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| 4/20/2019 10:00:00 PM

Así es Stratolaunch, el avión que lanzará cohetes al espacio

Esta semana, uno de los aviones más grandes del mundo voló por primera vez. Tiene una longitud similar a la de un campo de fútbol americano y tendrá el propósito de revolucionar el envío de satélites fuera de la Tierra.

Stratolaunch: el avión más grande del mundo voló por primera vez El avión despegó desde un hangar en el desierto de Mojave, California, y remontó los cielos durante dos horas y media. Foto: Stratolaunch

Durante al menos siete años, el magnate Paul Allen, cofundador de Microsoft junto con Bill Gates, soñó construir una de las aeronaves más grandes del mundo. Pero no anhelaba transportar humanos, sino cohetes y satélites que llegaran más pronto al espacio. Aunque no vivió para contarlo (falleció el año pasado de un linfoma no Hodgkin), esta semana su proyecto echó a volar definitivamente.

Puede cargar hasta 500.000 libras y mantenerse en vuelo durante diez.

En la madrugada del 13 de abril, la nave que bautizó ‘Stratolaunch’ realizó su primer vuelo con éxito. El avión despegó desde un hangar en el desierto de Mojave, California, y remontó los cielos durante dos horas y media. Según informó la compañía, alcanzó una velocidad máxima de 304 kilómetros por hora y una altitud de hasta 5.181 metros.

“Fue un momento muy emotivo ver a este majestuoso pájaro despegar; ver el sueño de Paul Allen cobrar vida frente a mis ojos”, declaró Jean Floyd, director general de Stratolaunch Systems Corp, en una rueda de prensa. “A medida que el avión se elevaba, le susurré un ‘gracias’ a Paul por permitirme formar parte de este logro”, agregó.

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El sueño de construir la máquina comenzó en 2011, cuando Allen decidió sumarse a la moda de los magnates de invertir en desarrollos espaciales. Pero el cofundador de Microsoft fue menos ambicioso que Elon Musk o Jeff Bezos, que con sus proyectos SpaceX y Blue Origin quieren enviar naves fuera del planeta. Allen anhelaba cambiar la manera en que los humanos envían satélites al espacio. Creía posible reducir los costos, el tiempo y las dificultades al diseñar un avión capaz de soportar y propulsar en el aire estos aparatos tecnológicos. Algo que ninguna compañía se había planteado antes.

Ya hay otras empresas interesadas en ofrecer el mismo servicio a precios relativamente bajos

Desde entonces, Allen puso toda su fortuna y atención en ello. Tanto, que muchos empezaron a llamar ‘Roc’ a la aeronave. Es decir, el mismo nombre que lleva el ave de las aventuras de Simbad el Marino en los cuentos de Las mil y una noches. Roc en el relato es un águila gigante, con una fuerza extrema, que juega un papel clave a la hora de transportar al héroe fuera de una isla en la que está atrapado. Además, en la mitología persa esa ave puede levantar un elefante con sus garras.

Y el propósito de Paul era precisamente ese: lograr que un avión sujetara con sus garras de metal un cohete capaz de poner objetos en órbita. Así, igual que los catamarán, el Stratolaunch usa la lógica de unir estas dos partes en una misma estructura para hacer la nave mucho más estable, segura y eficiente.“Tecnológicamente es un gran avance, pues aunque pueda parecer bestial o peligroso, la envergadura busca sustentar la carga”, explica a SEMANA Alberto Maya, ingeniero y experto en aviación.

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Así las cosas, el ‘Roc’ puede cargar hasta 500.000 libras y mantenerse en vuelo durante diez. Pero aunque tiene suficiente espacio, solo están permitidos a bordo dos pilotos y un ingeniero de vuelo. Cuando Allen murió de forma inesperada a finales de 2018, el futuro del Stratolaunch quedó en vilo. En un principio, las nuevas directivas de la compañía limitaron los gastos para terminar el avión. Muchos especularon si el sueño del magnate vería la luz; sin embargo, la reciente prueba dejó claro que sus sucesores no desisten.

Según Maya, un sistema de lanzamiento aéreo como este elimina muchas de las barreras para enviar cohetes al espacio. Uno de ellos es el límite en los lugares de lanzamiento. “Hasta ahora se hace en una plataforma en un sitio determinado, pero si toda sale bien, este avance significaría que podrían lanzarse desde cualquier pista adaptada con las condiciones”, dice. Lo mismo sucedería con los obstáculos del clima y el tráfico aéreo. Gracias a que el avión lanzaría el cohete muy por encima de las nubes, la operación no tendría el limitante del estado de las lluvias o las tormentas eléctricas, como hoy sucede.

Habrá que ver, entonces, si el Stratolaunch logra superar sus pruebas finales.

Los costos también jugarían un punto a favor: no tener que construir enormes plataformas de lanzamiento reduciría significativamente la inversión de compañías espaciales como la Nasa o SpaceX. De hecho, asimismo favorecería a pequeñas empresas que busquen posicionar sus satélites de comunicación o exploración espacial en la órbita terrestre baja, pues el modelo de negocio de Stratolaunch busca que los satélites lleguen al espacio “tan fácil como reservar un vuelo de una aerolínea”, dicen.

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Algo original, asegura Amaya, es el hecho de poder recuperar componentes del lanzamiento como piezas de un cohete o propulsores. “Es una tarea complicada hacer que un pedazo de cohete o un propulsor vuelva a caer al agua y no se dañe. Si lo logran sería una gran noticia”, dice.

Pero la compañía de Allen no la tendrá del todo fácil, ya hay otras empresas interesadas en ofrecer el mismo servicio a precios relativamente bajos. Una de ellas es Virgin Orbit y su servicio LauncherOne del magnate Richard Branson. Según han anunciado, lanzarán el primer cohete que transporta satélites a la órbita a mediados de año. Su ventaja sobre Stratolaunch es que usarán aviones convencionales Boeing 747-400 modificados y ya probados.

Habrá que ver, entonces, si el Stratolaunch logra superar sus pruebas finales, que incluyen tanto las técnicas como las de sustentabilidad económica. O si, por el contrario, acabará en un museo como tantos aviones de los visionarios. Entre ellos, el Concorde, la máquina aérea más rápida de la historia, o el Spruce Goose, el hidroavión más grande que el mundo ha visto. 

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