurar por tener altos índices de choques. Pero dos años después de poner en práctica el programa, pasaron de 125 estrelladas a cero, y ningún muerto. En Rápido Ochoa se evaluaron los conductores para ver quiénes eran aptos para el trabajo y quiénes no. Para ello se les realizan exámenes sicológicos, técnicos y de conducción. "El perfil del conductor es muy importante. No puede ser de personalidad agresiva o violenta porque eso puede influir su forma de comportarse en carretera", dijo Luz Inés Ochoa, propietaria de la compañía.

En los cursos de capacitación los choferes aprenden sobre primeros auxilios, expresión corporal, servicio al cliente, manejo defensivo y sobre cosas como alimentación y conocimiento internacional, que no parecerían importantes para un chofer de bus, pero que son clave. "Ahí aprenden que no pueden comer cualquier cosa antes de conducir. Si uno se come una bandeja paisa, cómo no le va a dar sueño. También tienen que estar preparados por si se les sube un extranjero. Qué tal que se le suba un alemán y no sepan ni dónde queda Alemania", agrega la empresaria. También se les hace énfasis en la velocidad, que es el mayor factor de accidentalidad. "Si uno va a una velocidad normal, tiene capacidad de reaccionar, pero si va rápido, no", comenta Ochoa.

Muchas empresas trabajan con gente joven y sin experiencia que no tienen problemas en llevar sobrecupo o apostar carreras con sus compañeros. A esto se le suma que muchas trabajan desde la informalidad, y las autoridades no tienen mecanismos para imponerles controles. Para ahorrar gastos, no rotan a sus chóferes, quienes manejan más de ocho horas diarias seguidas, cuando lo ideal es que descansen cada dos.

El resultado ha sido tan positivo, que Colseguros hace hoy algo similar con los particulares. Cada nuevo cliente debe asistir a una charla de dos horas en la que toma conciencia no sólo de sus errores, sino de la importancia de respetar la vida propia y las de los demás. El curso no es obligatorio, pero sí es requisito para obtener un descuento en la póliza. "Algunos llegan furiosos; otros, aburridos, pero al final todos sienten que fue muy provechoso", dice Cano.

Pero todavía falta mucho por hacer. En la práctica, dicen los expertos, un accidente sucede por una sumatoria de factores. "La persona estaba cansada y borracha, la vía tenía huecos y los frenos estaban largos", dice Francisco José Fernández, director del Fondo de Prevención Vial. Por eso atacar una de las fallas, los conductores y los peatones, es apenas el comienzo. El gobierno y los pasajeros también deben involucrarse. El primero, en infraestructura y control, y los viajeros, en fiscalizar el servicio y exigir, más que rapidez, seguridad.

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