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| 10/28/2006 12:00:00 AM

A tomar medidas

Un estudio revela que la ropa de la industria de confecciones no refleja las curvas de las mujeres.

A tomar medidas Cincuenta por ciento de las mujeres se abstienen de comprar porque no caben en las tallas
Cuando van de compras y no encuentran tallas que se ajustan a sus medidas, muchas mujeres se sienten frustradas. Creen que existe una gran brecha entre el tamaño de la ropa que se vende en las tiendas y sus cuerpos. Un estudio reciente por primera vez confirma esta sospecha. Pese a que la industria produce artículos para mujeres con cuerpo de Barbie, soportados con las medidas clásicas 90-60-90, la realidad es que la figura de la mayoría es más parecida a la de una pera. Luego le siguen el triángulo invertido y la tabla: nada por delante, ni por detrás y muy pocas curvas. Sólo el 8,4 por ciento conserva la escultural figura de reloj de arena. Sin embargo, todos los diseñadores tienen a esta población como su público objetivo.

Esta fue la conclusión de un estudio realizado durante dos años por Cynthia Istook, una profesora de la Universidad de Carolina del Norte, quien utilizó un escáner que permite tomar las medidas tridimensionales del cuerpo de una mujer en forma precisa. El trabajo es uno de tantos que busca que los diseñadores de ropa ofrezcan prendas más acordes con el cuerpo de las consumidoras.

Por su parte, Lenda Jo Connell, profesora de la Universidad de Auburg, Alabama, ha constatado que ellas están inconformes con su cuerpo y "cuando la ropa no les queda, se culpan a sí mismas y no a los confeccionistas", dijo a SEMANA.

En Estados Unidos, así como en otros países, desde 1940, el gobierno establece las tallas de la ropa. Pero de acuerdo con investigadores, el sistema ha sido un fracaso, pues hoy la mayoría de compañías de ropa femenina no las tiene en cuenta y sigue sus propios patrones de tallas. Una de las razones es que las compañías no siempre se dirigen a un amplio espectro de consumidores, sino que se especializan en cierto tipo de mujeres.

La tendencia en los últimos años ha sido bajar las tallas para estar a tono con la necesidad sicológica de ellas por sentirse más delgadas. La diseñadora NicoleMiller ha llegado al extremo de introducir tallas subcero. La talla 10 de antaño hoy equivale a un ocho, y así sucesivamente, con lo cual las clientas creen que están en una talla más aceptable por la sociedad. A esto se le conoce como la vanidad de las medidas. "Es tal el problema, que las industrias han establecido la talla cero para que las mujeres se sientan más a gusto", dijo Connell a SEMANA. También confirma que los diseñadores hacen prendas pequeñas porque no quieren que las más gordas las luzcan y saboteen las marcas.

Colombia no escapa a esta tendencia. La mujer colombiana, con tendencia a ser caderona, con mayor dificultad encuentra ropa 'lista para llevar' en los almacenes, debido a que las marcas se especializan en cuerpos delgados que no corresponden a la realidad del país. Según Clara Echeverri, de Inexmoda, a falta de información local, en Colombia se han adoptado las tallas extranjeras. "Un censo para conocer las verdaderas tallas de las colombianas sería muy costoso", afirma Echeverri.

En Argentina se tomaron medidas para resolver el tema con la ley de tallas, la cual establece que las prendas femeninas deben estar marcadas con números que van del 38 al 48 y no con las letras S, M, L y XL (small, medium, large y extralarge, en inglés). Con esto se busca que los diseñadores se ciñan a unas medidas para cada talla.

Según Connell, la idea es que en un futuro no muy lejano los escáneres den una medida digital que luego se traduzca en patrones o moldes que sirvan a los fabricantes para hacer ropa más ajustada a cada persona. Ya existen compañías que utilizan este sofisticado sistema, como Brook Brothers, y hay escáneres en almacenes como Gap, Levi's y American Eagle Outfitters.

El tema es muy importante no sólo para la sociedad, sino para la economía. "Cincuenta por ciento de las mujeres se abstienen de comprar porque no caben en esas tallas. Si les quedaran bien, las ventas mejorarían", dijo a SEMANA Connell. El debate es interesante. Y ya se está dando el primer paso: reconocer que las mujeres tienen curvas.

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